Nos ha parecido conveniente traducir
este prólogo del Evangelio de s. Juan organizándolo en forma
de himno. Para ello debimos derivar algunos versículos como notas al
pié, como párrafos explicativos.
El lector podrá notar que los versículos
del que podríamos llamar "Himno al Verbo", son breves, apareados
de a dos o tres o varios. Son también concisos y expresan cada uno
una idea particular, como si cada versículo pudiera subsistir por sí
sólo. Es realmente una forma admirable de expresar tan elevados conceptos,
al mismo tiempo simple y profunda, dejando a nuestro espíritu flotar
en la percepción del Verbo, que es todo el principio ordenador del
universo por sobre el caos, en todos los sentidos y niveles de manifestación.
En cambio los versículos que hemos propuesto
como notas al pié tienen connotación histórica, explican
que de este Verbo del que se está hablando ocurrieron tales y tales
cosas.
Mientras el Himno se mantiene fuera del tiempo y
del espacio, en la eterna presencia, las notas refieren la individualización
del Verbo en tiempo y lugar determinado.
Dejamos el término LOGOS como está
en el original y que ordinariamente se traduce por Verbo, Palabra, Razón.
Este Verbo es el mismo que pronunció Elohim al comienzo del Génesis,
es la Inteligencia que sale de sí y pronuncia las cosas que deben existir,
que deben salir a la manifestación desde lo inmanifestado. La inteligencia
es la que transforma el caos en orden, solo la razón puede determinar
las direcciones del espacio, la extensión, el momento, el principio
y el fin. Si por un absurdo la razón pudiera desaparecer, si por un
absurdo pudiéramos imaginar un mundo que no fuera pensado por nadie,
que ninguna inteligencia hubiera que pensara el mundo, el mundo inmediatamente
desaparecería y volvería al caos de la confusión original.
Nada existe de no haber una inteligencia que lo piense.
PROLOGO
DEL EVANGELIO DE JUAN.
1 En
el principio era el Logos,
y
el Logos era junto a Dios,
y
el Logos era divino:
2 desde
el principio era junto a Dios.
3 Todas
las cosas por él fueron hechas,
y
sin él nada fue hecho.
4 Lo
que fue hecho era vida en El,
y
la vida era la Luz de los hombres.
5 Y
la Luz en las tinieblas luce,
y
las tinieblas no lo aceptaron (1).
9
Era la Luz verdadera,
que
ilumina a todo hombre,
que
viene al mundo.
10 Estaba
en el mundo,
y
el mundo fue hecho por él,
pero
el mundo no lo conoció.
11
Vino a los que le pertenecian
pero
no lo recibieron.
12 Pero
a cuantos lo recibieron,
les
dio poder de llegar a ser hijos de Dios,
a
los que creen en su nombre,
13
los que no de sangre,
ni
del querer de carne, ni del querer de varón,
sino
de Dios nacieron.
14 Y
el Logos se hizo carne
y
habitó entre nosotros,
y
vimos su gloria.
Gloria
como de un unigénito de Dios
lleno
de gracia y de verdad. (2)
16
Porque de su plenitud todos recibimos,
y
gracia sobre gracia . (3)
18
Nadie vio nunca jamás a Dios:
pero
el Dios Unigénito,
el
que está en el seno del Padre,
ése
nos lo hizo saber.
(1)
6 Hubo un hombre enviado de dios, llamado Juan: vino para dar testimonio,
7 para testimoniar de la luz, para que todos creyeran por él.
8 No que él fuera la luz, sino para que diera testimonio de la luz.
(2)
15 Juan dio testimonio de él y clamó diciendo: Este es
aquel que os dije, que vendría después de mí, nacido
antes que yo, pues ya era antes.
(3)
17 Por que la ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron
por Jesús Cristo.