Resumen
En su descenso al séptimo círculo, los viajeros se topan con el sepulcro
que guarda a Anastasio Papa. Virgilio describe la estructura del Infierno
de aquí en más. También despeja algunas dudas de Dante sobre las categorías
de los vicios, y porqué la usura es una ofensa al mismo Dios.
XI,
1-9. Los muros y caminos de la ciudad de Dite están descalabrados y ruinosos.
Sólo los muros externos son poderosos y de acero, inflamados por el fuego
interior.
Anastasio II fue pontífice del 496 al 498. Es puesto entre los heréticos
de acuerdo a lo reseñado en el Liber Pontificalis de Grazini, el cual
informa que Anastasio tuvo tratos, en oposición a los clérigos de su época,
con un diácono de tesalónica llamado Fotino quien, juntamente con el obispo
Acacio, sostenía que en Cristo había una sola naturaleza, la humana.
XI,
10-15. Detenidos por el hedor que sube del séptimo círculo y para acostumbrar
el sentido a él, Dante solicita de Virgilio que ocupe el tiempo en algo
útil. Virgilio entonces comienza a describir los círculos hasta el centro
del Infierno.
XI,
17-27 . Los "tres menores círculos" son el séptimo y el octavo círculo
y el pozo del Cocito que algunos consideran como el noveno círculo.
Estamos
en los círculos de la maldad, que corresponde al acto humano cuyo objeto
es afectar a otro ser humano, con daño físico en la persona o en sus cosas,
o con el fraude que objetiva también un daño físico o moral. Dante dice
que el fin de la malicia es la injuria o sea el ultraje de obra o de palabra,
y al mismo tiempo in-juria, es decir, acto en contra del derecho. En el
Banquete, IV,1 dice Dante, al ocuparse del amor a la verdad y del odio
a la falsedad:
"...que
todas las cosas son por si mismas dignas de ser amadas y ninguna odiada
a no ser por la presencia de la maldad, por tanto es honesto y razonable
decir que no son las cosas sino la maldad lo que debe ser odiado y procurado
alejarse de ella."
XI,
28-51 En estos tercetos se describe el séptimo círculo, que Virgilio llama
el "primer círculo" a partir del sexto del que venían.
. Primer recinto del séptimo círculo de los violentos contra el prójimo.
Canto XII
. Segundo recinto del séptimo círculo, de los violentos contra su propia
persona y sus bienes. El que disipa sus bienes en el juego llora su miseria
cuando hubiera podido ser feliz con su riqueza. Canto XIII
. Tercer recinto del séptimo círculo, los violentos contra Dios y contra
la naturaleza. Dante agrega "y su bondad" que de acuerdo al versículo
96 debe referirse a la "divina bondad", y no a la bondad de la naturaleza.
Este recinto está dividido en tres zonas:
. La primera zona es de los blasfemos o violentos contra Dios, Canto XIV.
. La segunda zona alberga a los sodomitas o violentos contra la naturaleza,
en referencia a la ciudad de Sodoma referida en el Génesis, xviii-xix,
cuyos habitantes quería abusar de los acompañantes de Abraham. Canto XV
y XVI
. La tercera zona alberga a los usureros, considerando que, como dirá
más abajo, son violentos contra los recursos naturales y por tanto contra
el Creador. Canto XVII
XI,
52-60
Descripción del octavo círculo, que Dante llama "el segundo", contando
a partir del sexto círculo.
El engaño y el fraude hiere más dolorosamente a la conciencia porque abusa
de la confianza: Dante divide en dos modos el defraudar: el primero contra
el que confía, el segundo contra el que, aunque no abriga confianza, no
está prevenido por una desconfianza. Dante pasa a referirse al segundo
modo, del que dice que destruye el vínculo del natural amor, solidaridad
y respeto.
Está inserta en nuestra naturaleza la espontánea confianza, solidaridad
y amistad con el prójimo, ya que pertenecemos a un humanidad donde reina
un natural amor, a una sociedad donde se comparte el trabajo y los juegos
cotidianos, y a una religión de respetados administradores. El fraudulento
se aprovecha de esta como natural inocencia para obtener toda clase de
usurpaciones que Dante enumera. A todo este tema se refiere el octavo
círculo que se subdivide en diez recintos: Cantos XVIII al XXX.
XI,
61-66 En el primer modo, en cambio, se contraría a la confianza del amor
que se forma en la familia, y el otro "que después se agrega" a
través de la larga amistad, del trabajo y la vida política compartida,
de los beneficios recibidos, de la cercanía, de todo lo que forma la verdadera
amistad, por donde el defraudador de este confiado amor recibe un solo
nombre, el de traidor. Para el cual Dante reserva el pozo Cocito, el centro
helado del universo, la residencia de Dite. Cantos XXXI-XXXIV
NOTA:
Podrá advertirse que Dante usa la palabra círculo, valle, fosa, recinto,
etc., no siempre específicamente, para nombrar las diferentes grados y
subgrados infernales, lo que obliga a efectuar una observación detenida
para establecer la estructura del lugar.
Sabemos que comúnmente se considera al valle del Cocito como un noveno
círculo, y hay quienes también consideran al vestíbulo, que precede al
cruce del Aqueronte, como un círculo. Nosotros preferimos asignar ocho
círculos al Infierno y considerar al Cocito como una entidad aparte y
remate total: es un lugar helado e inerte que, como veremos, mucho difiere
del resto. Ello nos lleva al siguiente orden numérico de las partes: 8
del infierno, 7 del Purgatorio y 9 del Paraíso, lo que, además de producir
una suma de 24 que representa el círculo y lo completo, añade que
el 8 es número de la justicia, el 7 de la superación y el 9 de la perfección,
como en sana y atenta numerología se podría averiguar, observación de
la que no creemos que Dante se consideraría completamente ajeno.
XI,
67-90 Dante se asombra de que los iracundos del círculo quinto (Canto
VIII) no estén junto a estos violentos del séptimo círculo. Nótese que
los condenados del bajo infierno son tenidos "en ira" por Dios y no los
del alto infierno. Recordemos también que Virgilio le ha dicho a Dante
que a la ciudad de Dite "ya no podremos entrar sin ira". (Canto IX, 33).
En cierta forma la pregunta de Dante es infantil para Virgilio, es de
un tema demasiado sencillo. La respuesta de Virgilio refiere al Libro
II, Capítulo 1º de la Ética a Nicómaco de Aristóteles, bien que la forma
como Dante maneja estos conceptos no es exactamente la del filósofo. Atengámonos
a Dante.
. Los condenados del Alto infierno se han perdido por "incontinentes",
es decir por su entrega sin resistencia al fervor de las pasiones, no
por una auténtica maldad interior, lo cual los excluye de la "ira".
. La
maldad por la cual se olvida la condición humana, se desprecia al semejante
y se lo utiliza en el propio beneficio, inunda el séptimo y octavo círculos.
La "bestialidad demente" o "matta bestialidade" pensamos está reservada
para los traidores.
Subyace a esta clasificación la idea de que la incontinencia es una debilidad
humana, ya que las bestias viven dentro de los límites de la necesidad
y el instinto, que no sobrepasan. El fraude es propio del hombre, para
estafar y defraudar no basta la astucia, se requiere ingenio. Pero la
traición a los parientes y a los amigos y benefactores, es bestial, es
decir, sólo las bestias atacan a los de su propia sangre, matan a sus
hijos y asesinan cuando están hambrientos.
XI, 91-111 La siguiente pregunta de Dante no merece reproche de Virgilio
sino recordación de principios generales.
El mundo se ha complicado en tiempos de Dante, el comercio y las industrias
son potentes y efectivos. El préstamo era hábito común.
En tiempos más antiguos de la Edad Media, se consideraba que el préstamo
de dineros o bienes era un acto de amistad entre los seres humanos, por
donde el interés era mal visto, y sólo se admitía uno muy bajo, de lo
contrario se lo consideraba usura.
En la época de Dante, debemos considerar usureros a lo que hoy llamamos
especuladores, a los que hacen dinero del dinero, sin emplearlo en nada
útil o productivo sea por sí o por terceros. Por eso Virgilio considera
la usura una ofensa contra le naturaleza productora de bienes y contra
el arte o industria humanos productores también del bienes, y forma justa
de armonizarse con la vida y "avanzar" en ella.
Como la naturaleza es obra de la inteligencia o arte divinos, y como el
arte del hombre es imitación de la naturaleza, (no en el sentido vulgar
de copiar la naturaleza, sino de obrar como la naturaleza obra, aprovechando
sus leyes y creando cosas nuevas), Virgilio concluye que el arte humano
es nieto del arte divino. Y de esa manera, no tan rebuscada como pudiera
parecer, el especulador y el usurero al apartarse del obrar de la naturaleza
y del arte humano, su secuaz, agreden directamente a la razón natural,
y "por carácter transitivo" al mismo autor de la naturaleza, y "ponen
la esperanza en otra parte".
Sobre
el tema hay una apropiada referencia a los primeros capítulos del Génesis
bíblico, donde la luz y todo lo creado era "bueno" y puesto a disposición
de Adán, bajo su control y en su beneficio. Naturaleza que el texto bíblico
no deja de llamar "jardín". Y en este jardín, ¿qué lugar cabe para el
usurero que ya ni siquiera sabe mirarlo?
XI,
112-115 Es hora de continuar sin pausa el viaje. Amanece un nuevo día,
y siendo primavera el Sol se halla en Aries, cuyo signo previo, Piscis,
está terminando de asomar sobre el horizonte. La constelación de la Osa
Mayor, el Carro, está declinando hacia el noroeste, que es de donde sopla
el viento mistral, que Dante llamaba Coro.