| Notas y comentarios a la Divina Comedia. Infierno Cantos XXI y XXII |
Resumen XXI. En el quinto recinto del octavo círculo penan los que estafan y defraudan, empegados en brea ardiente, bajo guardia de demonios vengadores. Un anciano fraudulento es arrojado a la brea y contenido allí. Nuestros viajeros deben enfrentar a los demonios y sufren el engaño de Malacoda. XXII. Guiados por diez demonios, los viajeros recorren el recinto. Presencian los intentos de Ciampolo Navarro que habla de sí y de fray Gomita y Miguel Zanche, estafadores sardos. Ciampolo se libera por astucia del ataque de los demonios, los cuales disputan entre sí y caen en la brea. XXI,
1-21. Pasan los viajeros del cuarto al quinto recinto, conversando temas
que no se exponen en esta comedia, y llegan al recinto negro de negra
brea. XXI, 22-36. Absorto en su contemplación, Dante no atina a apartarse del camino de un demonio, y es necesaria la intervención de Virgilio que protegiéndolo lo quita del camino. XXI,
37-45. Malebranche son los demonios que armados de garfios custodian el
recinto para que los condenados no se salgan de la brea. Santa Zita, nacida
en Monsagrato en 1218 y muerta en Luca en 1272, fue canonizada por Inocencio
XII en 1696, bien que desde su muerte fue considera una santa por los
luqueses. De este pasaje dice un fraile comentarista, Guido de Pisa: Santa
Zita fue una buena mujer de la ciudad de Luca, cuyos habitantes veneraban
como santa. Su cuerpo, incorrupto, se conserva íntegro en dicha ciudad,
bien que aún no haya sido canonizada. En burla de los luqueses, que sin
aprobación de la santa romana Iglesia veneran a dicha mujer como santa,
habla el espíritu de las tinieblas diciendo: He aquí uno de los ancianos
de Santa Zita. Por anciano debe entenderse magistrado, que de tan
corruptos que eran, en las votaciones de leyes y juicios, por dinero cambiaban
un no por un sí: ita, en latín así, conforme, que era la
forma de votar afirmativamente. Los falsificadores de escrituras obraban
de la siguiente forma: sobre el primer trazo de la n del no ponían
un punto, prologaban hacia arriba el segundo trazo haciendo una t, y añadiendo
una curva a la o quedaba el no convertido en ita. XXI,
46-57. Los demonios acucian al magistrado quien, luego de haberse hundido
en la brea, intenta sobresalir curvándose sea por el ardor que sufre,
sea para evitar mejor el calor, postura que simula un acto de adoración,
lo cual sirve al demonio para referirse a la adoración del Santo Rostro.
XXI,
58-96. El progresivo descalabro del Infierno de Dante se expande aquí
en la insolencia y la peligrosidad de los demonios. No sólo lo condenados
han sido y son desalmados, los mismos demonios trasuntan violencia, perversidad
y malicia. El ambiente es resueltamente catastrófico y amenazador, es
un mundo en degeneración creciente. XXI, 97-105 Los demonios se burlan de Dante y, usando una forma gentil, dice uno de ellos: ¿quieres que lo toque? El otro habla de las espaldas del poeta como si se tratara de un animal: sobre el lomo. Sacarniglione suena como decir el que descompagina las cosas, el que las arruina. Otros interpretan el que arranca los cabellos. XXI,
106-126 Con astucia, comienza Malacoda confundiendo al poeta: dice dos
verdades, que el sexto círculo está destruido, y que tal ruina ocurrió
1266 años atrás, ayer (porque se supone que está hablando el Sábado Santo),
cinco horas más tarde que al presente, es decir el viernes santo, en el
terremoto que sacudió la tierra cuando la muerte de Cristo. Pero lo engaña
cuando dice que los poetas podrán pasar por una roca que está intacta,
cuando en realidad todos los puentes han sido destruidos XXI,
126-139 Con justicia y temor Dante se espanta de la feroz compañía en
la que se hallan, y Virgilio lo tranquiliza haciéndole ver que sólo braman
contra los condenados. El ambiente de estos cantos refleja el desdén dantesco por la deshonestidad política de esos tiempos, ya que él mismo había sufrido una acusación falsa de fraude que le valió la expulsión de Florencia bajo pena de hoguera si regresara. Dante es un ardiente y amante defensor de la república florentina y de los derechos de la parte popular ante la brutalidad y avidez de los poderosos. No puede menos que quedar asqueado de tanta vileza y codicia humanas. No pensamos en un resentimiento personal por algún partido o facción, porque en realidad, estuviera de lado que estuviese, Dante quedó desencantado de todos, inclusive de los que alguna vez lo sostuvieron, pero que llegada la conveniencia lo abandonaron. Nos parece también entrever, en estas ridículas situaciones, la sonrisa divertida de quien está más allá de la esperanza en los hombres, y de quien es capaz de admirar el fatal encadenamiento de las conductas y los sucesos, como parte del orden y la necesidad universal de las causas y los efectos, algo así como quien está ante una representación teatral, seria y comedida, de la estupidez y la maldad. XXII,
1-12. Insistiendo en la vulgaridad de los hechos, Dante los relaciona
con la actividad militar, naval y con los torneos de caballería. El mismo
participó, con la caballería florentina, de un asedio a Arezzo y ciertamente
en la batalla de Campaldino, y de las incursiones de saqueos y búsqueda
de enemigos. XXII, 19 Los marinos de entonces, cuando la navegación era azarosa, habían observado que la presencia de delfines solía indicarles la proximidad de una tempestad, y por tanto lo mejor era buscar refugio en algún puerto. XXII,
31-54 A partir de aquí asistiremos a las peripecias de los demonios y
el navarro. Dice un comentarista (Lapa) "Nació de dama gentil de Navarra:
él mismo dice, como narra el texto, que su padre era un mezquino destructor
de sí mismo y de sus cosas. Llegado a la adolescencia fue puesto por su
madre al servicio de un señor, en el cual oficio supo aprovecharse tanto
de llegar a ser familiar del rey de Navarra, que se llamaba Tebaldo, virtuosísima
persona y rey de bien. Y alcanzó tanto favor del nombrado Tebaldo, y logró
tal estado en su corte, que fue habilitado para dispensar beneficios y
gracias abundantemente, las cuales otorgaba, por dinero de modo ilícito
y deshonesto". De
fin Amor si vient sen et bonté (Del fino Amor viene el saber y la
bondad, De Vulg. I, ix, 3) XXII, 55-75 La ferocidad de los guardianes del recinto se ve acrecentada por la diversión que toman en los castigos. La escena dice muy bien de la conducta habitual de los brutales carceleros de todas los tiempos. Mientras Barbariccia retiene entre sus brazos al navarro, Dante por Virgilio pregunta por estafadores latinos. 74. El decurión en jefe es siempre Barbariccia. XXII,
76-117. En medio de la brutalidad creciente el navarro logra comentar
de algunos que están en este recinto. XXII,
118-151. El navarro aprovecha el momento justo. Todos los demonios se
sienten frustrados y culpables, pero el que más, Alichino, quien les había
dado seguridad de atraparlo, pero no le sirve de nada su velocidad de
vuelo. |