| Notas y comentarios a la Divina Comedia. Infierno Canto XXXIII |
Resumen
XXXIII, 1-21 Ugolino, conde de Donoratico, hijo de Guelfo de la Gherardesca. Nacido en la primera mitad del 1200, tuvo autoridad y posesiones en Pisa y Cerdeña. De sus numerosos hijos se recuerda aquí a Gaddo y Uguccione y a sus nietos Brigata y Anselmuccio. En 1274, junto con su yerno Juan Visconti, colaboró con la causa güelfa para apoderarse de la república de Pisa, pero no tuvo éxito. Fue considerado traidor, encarcelado y condenado al exilio. En 1284 se le confió la flota de Pisa contra Génova y sus aliados de Lucca y Florencia, pero habiendo sido derrotado, para evitar la perdición de Pisa, cedió a los lucanos tres castillos y uno a los florentinos. En 1288 varias familias gibelinas guiadas por el arzobispo Ruggieri obtuvieron la primacía. Al año siguiente los pisanos eligieron al capitán de guerra Guido de Montefeltro. ..."Y cuando llegó a Pisa en el mes de marzo, los pisanos, que habían encarcelado al conde Ugolino y a dos de sus hijos y a dos hijitos del conde Güelfo, su hijo, en una torre de la plaza de los Ancianos, hicieron clavar la puerta de dicha torre y arrojar las llaves al Arno, y prohibieron dar cualquier alimento a los prisioneros. Los cuales en pocos días murieron de hambre... Y sacados los cinco cadáveres de la torre, fueron enterrados vilmente. Y desde entonces la torre fue llamada del hambre, y así será siempre. Por esta crueldad, los pisanos, en todo el mundo donde se supo, fueron vilipendiados, no tanto por el conde, que por sus defectos y traiciones tal vez fuera digno de tal muerte, sino por los hijos y nietos que eran jovencitos inocentes" (Crónica de Villani). A notar que se dice que el conde tal vez fuera culpable. Dante lo condena como traidor a la causa gibelina y hace de él una breve referencia respecto de la entrega de los castillos. El verdadero traidor y criminal del relato es el arzobispo Ruggieri, y la feroz muerte se destaca como crimen y tema principal de este canto. Ruggieri de los Ubaldini, nieto del cardenal Octaviano, gibelino, archidiácono de la curia de Boloña, arzobispo de Ravena en 1271 y de Pisa en 1278. Aprovechó las discordias güelfas y el desacuerdo entre Ugolino y Nino Visconti, su nieto, para favorecer el advenimiento gibelino al poder. Dante condena al arzobispo sea por haber traicionado al conde, encarcelándolo vilmente luego de haberlo invitado a la ciudad para un acuerdo, sea por la horrenda muerte que le fue dispuesta. XXXIII, 22-42 Relato de los sueños y presentimientos del conde y de sus hijos. En el sueño, Ugolino ve al arzobispo, jefe de la acción, salir de caza acompañado de perras expertas y bravías guiadas por conocidas familias gibelinas. Él mismo y sus hijos se sueñan como las presas de la caza que finalmente, prefigurando la muerte, son laceradas por los canes. Hay un reproche al fin de este párrafo para Dante en el que Ugolino no ve sino curiosidad pero no conmoción. Pero se dirige también a los lectores preguntándose si son capaces de compartir su dolor. La escena cobra todo su valor no por el hecho de la muerte de Ugolino, sino por la de los niños no culpables en nada de los hechos. Dentro de lo brutal de las costumbres de la época, las mujeres y los niños eran muy respetados, y ejemplifica este aspecto el hecho que cuando alguno era exilado de su ciudad, como fue el caso de Dante, la mujer y los hijos pequeños no eran amenazados ni molestados, y podían permanecer en la ciudad con sus bienes. Esta actitud de las costumbres, el hecho que un guerrero supiera distinguir lo que era el enemigo, y el respeto por los débiles e incapacitados para defenderse, es lo que indigna a los contemporáneos y a Dante en la crueldad del arzobispo. XXXIII, 33-75 El relato destaca lo terrible de la situación que todos los encerrados en la torre conocen, sabiendo lo inevitable de la muerte. Ugolino mantiene como puede el control sobre sí mismo, pero sabe ya que no engaña a ninguno. Anselmito, el menor de todos, lo sorprende y lo deja mudo con su pregunta. Viendo el aspecto de sus hijos, Ugolino tiene un momento de debilidad ante el destino que los espera y se muerde la manos de rabia, sabiendo que, sin haberlo pensado, él es la causa de la muerte de los niños. El fin del párrafo incrementa el dramatismo de Ugolino, enceguecido por el ayuno buscando a tientas el cuerpo de sus hijos. XXXIII, 76-90 Conclusión e invectiva contra Pisa y los pisanos. Dante en su indignación expresa el deseo que dos isletas del mar Tirreno se movieran a entorpecer el curso del Arno y se inundara el país y murieran todos. 85 Nótese la forma dubitante con que Dante relata la posible traición de Ugolino: la fama, la voz popular, lo acusaba. 89 nueva Tebas. Es necesario recordar aquí todo el ciclo pre-homérico de la historia legendaria de Tebas, la guerra de los Siete contra Tebas, y la continuación en sus descendientes los Epígonos, y las brutales escenas que allí se narran, para comprender la comparación de Pisa con Tebas. Las leyendas dramatizadas de los orígenes del mundo helénico y los acontecimientos que afectaron a los diversos pueblos que allí moraron, son, como la Biblia, un detallado escenario donde se desenvuelven pasiones humanas, y donde hechos aparentemente pequeños, problemas de celos, cóleras, envidias y ambiciones personales, desencadenan el destino irremediable de pueblos enteros, y acompaña a los personajes como así mismo a su descendencia que hereda los hechos y queda encerrada en las consecuencias necesarias y fatales de los crímenes de sus ancestros. XXXIII, 91, 108. Continuando el viaje los poetas ingresan a la tercera zona del Cocito llamada Tolomea, sea por Tolomeo, rey de Egipto, que hizo matar a Pompeyo, sea por el gobernador de Jericó, Tolomeo, que mató al sacerdote Mardoqueo y sus hijos (I Macabeos, XVI, 11-16). En esta zona los prescitos están inmersos en el hielo pero con el rostro alzado, de modo que pueden menos protegerse del hielo que generan sus lágrimas y que se condensa y cuaja en sus ojos. De tal manera que es para ellos un alivio que alguien los libere de ese escudo de hielo que cubre y penetra sus ojos. 105 todo vapor extinto. Se suponía entonces que el viento era producido por los vapores que el Sol elevaba, lo cual, producto de la observación, no estaba muy lejos de la realidad, pues son el aire que, bajo las diferencias de presión ocasionadas por la temperatura, se mueve. XXXIII, 109-150 Encuentro con fray Alberigo. 111. Os han dado el último puesto, es decir, os han permitido llegar hasta este fondo final del Infierno. 115 El viajero Dante ya no siente compasión alguna por los habitantes del Cocito, por donde se vuelve exigente y condiciona el pedido de alivio a una respuesta. Se adelanta a conseguirla y se compromete bajo pena de él mismo aceptar que se lo encierre en el hielo. Alberigo de los Manfredi, güelfo, miembro del orden laico de los caballeros de María Virgen, llamados también los frati gaudenti o hermanos gozosos, muy activos en la política de Faenza. Habiendo sido ofendido por familiares suyos, él y un hijo suyo Alberghetto, a fin de tomar venganza, los invitó a almorzar un 2 de mayo de 1285 a su villa de Cesate, y al momento de servir la fruta, dio en alta voz una orden convenida con sus criad: "... Aparecieron los servidores y trozaron a todos estos invitados en pedazos... A un niño pequeñito de un primo suyo, que había ingresado escondido bajo su capa, no lo tocaron, por lo que fray Alberigo reprochó a estos sirvientes diciéndoles: 'Ese chiquito ¿porqué se salvó?, y le contestaron: 'Porque ingresó escondido bajo la capa'; por donde fray Alberigo reprochó a estos sirvientes diciendo: '¿No creeríais vosotros que yo tuviera más dineros para otra vuelta, no? (Anónimo florentino). Así asesinó Alberigo a sus parientes huéspedes y comensales suyos. Su nombre vino a ser proverbial para señalar "las matanzas y golpes dados a traición"- 120 El castigo que padece es mayor que el sufrido por sus parientes, y acordándose del crimen realizado en el servicio de las frutas, se compara con el dátil más fino que el higo, y posiblemente un refrán de la época. 124-132
El traicionero asesinato de los huéspedes, los cuales desde siempre gozaron
del privilegio del buen trato, es un delito tan grave que provoca la muerte
del alma, aun cuando el cuerpo siga vivo, antes de que su tiempo corporal
se termine. 135 Otra alma caída en la Tolomea y que se encuentra detrás de Alberigo. Branca Doria, yerno de Miguel Zanche (ver Inf. XXII, 88). Invitó a su suegro a un banquete y lo mató en 1275 o 1290. Según el v. 146 la acción tuvo el apoyo de un pariente. Murió en el 1325, cuatro años después que Dante, por lo que Dante sabía que estaba vivo, y de ahí sus duda de las palabras de Alberigo. 150 Dante falta a su palabra de aliviarlo de su pena: se trata de un pérfido traidor y fue cortesía ser villano con él. 151 Invectiva contra los genoveses, como antes contra los pisanos, a los que desea su dispersión por el mundo y su desaparición de Italia. A la ya conocida desagregación del ser humano simbolizada en la degradación del Infierno, a la destrucción y mutilación de los cuerpos de los previos cantos, sigue aquí un quebradura mayor, una suplantación del alma por un demonio, por lo cual ya no es un hombre el que está vivo después de cometer tal traición. |