| Notas y comentarios a la Divina Comedia. Paraíso CANTO II |
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Resumen. II, 1-9. Advertencia a los que van en piccioleta barca, barquito, lo que en sentido iniciático se refiere a los que sólo conocen menores misterios, o, en otras palabras, los que no han superado los escalones del Purgatorio ni bebido de las aguas del Eunoo, bien que estén llenos de buena voluntad e inocencia: en la lectura del Paraíso tal vez no lleguen a comprender lo que Dante quiso significar, y queden encerrados en la simple creencia religiosa o en la vana discusión teológica. Dante es siempre fiel a las palabras del Maestro: Sed simples como palomas y astutos como serpientes, que a su manera Dante traduce como virtuosos y sabios. Su actitud vital no es la del simple devoto creyente sino la del advertido amante del bien y de la verdad, que no esquiva el conocimiento de las miserias humanas. Rever la canción Oh peregrinos que pensativos vais, VN XL y Nota. Acerca del pan de los
ángeles, recordar que la comida de los ángeles es la visión
intelectual, por donde en este caso se refiere a quienes han logrado
desarrolar la actividad de su inteligencia. Ver Banquete I, 1 donde,
respecto de los que pueden y quieren dedicarse al estudio de la sabiduría,
dice: ¡Oh, felices aquellos pocos que se sientan a la mesa donde
se come el pan de los ángeles, y míseros aquellos que con las
ovejas comparten la comida! 7.
Sobre Minerva, nombre latino de la diosa Palas Atenea griega, diosa
de la sabiduría, ver Purg. XXX, 67 y Nota. Sobre las Musas, ver
Purg. I, 1 y Nota, y sobre Apolo ver canto precedente. La constelación de la Osa Menor, Ursa Minor, también llamada Pequeño Carro, es la que está más cerca del Polo Norte, y su estrella Alfa, llamada también Polaris o Estrella Polar, dista hoy sólo de un grado del Polo Norte verdadero. Es la estrella guía de los navegantes, que apunta al extremo del eje celeste: Así como el Sol es el símbolo de la vida y la virtud de los novicios, así el Eje y la Estrella Polar brillantes en la Noche lo son de los que han logrado superarsea sí mismos. En el Purgatorio reinaba un continuo esplendor y un viento renovador, aquí marchamos hacia el punto infinito que gobierna el universo en medio del fuego del amor, de la felicidad y de la belleza. La constelación de la Osa Mayor, Ursa Maior, conocida como el Gran Carro disto aprox. unos 40 grados del Polo Norte y a la latitud de Europa nunca se pone bajo el horizonte. Sus estrellas llamadas Dubhe y Merak trazan una recta que apunta a la Polaris. Ambos Carros pues orientan en la noche. Como símbolos de la aspiración a la libertad, es en la noche, cuando los sentidos y el fárrago de las tareas diurnas descansan, cuando la inteligencia se ha librado de mitos, y sus limpios ojos pueden ver, allí es cuando más brilla esta Estrella que señala el camino a la felicidad verdadera, y que es guía de la secreta Providencia. II, 10-18. En El Banquete I, luego de haber señalado las razones por las que la mayoría de los hombres no pueden o no quieren entregarse a la búsqueda de la verdad y del bien, agrega: Por consiguiente, a bien considerar manifiesto es que son pocos los que quedan para poder alcanzar la plenitud del ser a que todos aspiran, e innumerables los que están impedidos y permanentemente viven con hambre de este alimento. ¡Oh, felices aquellos pocos que se sientan a la mesa donde se come el pan de los ángeles, y miserables aquellos otros que con las ovejas comparten la comida! A notar los términos: alcanzar la plenitud del ser... que equivale a comer el pan de los ángeles, y los miserables que están con las ovejas que sólo miran la comida, y que además son ovejas sometidas a la decadente Roma. Notar también que lograr la virtud y el conocimiento es una tremenda expansión del alma, la nueva criatura, cuyo horizontes son el alta mar del ser y de la felicidad, pero con todo, que se mantengan cerca de la gloriosa nave dantesca, bien cerca de la popa, adentro de la estela antes que se disuelva y desaparezca. En otras palabras Dante marcará en sus cantos el rumbo, y separarse de él será no entender el Paraíso y correr de nuevo el peligro de perderse. Jasón, 'Iaswn, es hijo de Esón, rey de Yolco que perdió el reino en las ladronas manos de su hermano Pelias, el cual temiendo que Jasón, el verdadero heredero, le arrebatara el trono, prometió dárselo si la traía la piel dorada de carnero que había transportado a Frixo por los aires, tarea que juzgaba imposible y en la cual esperaba que muriera Jasón. Este salida a la conquista del toisón o vellocino de oro, que estaba en Cólquide o Colcos, es el tema de la extensa saga de la expedición de los Argonautas. Sintetizando el relato digamos que Jasón, luego de miles peripecias y astucias, regresa con el vellocino, y casado con la maga Medea. Para vengar la muerte de su padre, a quien Pelias había obligado a suicidarse y por causa de la usurpación del reino, Jasón ayudado por Medea asesina a Pelias, razón por la cual ambos son expulsados de Yolcos, y se establecen en Corinto. Luego de diez felices años la historia se turba porque Jasón se cansa de Medea y se une a Creusa. Medea se venga incendiando el palacia y matando a los hijos que había tenido con Jasón. Finalmete Jasón regresa a Yolco y luego de saquear la ciudad se apodera del reino que conservan él o su hijo Tésalo como reyes. 16. En una de las tantas escenas de la expedición a Colcos, Jasón ayudado por la magia de Medea, logra uncir dos toros monstruosos y de pezuñas de bronce, y actuando de boyero ara el campo donde deberá sembrar los dientes de un dragón. II, 19-31. La concreada, concepto en el que Dante siempre insiste y que es la razón de todo el viaje a través de los tres reinos: quiere decir que hay en el ser humano, nacida al mismo tiempo que fue creado, innata decimos hoy, una energía o pulsión que tiende fatalmente al bien y a la verdad. Todo ser humano, vicioso o virtuoso, noble o vil, busca la felicidad y la certeza, equívocas o verdaderas, por caminos falsos o ciertos, pero sin poder evitar que sean la razón de su vida, inclusive cuando pretende que no lo son. Esta sed innata del reino de los cielos es tan intensa que los arrastra a mayor velocidad que la que gira el cielo supremo. La nuez de la ballesta es el taco que sostiene la cuerda y que la suelta al momento del disparo. Con la rapidez con que se arma y dispara la ballesta, Dante se encuentra metido en un nuevo orbe, el de la Luna, que atrae su sorprendida mirada. Beatriz la llama primera estrella, pues en la época se llamaba estrella indistintamente a estrellas y planetas. II, 32-45. Dante describe hermosamente al mundo lunar, y llama al astro eterna margarita, es decir brillante y clara como las perlas, y, como la Luna actúa sobre los cuerpos acuosos, como los mares y la savia de las plantas, dice entrar en ella como una luz penetra el agua sin escindirla. La sorpresa de que su cuerpo penetre en otro lo lleva a considerar la esencia, el principio en que se unen la naturaleza humana y la divina. Es verdad que implícitamente está hablando de la unión de la naturaleza humana y divina de Cristo según la teología, pero son notables los rodeos literarios de Dante que nos lleva a pensar que, en este caso, se refiere al acercamiento del hombre al mundo celeste de la sabiduría perfecta pues agrega, que esta unión, es la que está inserta en el hombre como primerísima verdad en la que se confía. II, 46-63. Las manchas de la Luna amenazaban la creencia de entonces de que en el mundo celeste el cuerpo de los astros se componía de una materia perfecta e inmutable distinta de la de los cuerpos terrestres: Holywood, llamado el Sacro Bosco, escribió en 1250 su Spheara Mundi donde decía: El reino de los elementos posee cuatro partes: la más pequeña es la tierra, la cual está en el centro del mundo entero. Alrededor de la tierra hay agua; alrededor del agua, aire; alrededor del aire, fuego; siendo que el fuego es puro y no se ve... Alrededor del reino de los elementos se encuentra el reino luminoso de los cielos, inmutable, llamado por los maestros el quinto Ser, pues viene después de los cuatro elementos y tiene una naturaleza diferente de la de los elementos. (Citado por W. E. Peuckert en La Astrologia, pág. 194). En las postrimerías de la agonizante escolástica medieval ya existían mentes que empezaban a liberarse de las creencias heredadas desde muy antiguo. Dante mismo, y no tiene nada de casual, un año antes de su muerte, disertó en la ciudad de Verona el 20 de enero de 1320 la Quaestio de acqua et de terra donde precisamente, con argumentos físicos antes que teológicos, demuestra que, en ningún punto del globo terráqueo, el nivel del agua supera en altura el de la tierra. Lo cual, a nuestros ojos parece simple, pero en la época era el comienzo de la revolución de los conocimientos, y Dante es de los primeros. Avicenna había atribuido las sombras de la Luna a montes, valles y cavernas allí existentes. Pensamiento que prosigue brevemente Dante señalando la existencia de diferente composición de las partes de los cuerpos celestes, más o menos densas en su materia, lo que pensándolo bien no está nada mal. Porque si se mira bien la Luna, (decía en El Banquete, II, XIII) se ven en ella dos cosas que le son propias y que no se ven en las demás estrellas. Una es la sombra que tiene, que no es otra cosa que raridad de su cuerpo, en la que no se pueden apoyar los rayos del Sol y reflejar así como lo hacen en las otras partes; la otra es la variación de su luminosidad, porque ya luce de un lado, ya del otro, conforme a cómo el Sol la ve. II, 64-105. Comienza la respuesta de Beatriz al tema que tanto apasionaba en la época, y primero refutando la opinión de Dante (64-105). 64. La esfera octava. El cielo de la Luna y la Luna misma que en cualidad y cantidad muestra diversas tonalidades, y también las estrellas que son de distinta luminosidad. 67-72. Beatriz argumenta que no es suficiente la mayor o menor densidad de los cuerpos, salvo -sólo- un principio, lo cual resultaría en un único efecto, cuando Dante sabe que los astros tienen variadas influencias en la tierra por donde debe haber diversos principios de sus acciones. 73-78. Si hubiera diferencias de densidad, o bien, (1) por la escasez de materia la luz atravesaría la Luna, o bien (2) la densidad estaría distribuida variadamente. en su volumen: la variedad sería en la Luna como las diversidad de las páginas de un libro. 79. Si fuera el primer caso (1), en los eclipses, la luz del Sol atravesaría la Luna. 85-105. Si fuera el segundo caso (2) las partes mas escasas de materia, al no atravesar la Luna, tendrían profundidad y término en alguna hondura, y así serían zonas oscuras (91-93). Pero es un error, lo que se comprueba con tres espejos a diferentes distancias del observador que tiene a sus espaldas una luz, y se verá que aunque las luces reflejadas tengan distinto tamaño, sin embargo el brillo es el mismo. II, 106-148. Comienza la doctrina del descenso de la luz desde el primer principio hasta los mínimos seres, formando como una estupenda catedral de vida derramada por todo el universo. Volvemos así al tema central de estos cantos enunciada en I, 1: La
gloria de aquel que todo mueve 112-126. Dentro del Cielo Empíreo, residencia de Dios y del paraíso, gira el Cielo Cristalino, que, por ser el primero, de él dependen todos los cielos inferiores y sus virtudes. El siguiente cielo, el de las Estrellas contiene incontables virtudes, reflejos, que representan multitud de formas de existencia, esencias, que participa hacia abajo. Los restantes cielos, desde el 7º de Saturno hasta el primero de la Luna, van multiplicando la variedad de influencias que distribuyen cada una orientada a su propio fin, e inserta en las simientes o semillas de cada ser. Así cada cielo recibe del superior la energía y promueve abajo la misma energía multiplicada en variedad de virtudes. Mírame. Atiende bien a lo que te digo para que por ti mismo puedas luego solucionar las dificultades. II, 127-148. El girar de los cielos, dice Beatriz, como la herramienta movida por el artesano, responde a la acción de los que los mueven, las inteligencias superiores o ángeles, así como el Cielo Estrellado recibe su forma y belleza de la mente superior, que le imprime su sello. Y de manera semejante a como el alma humana, sin pérdida de su ser, distribuye su fuerza vital por todos los miembros y órganos del cuerpo, así la inteligencia del primer cielo expande su bondad a la infinitas estrellas, mientras gira en si misma sin perderse. 139-148. Señala que la variada energía de los cielos se adentra en los cuerpos que vivifica y forma, como el alma y le cuerpo, una unidad, y como vida que es es alegría y felicidad que resplandece como gloria y belleza en todos los cuerpos, como la alegría que se muestra en el brillo de los ojos. Conclusión: es de la riqueza de variedad de las inteligencias que procede la variedad que se percibe en los astros.
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