| Notas y comentarios a la Divina Comedia. Paraíso CANTO IV |
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Resumen. IV, 1-27. Dante está indeciso a preguntar dos cuestiones que igualmente lo inquietan, y se compara con la indecisión ofertas exactamente iguales deseables, a saber: 1- ¿Porqué sería demérito la violencia ajena cuando perdura la buena voluntad? 2- ¿Qué hay de cierto en el dicho de Platón que las almas provienen y regresan a los astros? En los tres primeros cantos, el tema central fue los seres que pueblan el universo y sus energías propias que los hacen tender al bien y belleza universales. Ahora nos adentramos en algo que parece conturbar ese orden por afectar al libre albedrío, como es la perversidad ajena y el destino personal impuesto por los astros. 13. Nabucodonosor II, Nabú-kudur-utsur, (605-562 a. C.), rey del nuevo imperio de Babilonia, había guerreado contra los hebreos quienes, a pesar de las advertencias de Jeremías, se aliaron a Egipto. Los hebreos fueron derrotados, Jerusalén arrasada, sus jefes muertos y miles de notables deportados a Babilonia. Entre los que se hallaba el joven Daniel. El rey, cruel contra justicia, había condenado a muerte a los sabios de su reino por no haber interpretado un sueño que le resultaba amenazante. Daniel se dirige al encargado de la ejecución y le pide postergarla y que lo lleve a presencia del rey para interpretar su sueño, y entonces dijo al rey: Tú, ¡Oh rey! Tuviste una visión, a saber: Una estatua, una gran estatua, extremadamente brillante, se alzaba ante ti, terrible de ver. Esta estatua, su cabeza era de oro fino, su pecho y brazos de plata, su vientre y sus muslos de bronce, sus piernas de hierro, sus pies en parte de hierro, en parte de terracota. Mientras mirabas, una roca se soltó sin que una mano la tocara, y vino a golpear la estatua, sus pies de hierro y terracota, y los quebró. Entonces todo a la vez se rompió, hierro y terracota, bronce, plata y oro, hechos paja que vuela en verano: sus partes fueron arrastradas sin quedar rastros de ellas. Dan. II, 31 y ss. Daniel aplica la simbología a la sucesión de los reinos en Oriente: Neo-Babilonios, Medas, Persas y griegos de Alejandro, unos tras otros heredando el dominio. El rey termina perdonando a sus sabios y honrando a Daniel. Sobre esta célebre estatua, ya conocida de Virgilio y Ovidio, ver Inf. XIV, 94-120 y Nota, donde se usa para explicar el origen de los ríos del Infierno. IV, 28-48 Beatriz comienza por afirmar que hay un solo lugar reservado para los justos: Hay un solo cielo Empíreo, el primer giro, sede divina, donde moran los ángeles, los santos del antiguo y nuevo Testamento, Juan, el que reposó en el pecho de Jesús y la misma Virgen, y también estos dos espíritus con quien acabas de conversar. Vivirán allí eternamente, no más unos que otros, pero gozando diferentemente de la beatitud según el soplo que reciben. 39. la celestial esfera de la Luna, la menos lejana de la Tierra, simbólicamente indica el gozo menor de la beatitud, en forma sensible y fácilmente comprensible. Se apoya la semejanza con ejemplos de la escritura y los usos de la Iglesia en las imágenes. 48. el otro que a Tobías dejó sano, se trata del ángel Rafael que devolvió la vista al viejo Tobías (Ver Tob. II, 25 y IV, 16), III, 49-63. El tema de fondo de estos cantas, ya vimos, es el orden jerárquico de los principios que rigen el universo, lo que constituye su belleza y gloria, y su contrapartida que es el libre albedrío que está en juego. En este contexto, Dante no podía menos que citar a Platón cuya concepción grandiosa de la creación del mundo tanto se acercaba a sus objetivos. Digamos, en una síntesis pretenciosa de ese estupendo diálogo platónico llamado Timeo, que Platón dice que el creador del mundo, el Demiurgo, primero creó el primer cielo de fuego, luego lo siguientes cielos, luego los dioses, es decir principios inteligentes actuantes, o también ideas o, popularmente, ángeles, regentes del mundo, unos invisibles, otros, encarnados en astros visibles, y finalmente delega en estos dioses la creación del resto de nuestro mundo terreno. Cada dios y cada astro, formando como un cuerpo operativo, van otorgando a las criaturas sus propias características, proyectando su poder e influencias hasta los mínimos constituyentes de los cuerpos y de los elementos. Por donde cada cosa, cada parte de cada ser, responde a una energía celeste individual o combinada. Y las almas de los hombres provienen así de los astros y sus características responden, al que pueda descifrarlo, a la conjunción celeste del tema astrológico. Simplificando las infinitas combinaciones posibles de tales influencias celestes, digamos que proceden de un astro o estrella, y a ese astro retornarán al fin de la vida. Esta concepción platónica, considerándola en una forma de pensar que es casi universal en la antigüedad, podríamos, si quisiéramos, hasta verla en el Génesis bíblico, donde en los primeros versículos de la Creación, los Elohim, traducidos en la versión vulgata como Dios, van cada uno sucesivamente creando una parte del mundo, desde la luz-tiniebla, hasta el hombre. 58. Tal opinión del origen de las almas es contraria a la teología ortodoxa, por lo que Dante intenta interpretarla de otra manera, manteniendo la realidad de las influencias ya benéfica ya perjudicial de las estrellas. Oigamos a Dante en El Banquete, IV, XXI, 2, donde analizando el porqué unos hombres son nobles y gentiles y otros son viles y groseros, dice: En verdad diversos filósofos sobre la diferencia entre las almas diversamente se expresaron: porque Avicena y Alganzel quisieron que por sí mismas y por su propio principio fueran nobles o viles, y Platón y otros quisieron que procedieran de las estrellas, y fueran más o menos nobles según la nobleza de la estrella. Pitágora quiso que todas fueran de una misma nobleza, no solamente las humanas, mas con ellas las de los brutos y de las plantas y las formas [es decir esencias o ser particular] de los minerales, y dijo que todas las diferencias provienen de los cuerpos y de sus formas. Si cada uno se pusiera a defender su opinión, podría ser que se viera que la verdad está en todas; pero sin embargo como a primera vista parecen un poco lejanas de la verdad, no conviene proceder según ellas, sino según la opinión de Aristóteles y de los Peripatéticos. Por tanto digo que cuando la semilla humana cae en su receptáculo, es decir en la matriz, lleva consigo la virtud del alma engendradora y también la virtud del cielo y la virtud de los elementos adjuntos, es decir la complexión general; y madura y dispone la materia por la virtud formativa, la cual fue dada por el alma del generante; y la virtud formativa prepara los órganos por la virtud celestial, la cual produce, por la potencia de la semilla, el alma viviente. Esta, inmediatamente de producida, recibe de la virtud de los motores del cielo el intelecto posible; que contiene en sí, potencialmente, todas las formas universales, conforme están en su productor, y tanto menos cuanto más alejado de la Inteligencia primera. Nótese la exquisita delicadeza con la que adhiere a la sentencia corriente de Aristóteles, sin dejar de advertir que tal vez la verdad esté en todas. Nótese también como desarrolla su propia convicción, más descriptiva que analítica, y en la cual todo, finalmente, proviene de la virtud celestial a través de la acción del alma generadora, la semilla, los elementos. Otrosí nótese que el intelecto, la mente, proviene del intelecto, idea o ángel que mueve el cielo respectivo, y que, inclusive, da como resultado mayor o menor intelecto, según el ángel que tuvo la competencia. Recordemos últimamente que Dante, como lo hace en la Vita Nuova, observa que hay hombres que son nobles, gentiles, y hay otros que son villanos, gente grossa, sin inquirir porqué es así que son, pero que él habla para los primeros, porque dirigirse a los otros sería vano, ya que han perdido la inteligencia. No le interesa pues el inextricable e inútil galimatías que los letrados filósofos y teólogos de todas las corrientes de pensamiento y de todas las religiones, de su tiempo y de todos los tiempos, armaron y arman sobre la insoluble e infantil cuestión de la predestinación. 61. Siendo, según lo antiguos, que las almas provienen de los dioses, en consecuencia cada uno, se dirigía a su dios regente, quien a Júpiter, quien a Mercurio, quien a cualquiera de los otros dioses del Olimpo. Lo cual no debe sorprendernos, si bien se mira, porque aun hoy y siempre "cada uno se dirige al santo de su devoción" a quien atribuye y de quien espera lo que es y necesita. Por otro lado la honesta persona que está libre de ambiciones y esclavitudes materiales bien puede admirar su propia vocación, como proveniente del augusto plan del universo y contribuidora de la belleza del mismo, y en consecuencia honrar a quien se la envía. IV, 64-87. A complementar las consecuencias de nuestros actos según nuestra visión de lo que es justo, viene ahora el tema de la diversidad de los destinos, sobre todo cuando se cometen errores, ya que tendemos a no aceptar las consecuencias necesarias de nuestros actos y envidiar lo ajeno, por aquello que siempre "es mas verde el campo del vecino", y cada uno cree que sus contratiempos son los mayores. 73-81. El argumento de Beatriz es que cuando los que padecen violencia no contribuyan a la misma, ello no es suficiente para disculparse, pues la voluntad puede resistir, como la llama que siempre tiende hacia arriba y no hay fuerza que la venza. Picarda y Constanza no se opusieron firmemente a que las privaran de la sombra de las sagradas vendas, y luego, cuando pudieron, cuando estuvieron sueltas, no regresaron al monasterio, no volvieron por la estrada. 82. En los terribles años (235-268) que padeció Roma bajo las invasiones de carpios y godos, a quienes tuvieron que pagar tributo, época de asesinatos políticos, descalabro económico y pestes mortales, se sucedieron los emperadores Trajano y Valeriano, ambos perseguidores de la nueva religión cristiana. Valeriano, en los años 257-258 promulga edictos prohibiendo las reuniones de cristianos, forzando a los clérigos a sacrificar a los dioses, luego aplicando pena de muerte, exilio, confiscaciones que alcanzaron a senadores, nobles y matronas. Es la época del martirio del Papa Sixto, del obispo Cipriano y del diácono Lorenzo. Este último condenado a morir asado en una parrilla. Cuenta la leyenda que, el joven héroe romano Mucio Scévola, penetró con un puñal oculto bajo el manto a la tienda de Pórsena, rey de los etruscos, quien sitiaba a Roma por hambre. Ante la tienda del rey un oficial pagaba el sueldo a sus soldados. Nadie se percató de la presencia de Mucio, quien entonces se arrojó contra el hombre, a quien se dirigía la mayoría de los soldados y, suponiendo que era el rey, lo mató. Queriendo castigar el error de su mano, la puso en un brasero y la dejó arder, ante los ojos del rey que lo había amenazado de quemarlo vivo si no le contaba los planes de los romanos. Al respecto decía Dante en El Banquete, IV, V, 13: ¿Y quien no dirá que fuera sin inspiración divina, que Fabricio rechazara una casi infinita cantidad de oro, por no abandonar su patria? ¿Curio, tentado a corrupción por los Sanitas rechazó, por amor a la patria, una grandísima cantidad de oro, diciendo que los ciudadanos romanos querían poseer no el oro, sino a los dueños del oro? ¿Y Mucio incendiando su propia mano, porque había fallado el golpe que había planeado para liberar a Roma? IV, 88-114. Continuando con el análisis de la libertad y el deber, se trata ahora el tema de la voluntad absoluta y de la relativa, siendo la primera la que no acepta nunca el mal, y la segunda la que quiere un mal menor para evitar un mayor daño. Lo que se obra por miedo, no es voluntario en sí, pero se torna voluntario ocasionalmente, es decir, para evitar un mal que se teme. (S. Tomás S. Teol. I, II, q. VI, 6. En Par., III, 117 se decía de Constanza que no fue del velo del corazón jamás disuelta, refiriéndose a que mantuvo siempre la voluntad unida a su primera intención, lo cual es voluntad absoluta. sin embargo no tuvo el arrojo heroico de resistir hasta el fin, sino que prefirió un mal menor, en lo que fue querer relativo. Alcmeón, alekmaiwn, era hijo primogénito del adivino Anfiarao. Cuando Anfiarao obligado por su esposa Erfila tuvo que partir a la guerra contra Tebas, como adivino que era sabía que había de morir en ella. Confió a sus hijos la misión de vengarlo, debiendo matar a la madre y emprender una expedición contra Tebas, en la que un oráculo había prometido la victoria. Como retardaba su entrada en guerra, la madre Erfila se dedicó a persuadirlo a que fuera. Tras la victoria, Alcmeón consultó al oráculo de Delfos si debía cumplir la otra parte de la promesa. El oráculo le dijo que debía cumplirlo porque Erfila se había dejado sobornar para inducir al padre y a los hijos a la perdición en la guerra contra Tebas. Alcmeón dio muerte a su madre, y por ello cayó en manos de las Erinias vengadoras de los crímenes familiares, que lo persiguieron hasta que logró purificarse de sus crímenes y anular la maldición. Vengando
al padre, de la familia IV, 115-132. Exaltación de Dante ante la preferencia amorosa de Beatriz por aclarar sus dudas. 123. Se refiere a Dios, o a un alma pura o un ángel. 124-132. No hay verdad sin expansión de la inteligencia. Como una fiera en su cueva, tal se acomoda el intelecto en la verdad, y si no lo lograra sería como si no existiese. Como buen inquisidor de la verdad, Dante sabe que junto a una verdad lograda, nace enseguida una duda, que de visión en visión lleva a la perfección del conocimiento. IV, 133-142. Con respecto a la nueva cuestión nacida de la verdad encontrada, recuérdese que en la época de Dante quien más quien menos tenía algún pariente enrolado en el claustro. También era frecuente, que tras las fogosas arengas de los predicadores de cruzadas, muchos inflamados de ardor se juramentaran por ingresar a la cruzada, lo que luego lamentaban tener, por voto, que cumplir. Las defecciones no eran raras, y la corrupción también abundante. En esta obra encaminada en lengua vulgar a la gente común el tema era cotidiano. ¿Será que es posible cambiar un voto por otro servicio...? |