Notas y comentarios a la Divina Comedia. Paraíso CANTO VI
 

Resumen.
El emperador Justiniano cuenta su vida, y extiende su relato a las glorias del imperio romano. Deplora las ofensas de güelfos y gibelinos contra el águila imperial. Presenta a algunos beatos de este cielo y glorifica a Romeo de Villanova.

VI, 1-9. El Imperio, cuyo símbolo y nombre equivalente para Dante es el Águila, fue en el año 330 trasladado por Constantino de Occidente a Oriente, contra el curso del cielo, ( la bóveda celeste gira de Oriente a Occidente), a Bizancio, que se llamará entonces Constantinopla (hoy Estambul), en la región donde estuvo la ciudad de Troya, patria del antiguo, es decir del que tomó por esposa a Lavinia hija del rey latino, es decir Eneas, quien según Virgilio, huyó de Troya, de donde primero vino, para venir a Italia y echar las bases del Imperio. Desde allí, en Bizancio, en el extremo de Europa, el Imperio, a la sombra de las sagradas plumas, reinó sobre el mundo por mas de doscientos años, y, de emperador a emperador, llegó a las manos del que habla,

Justiniano. Justiniano, 482-565, de origen humilde fue elevado al cargo de cónsul y asociado a su trono por su tío Justino I, quien lo nombre su sucesor. Casó con Teodora, una antigua bailarina de circo, a la que se reprochaba el ejercicio de la prostitución, pero que, incluso sus mayores enemigos debieron reconocer, después de su ascenso mantuvo costumbres intachables y el espíritu y dignidad correspondiente a la esposa del "basileus"; ejerció gran influencia en los destino del imperio, especialmente en el ámbito religioso. Habiendo Justiniano calmado la zona oriental, luego de establecer paz perpetua con el rey sasánida Cosroes, emprendió la reconstrucción del Imperio de Occidente. Con la dirección de sus generales Belisario y luego Narsés, comenzó por acabar con los peligrosos vándalos, conquistar luego Cartago, Sicilia, las Baleares y la costa levantina de la península ibérica. En Italia, tras largas luchas con la resistencia ostrogoda, logró recuperar el territorio, consiguiendo entonces reconstituir, desde su sede en Constantinopla, gran parte del antiguo Imperio Romano. Su fama y renombre, además de lo dicho, proviene de sus magníficas obras de arquitectura, como la iglesia de Santa Sofía y la de Rávena, y en especial la recopilación, codificación, ordenación y división del derecho romano, tarea que confió a un colegio de diez juristas dirigidos por Triboniano. El "Corpus Iuris Civilis", la gran obra realizada por este equipo de expertos, fue su mejor herencia que, para el milenio y medio siguiente, será el fundamento de todos los libros de leyes, y que en forma de "Código Civil", rige en parte en la actualidad.

VI, 10-27. por voluntad del primer amor que siento, por querer del Espíritu Santo del que ahora en el cielo gozo, en el código civil eliminé lo que sobraba y lo inútil que se había venido agregando.

13. Justiniano y su mujer había adherido a la doctrina de los monofisitas que admiten sólo una naturaleza (monos fusis) en Cristo, la divina, adhesión que al menos es cierto respecta de su mujer. Cuestión importantísima, porque siendo Cristo modelo de la humanidad, el monofisismo la privaba de su valor humano corporal, como llevándola a un cierto angelismo o intelectualismo desencarnado.

16. Agapito, pontífice romano de 533 a 536, viajó a Constantinopla para establecer las reglas del pacto de paz que se estableció entre los ostrogodos, que habían dominado Italia, y el Emperador. Circunstancia que aprovechó, según los cronistas, para explicarle la fe católica de dos naturalezas en la una sola persona de Cristo.

19. Yo le creí y ahora en el cielo veo tan claramente que es verdad, como tú, en las proposiciones contradictorias, en la que una parte afirma lo que la otra niega, sabes que no pueden ambas ser verdaderas.

23. Dios me inspiró el oficio de ordenar las leyes, y con respecto al imperio, encomendé el trabajo a Belisar, que fue tan exitoso, que pude finalmente descansar de más acciones de armas.

Dante parece ignorar que quien completó las conquistas fue Narsés en lugar de Belisar, quien había sido encarcelado por Justiniano.

V, 28-33. En los tres primeros cantos del Paraíso, Dante había exaltado el orden y belleza de la universalidad de los seres; en los dos siguientes estableció que tan formidable orden y providencia general encuentra en el libre albedrío el elemento autónomo que puede desestabilizarlo con sus inconstancias. Ahora en este canto y el siguiente, tratará del Imperio, que es la fuente del orden y la paz, no ya del universo, sino de la vida del hombre, que es una providencia humana de la común felicidad obstaculizada a su vez por las ambiciones personales y la violencia de la soberbia.

28. la cuestión primera. En el canto anterior decía Dante (V, 127-129) dirigiéndose a la primera alma que le había hablado:

mas no sé quien eres ni porqué ocupas,
¡oh alma digna!, el grado de la esfera
que otros rayos a los mortales ocultan.

que expone el sentido de ambas preguntas.

31. con cuánta razón. Puede interpretarse irónicamente con cuánta sinrazón, o en el sentido de con cuanta fuerza.

32. el sacrosanto signo, es siempre el águila y lo que simboliza, el mismo Imperio. Es sacrosanto porque, argumenta Dante, es necesario para mantener la paz, que es la felicidad de la vida civil, entre pueblos que no dejan de ambicionar y guerrear por riquezas y posesiones, mientras el Emperador de todas las cosas ya no puede ambicionar nada; y en consecuencia es santo porque es querido por Dios, como expone en El Banquete, IV. Donde también preguntándose porqué el oficio imperial correspondió a Roma, a la que llama "sumo oficial", dice:

...era necesario que la elección de este sumo oficial procediera en primer lugar de aquel consejo que provee a todas las cosas, es decir Dios; porque de otra manera la elección no hubiera sido ecuánime para todos; pues antes del dicho oficial, nadie se ocupaba del bienestar de todos. Y como no hubo ni habrá más dulce naturaleza en el señorío, ni más poderosa en sostenerlo, ni más sutil en conquistarlo que la del pueblo latino - como puede verse por experiencia - y principalísimamente de aquel pueblo santo al cual estaba mezclada la sangre troyana, es decir Roma, Dios lo eligió para este oficio. Y como, no era posible obtenerlo sin una grandísima potencia, y como para cuyo ejercicio era menester una benevolencia grandísima y humanísima, este fue el pueblo que a ello estaba mejor dispuesto. Por donde no por la fuerza obtuvo este oficio la gente romana, sino por la divina providencia, que está más allá de toda razón. Y en esto concuerda Virgilio, en el primero de la Eneida, cuando dice personificando a Dios: "A estos - es decir a los Romanos - no les pongo término ni de cosas ni de tiempo; a ellos les he dado el imperio sin fin".

El tema del Imperio es central en el pensamiento de Dante, y habrá que leer el De Monarquía y también el IV libro del Banquete para comprender su pensamiento.

33. quien de él se apropia - los gibelinos - y quien a él se opone - los güelfos. Donde se percibe que ya, en esta época de su vida, Dante no pertenece a ninguno de los dos bandos, pues los gibelinos quieren arrogarse el gobierno por encima del Emperador, y los güelfos, que responden al Papa, se oponen al a intervención del Emperador, mientras que Dante requiere la intervención del Emperador para sujetar a los díscolos gibelinos y para poner en orden la curia papal romana. Véanse al respecto sus Epístolas V, VI, VII y VIII.

VI, 34-54. Los orígenes del Imperio Romano. Del v. 36 al 42 se tratan temas del siglo IV a. C. Romano, período mitad histórico mitad legendario de la historia de Roma.

36. Palante murió para darle el reino. En los libros VII-XII de la Eneida, Virgilio narra el desembarco de Eneas en las bocas del Tiber y las luchas por afianzar al pueblo troyano en Italia, su alianza con Evandro, rey de los latinos. La diosa Juno interviene para excitar la resistencia de varios pueblos latinos guiados por Turno. Síguense prolongadas vicisitudes de esta prolongada guerra destinada a echar las bases del Imperio: en el Libro X, se relata como Turno da muerte al valiente Palante, hijo de Evandro y aliado de Eneas, y en el Libro XII se entabla el desafío y duelo final entre los dos caudillos en el cual Eneas da muerte a Turno y queda dueño del Lacio.

39. puso en Alba su morada, es decir, el Signo del Águila, el Imperio se estableció primero en Alba. De aquí en más, en este canto, se habla de los hechos del Signo.

Durante el reinado de Rómulo, Alba Longa, acostumbrada a dominar el Lacio, contempló con recelo el ascenso de Roma. De tanto en tanto estallaba la guerra entre las dos ciudades, y en 667 a. C. parecía estar a punto de producirse una gran batalla.

En vísperas de esa batalla (dice la leyenda romana) se decidió dirimir la cuestión mediante un duelo. Los romanos elegirían tres de sus guerreros, y los albanos harían lo mismo. Los seis hombres combatirían, tres contra tres, y las dos ciudades acatarían el resultado.

Los romanos eligieron tres hermanos de la familia de los Horacios, colectivamente conocidos por el plural latino de la palabra: "Horatium" Los albanos también eligieron tres hermanos, los "Curiatii".

En el combate que se produjo, dos de los Horacios fueron muertos. Pero el Horacio que quedaba vivo estaba intacto, mientras que los Curiatos estaban heridos y sangrantes. Horacio, entonces, decidió emplear cierta estrategia. Fingió huir, mientras los Curiatos, viendo la victoria a su alcance, le persiguieron furiosamente; el más ligeramente herido se adelantó, mientras quedaban atrás los que tenían heridas más serias.

Horacio entonces se volvió y luchó separadamente con cada uno de ellos a medida que llegaban. Los mató a todos y obtuvo para Roma la victoria sobre Alba Longa. (Extractado del libro La República Romana, de Isaac Asimov, publicado por Alianza Editorial.)

Dante comentaba en El Banquete, IV, V, 18

... ¿Y no puso Dios sus propias manos en la batalla donde, en el comienzo, combatieron los Albanos contra los Romanos por la posesión del reino, cuando uno solo de los Romanos tuve en sus manos la libertad de Roma?

40. Entre los pueblos que habitaban la región en el VI siglo a. C. Se encontraban los sabinos aliados de los romanos.

La más conocida leyenda sobre el reinado de Rómulo se refiere al problema de los primeros colonos, quienes se hallaron ante el hecho de que los hombres afluían a la nueva ciudad, pero no las mujeres. Por ello, los hombres decidieron apoderarse de las mujeres de los sabinos, grupo de pueblos que vivía al este de Roma. Lo hicieron mediante una mezcla de engaño y violencia. Naturalmente, los sabinos consideraron esto motivo de guerra, y Roma se encontró empeñada en la primera de la que sería una larga serie de batallas en su historia.

Los sabinos pusieron sitio al Monte Capitolino, y entrevieron la posibilidad de la victoria gracias a Tarpeya, la hija del jefe romano, que dirigía la resistencia contra ellos. Los sabinos lograron persuadir a Tarpeya a que les abriera las puertas a cambio de lo que ellos llevaban en sus brazos izquierdos. (La condición de Tarpeya aludía a los brazaletes de oro que ellos usaban.) Una noche ella abrió secretamente las puertas, y los primeros sabinos que entraron arrojaron sobre ella sus escudos, pues también los llevaban en el brazo izquierdo. De este modo, los sabinos, quienes (como la mayoría de la gente) estaban dispuestos a utilizar traidores, pero les desagradaban, mantuvieron su compromiso matando a Tarpeya.

En lo sucesivo se llamó Roca Tarpeya a un peñasco que formaba parte del Monte Capitolino. En memoria de la traición de Tarpeya se lo usó como lugar de ejecución, desde donde se arrojaba a los criminales hasta que morían.

Después de la pérdida del Monte Capitolino, la lucha entre sabinos y romanos siguió muy equilibrada. Finalmente, las mujeres sabinas, quienes entre tanto habían llegado a amar a sus maridos romanos (según la leyenda), se abalanzaron entre los ejércitos e impusieron una paz negociada. (Ibid.).

41. Lucrecia. En 534 a. C., Lucio Tarquino el Soberbio, ascendió al trono como séptimo rey de Roma.

La leyenda pinta a Tarquino el Soberbio como un cruel gobernante que anuló las leyes de Servio Tulio destinadas a ayudar a los plebeyos. Hasta trató de reducir el Senado a la impotencia haciendo ejecutar a algunos senadores y negándose a reemplazar a los que morían de muerte natural. La arrogancia de Tarquino el Soberbio y la soberbia aún mayor de su hijo Tarquino Sexto terminaron por convertir en enemigos suyos a todos los hombres poderosos de Roma, quienes esperaron hoscamente la oportunidad para rebelarse. Esa oportunidad se presentó en mitad de una guerra. Tarquino el Soberbio había abandonado la pacífica Política de Servio Tulio de alianza con las otras ciudades latinas. Por el contrario, obligó a someterse a las más cercanas e hizo la guerra a los volscos, tribu que habitaba la región sudoriental del Lacio.

Mientras seguía la guerra, el hijo de Tarquino (según la leyenda) ultrajó brutalmente a Lucrecia, famosa matrona romana por su nobleza y virtud, esposa de un primo, Tarquino Colatino. Esto fue el colmo. Cuando se difundieron por la ciudad las noticias de lo ocurrido, inmediatamente estalló una rebelión bajo el liderato de Colatino y un patricio llamado Lucio Junio Bruto. (Ibid.)

43. Brenno. Los guerreros de la nación celta, mezcla de tribus diseminadas principalmente por Francia y España fueron los guerreros más temidos por Roma desde los celtas de Brenno hasta el fin del Imperio de Occidente.

44. Pirro. Rey de Epiro, (pequeño territorio situado hoy entre Albania por el Norte, Grecia por el sur, la cordillera de Pindos hacia el Este y el Mar Jónico por el Oeste), Pirro, que reinó entre (295-272 a. C.) tuvo resonantes luchas contra Roma y Cartago. Un magnífico teatro de piedra en Dodona es obra de este Rey, para quien se acuñó la frase "Victoria a lo Pirro" cuando el costo de una victoria equivale a una derrota. El país fue definitivamente conquistado por los romanos en 167 a. C.

46-48. Personajes del primer período republicano.

Tito Manlio Torcuato, heroico jefe romano, tan fiel observador de la disciplina, que habiendo prohibido a su hijo que atacara a los latinos, le impuso la pena de muerte por haberle desobedecido, a pesar de que alcanzó la victoria.

Quintio, llamado "Cincinato" a causa de su desordenada cabellera, fue romano virtuoso y pobre que vivía cultivando la tierra. Hallándose la patria en peligro, fue nombrado dictador, triunfó de los enemigos, y renunció a la dictadura a los dieciséis días de haber sido nombrado, volviendo a su campo.

Los Decios fueron tres, y todos ellos se ofrecieron en holocausto a los dioses infernales para conseguir la victoria de las armas romanas.

Los Fabios fueron varios, y todos ellos prestaron señalados servicios a su patria. Esta familia asumió con sus trescientos miembros la defensa de Roma combatiendo y sacrificándose ante las puertas de la ciudad contra Veio. En especial Quinto Fabio Máximo, muchacho entonces, quien obstaculizó y truncó las victorias de Aníbal salvando a la república próxima a caer en sus manos.

Dante, en De Monarquía, II, V:

...¿Acaso no se propusieron el bien común aquellos que en sudor, en pobreza, en exilio, privados de hijos, cortados sus miembros y llevados a la muerte, lucharon por engrandecer el bien común? ¿Acaso Cincinato no nos dejó ese santo ejemplo renunciando a la dignidad cumplida, cuando arrancado del arado fue hecho dictador, como refiere Livio, y después de la victoria, luego del triunfo, restituyó el cetro imperial a los cónsules, y regresó a sus posesiones a sudar tras de los bueyes? ... Vengan ahora aquellas santísimas víctimas, los Decios, que por la salvación pública ofrecieron sus almas, como Livio no en cuanto es digno, mas en lo que pudo y supo, los glorifica en su historia.

Y en El Banquete, IV, V:

Si consideramos pues a Roma en su primera adolescencia, luego de liberada de la tutoría real, desde Bruto primer cónsul hasta César primer sumo príncipe, la veremos exaltada no por ciudadanos humanos, sino por divinos, los cuales no de humano sino de amor divino estaban inspirados de amor por ella. ¿Quién dirá que fuera sin inspiración divina ... ¿Quién dirá de Torcuato, quien condenando su hijo a muerte por amor del bien público, lo hubiera podido sufrir sin auxilio divino? ... ¿Quién dirá de los Decios que pusieron su vida por la patria? ... ¿Quién dirá de Quincio Cincinato, hecho dictador y arrancado del arado, rechazando espontáneamente la tarea después de cumplida para retornar al arado?

49. el orgullo. En las guerras púnicas, la loca audacia de la acción de Cartago (llamados Árabes por Dante; anacronismo para nombrar a los habitantes del norte de África) contraria a la voluntad del cielo, cayó como una crecida de río sobre las alpestres rocas, superando los Alpes occidentales que nutren al río Po.

52. Bajo su sombra. Bajo las alas del Águila P. Cornelio Escipión, llamado el Africano, a los treinta y tres años, venció a Aníbal en Zama, y Gneo Pompeyo Magno que a los veinticinco obtuvo por decreto el triunfo, vencedor de Mario.

¿No puso Dios sus manos cuando, por la guerra de Aníbal perdiéronse tantos ciudadanos que tres modios de anillos pudieron llevarse a África, los romanos quisieron abandonar el país, si no fuera que aquel bendito joven Escipión no hubiera emprendido la marcha sobre África para liberarla? (De Mon, ibid.)

53. aquellas colinas bajo las que naciste, tú Dante. La ciudad de Fiésole, según la leyenda fue destruida en la guerra contra Catilina por haberle dado refugio. En su lugar fue edificada Florencia, donde nació el Poeta.

VI, 55-81. Nacimiento del Imperio y su epopeya con César.

55. próximo el tiempo, cerca ya de la época cuando quiso el cielo que reinara la paz sobre la tierra reflejando la que reina en el cielo, a su modo sereno, el signo del Águila fue puesto en las manos de Julio César, quien para Dante es el primer Emperador.

Y como en la venida [de Cristo] al mundo, era necesario que no solamente el Cielo mas también la Tierra estuviera en óptima disposición; y como la óptima disposición de la Tierra es cuando es monarquía, es decir cuando toda está bajo un príncipe, ordenado fue por divina providencia el pueblo y la ciudad que debía cumplirla, es decir la gloriosa Roma. (El Banquete, IV, V, 4) .

58. Nombre de los ríos que señalan la Galia Cisalpìna a donde César llevó victoriosamente sus tropas. El Var y el Rin marcan el confín oriental, y el Isère, el Sena y el Loira señalan el área occidental de la conquista, con todos los valles que surten al Ródano.

61. Saliendo de Rávena, César atravesó el Rubicón e inició contra Pompeyo y los pompeyanos la guerra civil, a la que estaba asociado el destino del Imperio. El Águila entonces se lanzó a tal vuelo de triunfos y conquistas que es imposible acompañarlo con la pluma.

66. Durazzo. Ciudad de Macedonia donde César fue sitiado por Pompeyo. Sigue referencia a la batalla de Farsalia, ciudad de Tesalia, perdida por Pompeyo, que fue asilarse en Egipto, donde corre el Nilo, y donde fue asesinado por traición por el rey Tolomeo.

67. Antandra. Ciudad de Frigia de donde zarpó Eneas. Simois, riachuelo de Troya donde reposaba el cadáver de Héctor. El recuerdo de los héroes patrios acentúa la epopeya del Imperio.

69. El Águila imperial vuela luego a Egipto del cual se aleja luego que César despojó a Tolomeao del reino.

70. De allí César se arroja sobre el pompeyano Juba, rey de Mauritania, para descender luego a España, vuestro occidente, para destruir en Munda la última resistencia de los secuaces de Pompeyo.

73. Luego el Imperio pasó a las manos de Octaviano Augusto, portador del gobierno, quien acabó con Felipe Bruto y Cassio, quienes lo ladran, lo gritan en el Infierno en la boca de Lucifer (Inf. XXXIV, 64-67 aunque allí se dice que Bruto estaba callado, sin decir palabra). Bruto y Casio dieron muerte a César, tratando de revivir el partido pompeyano, y cuando Augusto los derrotó afirmando definitivamente el Imperio, por desesperación se suicidaron.

75. Módena y Perusa ciudades que mucho padecieron con la guerra entre Augusto y Marco Antonio.

76. Después de la derrota de Antonio en Azio, Cleopatra, reina de Egipto, se suicidó dejándose picar por un áspid para no caer en manos de Augusto.

79. la roja orilla. Con Octavio el Águila llegó hasta el Mar Rojo completando la conquista de Egipto y logrando pacificar todo el imperio, de modo que las puertas del templo de Jano se mantuvieron cerradas por más de dos siglos. Estas puertas se abrían en tiempo de guerra y se cerraban en tiempos de paz.

En De Monarquía, I, XVI, 1, consolidando la sentencia que sólo se logra la paz de los estados bajo la monarquía (monarquía que para Dante es la existencia de un sólo Emperador del mundo) agrega:

A las razones antes expuestas las atestigua un hecho memorable: a saber, aquel estado de los mortales que el Hijo de Dios, quien por la saludad de los hombres había de asumir la humanidad, esperaba, o en verdad cuando quiso dispuso. Pues si nos remontamos a la caída de los primeros padres, que abrió camino a todos nuestros desvíos, y consideramos la situación de la humanidad, no hallaremos sino que, estando establecida la Monarquía integral, únicamente bajo el divino monarca Augusto gozó el mundo de universal quietud. Y que entonces fuera feliz el género humano en la tranquilidad de la paz universal, lo atestiguan todos los historiadores, todos los poetas, e inclusive se dignó atestiguarlo el escriba de la mansedumbre de Cristo: porque Pablo llamó "plenitud de los tiempos" a ese estado felicísimo. En verdad el tiempo y los asuntos temporales fueron entonces de verdad completos, porque no careció el mundo de nada que fuera necesario a nuestra felicidad. Cómo fue sin embargo la vida que vino a vivir el orbe a partir de cuando esta túnica inconsútil fue rasgada por el filo de la codicia, podemos verlo escrito, y ojalá no lo vieran nuestros ojos. ¡Oh género humano, en cuántas tormentas y ruinas, en cuántos naufragios necesitas agitarte mientras, transformado en una bestia de muchas fauces, peleas por tantas cosas! Enfermo estás de la inteligencia y lo mismo y por lo mismo de los afectos: no cultivas el intelecto superior que abunda en ideas irrefutables, ni aprovechas el aspecto inferior de la experiencia, ni crecen en ti los afectos movidos por la dulzura divina, cuando por la trompeta del Espíritu Santo se sopla en ti: "Ved cuán bueno y cuán gozoso es habitar juntos los hermanos"!

VI, 82-96. El pasado y el futuro del Imperio, reino mortal que subyace al Águila, se empequeñece ante lo sucedido en manos de Tiberio, tercer César, pues por intermedio de Pilatos le fue concedido al Imperio condenar a Cristo y así satisfacer el castigo, venganza, debido al pecado original. De esta manera el Imperio forma parte del orden providencial y colabora como instrumento de la Redención.

Y si el Imperio Romano no lo hubiera sido por derecho, el pecado de Adán no hubiera sido castigado en Cristo; la conclusión es falsa, por donde lo contrario de la premisa es verdadero. ... Hay que saber que "castigo" no es simplemente "pena infligida al injuriante" sino "pena infligida al injuriante por quien tiene jurisdicción para castigar", por donde a no ser que la pena sea aplicada por un juez ordinario, no se trata de "castigo"., mas bien hay que llamarla "injuria". Por lo que le dijeron a Moisés: "¿Quién te puso juez sobre nosotros?". Por tanto, si Cristo no hubiera padecido bajo juez ordinario, no hubiera existido aquel castigo. Y no podía ser juez ordinario sino quien tuviera jurisdicción sobre todo el género humano, pues, como dice el Profeta, todo el género humano fue castigado en aquella carne de Cristo quien "nuestros sufrimientos portaba". Y Tiberio César, cuyo vicario era Pilato, no hubiera tenido jurisdicción sobre todo el género humano si el Imperio Romano no lo hubiera sido por derecho. Por eso Herodes, aún no sabiendo lo que hacía, como tampoco Caifás que dijo verdad sobre el decreto celeste, remitió a Cristo a Pilatos para que fuera juzgado, como dice Lucas en su Evangelio. Pues Herodes no gobernaba en lugar de Tiberio bajo el signo del águila o bajo el signo del senado, sino que era rey de un particular reino puesto por Tiberio para que gobernara el reino que se le había encomendado. (De Mon. II, XII, 1-5)

91. El Águila, que había castigado en Cristo el pecado de Adán - venganza del pecado antiguo -, corrió a la ciudad de Jerusalén a castigar su muerte - cobrar venganza -, ciudad que fue destruida en el año 70 bajo Tito Emperador. Esto suscita una cuestión que sorprende: ¿Cómo puede ser justo castigar aquella muerte cumplida por los hebreos y decretada por el Imperio, por obra de su representante Pilato? Pregunta a la que dará respuesta Beatriz en el siguiente Canto, vv. 19-51.

94. La continuidad del Imperio Romano en el Sacro Imperio Romano se manifiesta por el hecho que cuando los longobardos al mando de Desiderio atacaron a la Iglesia en al año 773, Carlomagno vino en su socorro, y a su vez en el año 800 fue coronado Emperador en la antigua basílica de San Pedro en Roma.

VI, 97-108. Santificado así el necesario Imperio para la paz, veamos de nuevo a los indignos que hoy lo rechazan y son causa de la pública desgracia.

100. Uno, los güelfos oponen al Imperio los lises dorados de la casa de Francia, representada por los partidarios Anjouinos; el otro, los gibelinos hacen uso del signo para su intereses partidarios. Como dijimos más arriba, Dante es ya prescindente, y denigra a todos los que se oponen al Imperio, no sabiendo cual es peor.

103. Obren los gibelinos su conducta sediciosa y partidaria, opuesta a las a exigencias del Imperio de una justicia ecuánime para todos.

106. Y que no lo abata este Carlos de Anjou, rey de Nápoles en 1285 y muerto en 1309, y que fuera enviado por el Papa a apropiarse de Florencia. Las garras del Águila domaron a otros bien más poderosos.

109. Tal vez aluda a la muerte prematura de Carlos Martel hijo de Carlos II. De cualquier manera Dios no pondrá el Imperio en manos francesas.

VI, 112-123. pequeña estrella. Los antiguos llamaban estrella tanto a las estrellas como a los planetas, y en este caso se refiere al planeta Mercurio, que es el más pequeño del sistema solar.

115. Cuando en el gobierno del Imperio la búsqueda de la fama levanta el deseo, disminuye la fuerza del amor hacia lo alto.

118. Los premios, gajes, recibidos en armonía con los méritos, en su justo y satisfactorio equilibrio, son causa de la felicidad, porque en realidad nadie es más feliz que quien está contento con lo que se ha ganado. Contento y satisfacción que, ya en esta vida, cuanto más en la otra, es garantía de firme rectitud de conducta.

VI, 124-142. Romeo de Villeneuve, 1170-1250, fue ministro de Raimundo Berenguer, conde de Provenza. A la muerte del soberano administró el condado y fue tutor de Beatriz, hija de Raimundo, que por obra suya vino a ser esposa de Carlos I de Anjou.

Una leyenda muy conocida en la época, narraba que habiendo sido de humilde origen y de regreso de una peregrinación a Santiago de Compostela, Llegado al condado y elegido por su sabiduría para la administración del condado, había incrementado notablemente las riquezas del soberano, dejándole doce por cada diez, y casado sus hijas con reyes. Malquistado con Raimundo por habladurías de cortesanos envidiosos se defendió de ellos, pero finalmente prefirió retirarse del condado y retomar su camino de humilde peregrino mendigando su vida.

127. margarita, está por perla, bien que también conserva el significado de flor, con el que Dante amorosamente nombra al cielo de Mercurio.

El caso de Romeo corona este paraíso de príncipes y emperadores alejándonos de lo hechos ilustres y llevándonos a la riqueza interior del alma. Se trata de un peregrino, quien, alzado a dignidades, no encumbró sus ambiciones, sino que conservó su fidelidad y honradez. .

El tema general de estos cantos, decíamos, parece ser la belleza de la jerarquía universal de los seres y orden de la divina providencia, implicando en ella al misterioso e indescifrable juego del libre albedrío que logrará, en su docilidad no sólo al propio destino y vocación, sino también a las consecuencias necesarias de los actos, la felicidad que con justicia, ni más ni menos, le corresponde, y que en realidad lo satisface íntegramente.