Notas y comentarios a la Divina Comedia. Paraíso CANTO VII
 

Resumen.
Se alejan los espíritus del cielo de Mercurio cantando alabanzas. Beatriz explica a Dante cómo fue justa la muerte de Cristo y el posterior castigo de los Hebreos, y se extiende en razones de porqué Dios salvó a la humanidad mediante la Encarnación. Explica los misterios de la creación, las criaturas incorruptibles y el dogma de la resurrección.

VII, 1-9. Una alabanza a Dios, que es la luz del reino de la felicidad, es el comienzo del canto:

¡Hosanna, santo Dios de los ejércitos,
que de arriba alumbras en tu claridad
los felices fuegos de estos reinos!

Justiniano abandona la plática, y volviendo a sí mismo acompaña el cántico del cielo de Mercurio, cielo de jefes, ejércitos y reinos, y luego retorna a su universo celestial con las demás almas.

3. La doble luz que se unifica sobre Justiniano suscita interrogantes y variadas respuestas de los comentadores. Siguiendo los principios repetidos de Dante y su filosofía práctica, digamos que la vida, la felicidad, el reino y la perfección es en sí una sola cosa, pero de acuerdo a nuestra posibilidad de entender tan compleja unidad, la dividimos conceptualmente en dos aspectos: el de luz y el de calor, que se hallan simbólicamente en la luz del Sol, y que en nosotros se nombran como inteligencia y voluntad, o como expresa Dante del objetivo de la vida, alcanzar "virtud y conocimiento". Hay que mantener la unidad inexpresable que estos dos conceptos separan, porque esencialmente y operativamente son una sola cosa: sólo podemos comprender lo que amamos y vivimos, y sólo vivimos lo que comprendemos.

7. Duda semántica: ¿Se movieron siguiendo la danza de Justiniano o se movieron en su propia danza? Nos inclinamos por la primera, porque Justiniano es el modelo y héroe de este cielo y a su brillo, a su imagen y ejemplo, todos los demás jefes y caudillos se mueven y deben moverse.

VII, 10-24. Respuesta a la cuestión iniciada en el Canto anterior (Ver Par.,VI, 91 y nota).

15. si me durmiera, literalmente, como quien se adormece. El verbo usado por Dante es assonare que significa caer en el letargo, dormirse. Los comentadores recuerdan que Dante ya lo usó en cantos del Purgatorio:

Mi conductor, que me veía
como quien del sueño se desliga,
dijo: ¿Qué tienes que no puedes tenerte,
mas has marchado más de media legua
con los ojos bajos y vacilantes pasos,
como a quien el sueño o el vino pliega?
Purg, XV,118

Y aquella sombra gentil, por quien se nombra
Piétola más que la ciudad mantuana,
de mi insistencia depuesto había la carga;
pues yo, que la razón abierta y plana
de mis cuestiones había cosechado,
estaba como el somnoliento que desvaría.

Después, cuando tan lejos fueron
aquellas sombras, que verlas ya no podía,
un nuevo pensamiento se instaló en mí;
y tanto deliré de uno a otro,
que los ojos por vagancia recubrí,
y trasmuté en sueño el pensamiento.
Purg., XVIII, 87 y 138.

En el primer párrafo Dante cae en visiones imaginarias que lo instan a abrir su alma, y en los dos siguientes se le ejemplifica en la Sirena de Ulises el poder que los sentidos tienen de dominar a quien a ellos se abandona. Son sueños, visiones, que tienen la virtud de grabar fuertemente en su espíritu la enseñanza, como ocurre también en estos versos, cuando debe recibir una explicación teológica que requiere toda su atención.

La ensoñación como preludio y estado de ánimo de la iluminación intelectual es tema recurrente en los textos iniciáticos (Ver Hermes, Poimandres, 1). Corresponde a los estados penumbrales de la conciencia cuando, eliminada la actividad hacia el mundo exterior, franca y confiada la mente encerrada en sí misma, acontece un descubrimiento, una como revelación y comprensión de algo que ha sido buscado o intuido por largo tiempo. Sólo después se analiza lo que se ha percibido o lo que queda de ello, para mejor retenerlo o para desecharlo, en el caso de que hubiera sido sólo una vana fantasía y no una iluminación.

VII, 25-33. la virtud que quiere. La potencia de querer, es decir el libro albedrío. Adán, el hombre que no nació, condenó a toda la humanidad por su desobediencia hasta la llegada del Cristo que se unió y redimió a la naturaleza humana.

VII, 34-51. Explicación teológica de Beatriz. Justa fue la pena que sufrió Jesús debido al estado culpable de la naturaleza humana asumida, pero injusto fue el castigo que se cometió contra Jesús, que era la persona que sufría.

46. Por tanto los efectos fueron dobles: Dios quiso la redención, y los Judíos la muerte de Jesús. Por éstos se sacudió la tierra y por la redención se abrieron los Cielos de nuevo para la humanidad.

49. No te será difícil comprender ahora que por un lado fue justo el castigo, venganza, de la culpa humana y justo el castigo de la culpa de quienes entregaron a Jesús, obrada por la justa corte de la orden de Tito de destruir Jerusalén.

VII, 52-76. Introducción de la cuestión de si no hubo otro medio de redención que el elegido.

58. Dante, siempre fiel a su condición de filósofo práctico no especulativo, centra en el amor la mejor posibilidad de comprensión de este arcano de la voluntad divina. Y en el v. 62 no se priva de desmerecer la mirada analítica de este misterio, signo, ya que poco es lo que puede llegar a percibir, y , en realidad, mas bien se desvía y se confunde.

64. Luego del tema de la luz y gloria divinas derramada en la creación y que subyace en los primeros seis cantos del Paraíso, desde aquel terceto:

La gloria de aquel que todo mueve
penetra el universo, y resplandece
en una parte más y en otra menos.

hasta el precedente de la gloria del Imperio, ahora Dante, preludiando el próximo Canto, ingresa al tema de la Bondad sumo atributo de la divinidad y del hombre, como causa de la que emana la belleza. Belleza y Bondad intercambiables porque ambas son causas de ambas.

67. sin intermedio. Los elementos puros que carecen de toda mixtura que pueda debilitarlos, en el caso la inteligencia y la voluntad, son imperecederos es decir inmortales.

70. a lo que se agrega el carácter de ser libres de las influencias exteriores, las cosas nuevas o los modificaciones del entorno, pues son principios absolutos de sí mismos.

73. Consecuentemente por imperecederos e inmortales más se asemejan a la divinidad y más se ganan su ardiente bondad.

El ser más bello que puebla el universo es el Hombre, ya que en él, el microcosmos, todo el universo se refleja y cobra sentido. En realidad, si por un absurdo desapareciera toda conciencia, el mundo dejaría de ser mundo para retornar a un caos. Por eso el Todo se llama "mundo", es decir limpio y bello, o "cosmos" en griego que significa un todo bello y ordenado, todas condiciones que suponen un conciencia inteligente capaz de darles el ser.

VII, 76-102. Establecido el orden justo del mundo, la más hermosa criatura que lo habita, enriquecida de libertad, inteligencia y razón, establecida por encima de los ángeles y semejante a la divinidad, deberá someterse a las consecuencias de sus actos contrarios a la razón que la esclavizan y la privan de dignidad.

Las decadencias de la humanidad desde una antigua edad dorada, en la Biblia el Edén, a una presente corrupto, proceso que se repite una y otra vez en grandes ciclos de la historia, y que está representado en la venerable estatua del anciano de Creta (Inf. XIV, 103-114 y nota), ha intrigado siempre al hombre quien ha buscado, por todas las vías, una explicación del origen del mal, o más bien, del ingreso de la maldad en el corazón del hombre. Tema insoluble pues la libertad es, en sí, un arcano y un secreto, una don de la edad de oro, pero una meta a lograr en las otras edades, porque se nace con libre albedrío, pero la libertad hay que ganarla.

85. El pecado original de Adán, según la fe judeocristiana, priva a toda la humanidad de su dignidad y del Paraíso. Quedan sólo dos soluciones, o el juez, Dios, perdona, o el hombre satisface la culpa

94. Como vimos en los cantos del Infierno, quien ha perdido el bien del intelecto o quien ha sometido la razón al deseo entra en un mundo tenebroso, la selva oscura, del cual es muy difícil salir, ¡perded toda esperanza los que entráis!, debido a las consecuencias necesarias de haber renunciado a la libertad. (Ver Inf. III, 1 y notas). El argumento de Beatriz estriba en que, en el estado de miseria en que se encuentra, el hombre no puede retroceder humillándose, pues su condición es la del que se ha exaltado por encima de la ley y la naturaleza, y ya no puede y no quiere volverse atrás.

Notemos, que Dante evita el argumento habitual teológico que basa la imposibilidad de reparación en el hecho de que el pecado original es infinito, más allá de las posibilidades humanas de reparar, debido que ha sido un delito cometido contra una persona infinita, Dios. Sin pretender zanjar inútiles controversias, digamos que este argumento, copia de los feroces castigos a las imperdonables ofensas contra una alta autoridad, como el Emperador, se halla en un contexto especulativo y abstracto, que desconsidera que la gravedad de un delito está en el conocimiento y en la intencionalidad, que fundamentan la perversidad de la voluntad, y no en la objetividad de los hechos o personas, que más bien pasan a la categoría de circunstancias agravantes.

VII, 103-120. Siguiendo el dilema, eliminada la solución a partir del esfuerzo humano, sólo queda la acción de Dios,

105. ambas vías. Las ofensas y delitos dan lugar a que se los trate con el rigor de la justicia o con la bondad de la misericordia, y, lo mejor, con ambas. Al padecer Cristo en carne humana el suplico de la cruz se dio satisfacción de justicia, Pero al ser Dios quien tomó la delantera e imaginó la encarnación para mostrarse al hombre, demostró su inmensa bondad y misericordia. Así Dios procedió por todas sus vías. Justicia y misericordia son opuestos que no se armonizan sino en una instancia superior, pues al delito mismo se lo perdona o se lo castiga, y no hay término medio. En el caso de Cristo, dada su doble naturaleza, el argumento procede sin inconvenientes.

112. Desde la creación de este mundo, el primer día, hasta su destrucción en el juicio final, la última noche.

VII, 121-148. Beatriz había dicho en los vv. 67-69 que lo que la divina bondad crea sin intermediarios tiene vida eterna:

Lo que ella sin intermedio crea
no termina nunca, porque no se mueve
su impronta cuando ella sella.

Apoyándose en esta afirmación, Beatriz se adelante a un pensamiento de Dante: Los cuatro elementos fundamentales, fuego, aire, agua y tierra y todas sus combinaciones deberían estar libres de corrupción.

130. Lo que ha sido creado directamente por Dios, sigue Beatriz, son los ángeles y este Paraíso en el que estás, pero los elementos primarios y las criaturas constituidas de ellos fueron hechos por creadores creados.

Las cosas fueron hechas de una materia indefinida universal creada directamente por Dios y eterna, pero las criaturas mismas, hechas de esa materia común, se forman por la virtud proveniente de las estrellas y de las inteligencias que las mueven. Lo mismo ocurre con la vida vegetal y de las bestias cuyas entidades son formadas por el rayo astral, por las operaciones de las inteligencias de los astros, las luces santas.

La vida humana en cambio brota directamente de la bondad infinita que pone en ella esa ansiedad y búsqueda del bien y de lo verdadero que la enamora del sumo bien que siempre desea, sólo en el cual se aquieta.

Por último, dice Beatriz, si recuerdas que Dios mismo formó el barro del cual se hizo el cuerpo de Adán, comprenderás la necesidad de la resurrección, sin la cual el hombre en el Paraíso no estaría completo.

Bella conclusión de esta catedral cósmica de la que se viene hablando desde el primer canto, de nuestro universo estructurado en multitud graduada de seres, desde el átomo hasta el hombre, conformando las formas inorgánicas y orgánicas, las energías primarias y la vida. Será necesario recordar aquí la enseñanza de que el universo ha sido formado por inteligencias segundas cada una según sus características, y que actúan desde los astros y los planetas. Doctrina universal que podemos leer en los documentos antiguos, en el Poimandres de Hermes, en el Timeo de Platón, en el mismo Dante en su Banquete, en la simbología de la Mitología, en la tradición egipcia, y en las innumerables fuentes de información que sería larguísimo relatar.

Lo que se nos ha mostrado es la inmensidad ordenada de los seres, es decir la belleza del universo y la belleza del hombre y su destino. Belleza que es la causa del Amor, que será el tema de los dos próximos cantos.