Notas y comentarios a la Divina Comedia. Paraíso CANTO XXII.
 

Resumen.
Beatriz explica que el grito que oyó es la exclamación de las almas para que se haga justicia. Encuentro con san Benito que le cuenta su vida, los buenos monjes que en Monte Casino hubo, le dice que podrá verlo en el cielo Empíreo, sin el velo de la llama que lo rodea, y deplora la avara vida que llevan sus monjes. Dante sube al octavo cielo de las estrellas fijas y se encuentra dentro de las que conforman la constelación de los Gemelos, signo bajo el que nació, y les ruega fuerzas para el próximo trance. Antes de seguir, Beatriz le pide que mire el mundo de planetas por el que vino subiendo. Dante los recorre y entre ellos observa la Tierra. Y se vuelve a Beatriz.

XXII, 1-18. Beatriz tranquiliza el estupor de Dante causado por el grito de los bienaventurados, informándole que donde reina el amor, el amor verdadero, que aquí en el Paraíso lo es en forma plena, nada sucede sino para bien. Le recuerda también el error de su anterior sorpresa porque no se cantaba en este cielo ni Beatriz sonreía (Par. XXI, 4-12, 58-63). Finaliza afirmando la absoluta necesidad de que la justicia divina se cumpla en el tiempo oportuno.

XXII, 19-51. A Pedro Damián del canto precedente, sigue ahora un grande, sino el mayor, de la vida monacal, San Benito, fundador de la Orden Benedictina. Larga, muy larga tarea sería reivindicar a San Benito y su Orden opacadas por el esplendor político y doctrinario de otras órdenes. Tal vez sea mejor así, para que quede para quienes pueden entender los hechos de la historia del espíritu. En sus claustro silenciosos se gestó la cultura occidental y se sentaron las bases de la cristiandad, que, sin ellos, no serían concebibles. Fueron monjes verdaderamente libres, laboriosos, ingeniosos, constructores de innumerables monasterios, fundadores de los gremios medievales, copistas de libros de la antigüedad a los que permitieron de ese modo subsistir, poseedores de bibliotecas inmensas, delicados artistas, colabores imprescindibles de Carlomagno, silenciosos contemplativos en busca de la sabiduría, contemplación que fue su razón de ser y causa de la fecundidad y valor de su obra. Dante siempre acierta cuando elige prohombres, y en este caso no se privó de quienes, para él, representaban lo mejor, lo casi insuperable, de la vida monástica, lejos de las inútiles especulaciones, dedicados a lo que más deseaba Dante, virtud, sabiduría, amor a los hombres.

SAN BENITO, A finales del siglo V d. C., un joven estudiante decide seguir el llamado del Señor. Imitando a los antiguos monjes, va a vivir con Dios en la soledad de una cueva en la región de Subiaco, no lejos de Roma. Su nombre era Benito, nacido hacia el año 480 en Nursia (Umbria, Italia). Luego de tres años de vida solitaria, funda con sus discípulos varios monasterios en la región de Subiaco. Basándose en el Evangelio, en la sabiduría de los antiguos monjes y en su propia experiencia, organiza la vida de los monasterios. Alrededor del año 529 se traslada a Montecasino, donde funda un nuevo y célebre monasterio. Allí vive hasta su muerte, ocurrida en el 547. En Montecasino ejerce gran influencia sobre numerosos discípulos y sobre toda la región circundante. Y también allí escribe la Regla para monjes, que será llamada la Santa Regla, maestra del monacato occidental.

39. gente tramposa y mal dispuesta. En la región de Casino, en el monte Cairo, había una antigua acrópolis donde se realizaban los sacrificios de Apolo y de Diana. San Benito demolió los edificios, de lo que sólo quedan grandiosos muros, y sobre el ara de Apolo erigió la capilla de San Juan Bautista, el allanador de los caminos del Señor. De estos sitios escribe, no sin violento desprecio, san Gregorio Magno:

La aldea, que llaman Casino, está en la ladera de un alto monte, en cuyo amplio valle se alberga la aldea, y donde había un antiquísimo templo, en el cual el estúpido pueblo de los rudos campesinos celebraba culto a Apolo según las antiguas costumbres de los gentiles. En cuyo rededor, defecaron el culto de los demonios de luz, donde esforzaban su sudor la enferma multitud de aquellos tiempos dedicada a sacrificios sacrílegos.

49. Macario. Macario de Alejandría, vivió en el desierto de Nitria, muerto hacia 393. Se lo apodaba el joven para distinguirlo de otro Macario, llamado el viejo o el egipcio que vivió en el desierto líbico y murió nonagenario hacia 391. No se puede saber a cual de los dos se refiera Dante, ambos eran eremitas, frecuentemente confundidos uno por otro. Benito tributa aquí honor a los fundadores de la vida monacal en oriente, como lo será Romualdo de occidente.

Romualdo. Fundador de los benedictinos camaldulenses , nacido en Ravena hacia 952. Fue primero monje benedictino, luego se hizo eremita y propulsó la reforma monástica. Fundó varios monasterios en Italia entre los cuales el más famosos fue el de San Miguel de Lemmo. Murió en el 1027.

XXII, 52-72. Benito le habla a Dante desde adentro de un fuego de amor, y nuestro viajero le pide ahora que le muestre su figura. Benito le responde señalándole la escalera que asciende a cielos superiores donde verá todas las cosas con claridad.

En el libro del Génesis, XXVIII 12-13, se narra un sueño del patriarca Jacob:

Jacob partió de Bersabé y se dirigió a Harán. Caminando a la ventura llegó a un cierto lugar donde había de pasar la noche, porque le Sol se había puesto. Tomó una piedra del lugar como almohada y se durmió allí. Tuvo un sueño: vio una escalera plantada en el suelo cuya cumbre alcanzaba el cielo, y ángeles de Dios subiendo y bajando por ella. Yahvé se le apareció y le dijo: Yo soy Yahvé, el Dios de Abraham, tu antepasado, y el Dios de Isaac...

La escala de Jacob es un símbolo rico en significados, común a los círculos iniciáticos y religiosos occidentales. Es emblema del progreso del alma en su búsqueda de la virtud y la sabiduría, por la que se sube hacia los estados superiores del espíritu, simbolizados por los ángeles, y se desciende a compartir con los hermanos, y cuya cima, la vida virtuosa e intelectual perfecta, es un verdadero lugar sin dimensiones espaciales, pero donde se vive y se disfruta la libertad y la felicidad completas. Conciso y claro como siempre, no lo podía decir mejor Dante: sólo allí toda parte está donde siempre era, porque no es un lugar físico, ni siquiera se apoya en los polos del cielo. Y su cima se pierde entre celajes de la luz.

XXII,73-96. Se lamenta San Benito que la regla, que con tanto amor diseñó para el ejercicio del camino de perfección, yazga ahora descuidada sin que nadie ni la lea ni la cumpla, y sólo sirve para gastar el papel de los copistas. 76. Aquellos muros que encerraban un monasterio de quienes consagraban su vida a la meditación, son hoy cuevas infames, donde los monjes, las cogullas, embolsan perversiones. Notar las contrariedades: abadía-espelunca, cogulla-saco.

79. grave usura. La usura, que es un delito grave, no contraría tanto la voluntad divina cuanto esta carrera tras las rentas eclesiásticas que enloquece a los monjes. Los bienes todos que guarda la Iglesia son de los pobres que lo necesitan, y no han de distorsionarse a favor de parientes o de otras personas indignas.

Las riquezas de la Iglesia son patrimonio de los pobres, y de sacrílega mente se visten los ministros y dispensadores que las reciben más allá de lo necesario para comida y vestido (San Bernardo, Declamat., XVII).

85-93. Constatación general de la debilidad humana que los buenos comienzos de los proyectos generosos decaen en miserables afanes. Así de los ínclitos iniciadores, San Pedro del pontificado y San Franciscos de los pobres de Dios, no ha tenido seguidores sino que de la pureza de intención inicial se ha venido a la oscuridad de la avaricia.

94. A la salida del pueblo de Egipto, según la Biblia, el mar Rojo retrocedió para permitir la salida (Ex.XIV, 21 y ss), y al llegar a tierra santa guiados por Josué, se detuvo el río Jordán para permitir el paso del pueblo:

Y Josué dijo: ... Cuando los sacerdotes que llevan el arca de Yahvé, señor de la tierra toda, hayan posado sus pies en las aguas del Jordán, se cortarán las aguas del Jordán, las que descienden del monte, y se detendrán en un montón sólido. Y aconteció que partiendo el pueblo de su campamento para pasar el Jordán, los sacerdotes portadores del arca de la alianza los precedían, y cuando los portadores del arca llegaron al Jordán y que los pies de los sacerdotes tocaron las aguas (bien que el Jordán desborda todas sus riberas a lo largo de toda la época de cosechas), las aguas se detuvieron y se amontonaron por amplio trecho - desde Adam hasta el fuerte de Çartán -, mientras que las aguas que descendían hacia el mar de Arabia, o mar Salado, se agotaron; el pueblo cruzó frente a Jericó. Los sacerdotes que portaban el arca de la alianza de Yahvé se detuvieron en lo seco, inmóviles, hasta que toda la nación hubo atravesado el río (Josué, III, 12-17).

Tal río detenido así como el mar Rojo retrocediendo en la salida de Egipto (Ex. XIV, 21 y ss) son portentos más admirables que la corrección de estas corruptelas que hará la justicia divina. El sentido es que Dios que pudo hacer aquellos milagros, no dejará de realizar este que es menor.

XXII, 100. Beatriz anima a Dante a que suba la dorada escalera, a lo que Dante obedece sin vacilar.

XXII, 106-123. Al subir la escalera, Dante se acerca al círculo zodiacal que circunda a los planetas, y allí encuentra su signo natal, Géminis, el que va después de Tauro, y se mete en él.

En la concepción geocéntrica del cielo, tal cual se nos ofrece a la visión directa, las estrellas son un ámbito que conforma un cielo o cúpula. En ella se encuentra la faja o zona de los signos zodiacales que determinan la calidad de los planetas, y establecen con ellos el destino. En la fábrica de las iglesias, el edificio es cuadrangular, como nuestro mundo, pero la cúpula, que simboliza el cielo, se apoya sobre un círculo que la separa del resto del edificio, y que es una cadena que soporta el peso, y que a su vez simboliza la franja de los signos. De esta manera, la cúpula es emblema de la libertad espiritual y de las cosas divinas; abajo está el mundo rectangular, donde el alma, coloreada por los signos del destino, lucha por liberarse y pasar allende los signos.

112. Dante saluda gozoso a las estrellas que rigieron su nacimiento y le otorgaron el don poético, estrellas que albergaban al Sol, allí nacía y se escondía, cuando él estaba naciendo.

118. Se le ha otorgado a Dante entrar en esta celestial rueda zodiacal, y consecuentemente, se ha escogido para él poder navegar dentro de su propio signo disfrutando sus virtudes. De ellas espera la energía para un nuevo traspaso a ámbitos más elevados.

XXII, 124-138. Cuanto más asciende Dante mejor se perfilan sus potencias, las luces de la visión son más claras y agudas, como ocurre en nosotros, que cuanto más nos liberamos de los vicios, los mitos y los errores, cuanto más nos hacemos libres, tanto mayor es nuestra capacidad de ver limpiamente como los niños, tanto más poderosa nuestra mirada, y nuestro intelecto, feliz, puede calar más hondo en la verdad.

127. Una última mirada al espectáculo planetario antes de trascender las estrellas. Como el que está ascendiendo una montaña se vuelve de tanto en tanto a gozar de la vista del valle, así, glorioso, nuestro viajero se vuelve a las bellísimas esferas que circundan el nudo central, allá en el fondo, de la tierra. Como el que asciende la montaña y se vuelve, también Dante pondera la marcha cumplida y comprende cuánto ha andado, y así más gozoso podrá entrar entre los que habitan este nuevo cielo, éter rotundo. Lo llama éter, (aiqer = aire, sublimidad, fuego), porque ya está más cerca del fuego debajo del inflamado cielo empíreo. Allá abajo, después de los planetas está la tierra cuyo semblante está envilecido por las miserias humanas, y quien aparta el corazón de sus bajezas, bien puede llamarse honesto, digno y valiente. XXII, 139-154. Descripción enamorada del universo planetario que tanta admiración suscita a nuestros ojos.

139. la hija de Latona es decir Diana y su representante la Luna. Para Latona o Leto ver Purg. XX, 130 y nota.

Dante ve ahora a la Luna en todo su esplendor, sin aquellas manchas de las que hablara con Beatriz en Par, II.

142, Hiperión, uperiwn, es uno de los Titanes, hijo de Urano (el Cielo) y Gea (la Tierra), por lo que pertenece a la primera generación de los dioses, anterior a los olímpicos. Caso con su hermana la titánida Tía (qeia, la divina) engendró a Helios, el Sol, a Selene (la Luna) y a Eos (la Aurora). El hijo de Hiperión está aquí por el Sol, que está siempre acompañado por Mercurio y Venus que lo circundan, nombrados aquí por sus madres, respectivamente Maya y Dione.

Dione, diwnh, es también de la primera generación divina, hija de Urano y de Gea, a veces se la representa como una de las Oceánidas, hija de Océano y Tetis. Se le atribuye la maternidad de Afrodita, es decir Venus.

Maya, maia, hija del gigante uránida Atlante, y cuya madre es Pléyone por lo que figura entre las Pléyadas. Era una ninfa del monte Cileno, en Arcadia, donde se unió a Zeus para engendrar a Hermes (Mercurio).

Pienso que vale la pena notar, en esta embelesada descripción, que los dioses y diosas que se nombran como padres de los dioses planetarios (hay otras paternidades en otras tradiciones) pertenecen a la primera generación divina, cuando nacieron los dioses y se crearon las fuerzas titánicas que conformarían el mundo. Es como un retroceso al corazón de la historia del universo, a lo que es formidable, inmenso, misterioso y fecundo, como un galardón de estos amados astros, que son símbolo y generadores de los virtudes de todas las cosas: son como semillas de lo que será, como un resumen de todas las realidades pasadas, presentes y futuras de la Tierra y sus habitantes, así como de sus glorias y de sus miserias.

143. aquí sostuve. Ya los ojos del sublimado Dante son capaces de soportar el brillo del Sol, lo cual antes parecía imposible (Par. I, 48, Purg. XXX, 27).

145. el templado Jove. Júpiter, mediador y equilibrante del universo planetario, es el templado señor entre el frío Saturno y el ardiente Marte.

148. el variar de su donde. Observando a los planetas percibe claramente cómo se mueven en círculos en forma independiente de las estrellas. El mismo nombre de "planeta", (de plane, planh, errar, de donde planeta, planhtes, errante vagabundo, planeta) indica la condición de estos cuerpos celestes que, al contrario de las estrellas "fijas" que permanecen en sus sitiales, ellos se mueven en sus órbitas vagabundeando por el cielo.

148. Nombró a los siete que circundan la villana tierra, luego la Luna, Mercurio y Venus alrededor del Sol, y el templado Júpiter entre Saturno y Marte. Vio sus tamaños y los inmensos espacios que los separan y velocidades con que se mueven.

151. el parterre, el cantero o jardín de la Tierra del que tan orgulloso estamos, desde el signo de Géminis, Dante lo ve entero, desde sus altos montes hasta los deltas de sus ríos.

154. Dante se separa definitivamente de las cosas creadas, luego de haber cumplido una extraordinaria meditación acerca de los terrenos problemas. Y entonces, ya fortificados sus ojos, los vuelve a los brillantes y hermosos ojos de su Beatriz.