| Notas y comentarios a la Divina Comedia. Paraíso CANTO XXXIII |
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Resumen. XXIII, 1-18. Dante acaba de trascender el universo humano para ingresar al angélico, y como las estrellas son también símbolo de los estados superiores del espíritu, acaba de ingresar al mundo de las esencias y de las ideas, de las realidades intelectuales que son la razón de todas las cosas. Cada vez más cerca del éxtasis intelectual, cada vez más libre de las trabas del mundo concreto, su espíritu se suelta, y incrementa su capacidad de ver. De los ángeles que mueven los cielos decía Dante en El Banquete, II, Hay que saber, pues, en primer lugar, que los que mueven este cielo son sustancias separadas de la materia, es decir inteligencias, que el vulgo llama Ángeles. ... Inteligencias de los cielos son sus generatrices, cada una del suyo, así son generatrices de las otras cosas y ejemplares, cada una de su especie; y Platón las llamó "ideas", que equivale a decir formas y naturalezas universales. Los gentiles las llamaron Dioses y Diosas, aunque no las entendieran así filosóficamente como Platón, y adoraban sus imágenes, y les hacían grandes templos. 1-12. La figura de un ave que atenta cuida sus polluelos y estática espera el alba para salir en busca de alimento, como ave, belleza y estado de alerta sirve a Dante como imagen de su amada Beatriz, la cual está fija la vista mirando al Sol del mediodía, que es cuando más lentamente muestra su andar. Mediodía, plenitud de la luz, cuando todas las cosas se ven con mayor claridad, cuando es el tiempo de la gloria del día. 16. Poco tiempo ha transcurrido entre la espera, mi atender, y la visión, mi ver, de un incremento gradual de la luminosidad. XXIII, 19-45. El estelar cielo es la multitud de las almas cristianas que, a su vez, son el triunfo de Cristo, su guía y ejemplar, sobre la banalidad y el mal. Cristo va a ser la fuente de vida de este cielo, donde se unen, plenamente, la humanidad exaltada a la divinidad, la expresión de lo eterno, permanente y sublime de que es capaz el hombre. Y por ello, a la mención de Cristo se añade el girar de estas esferas, el movimiento de esa corona de los signos zodiacales que son los instrumentos de la providencia en nuestro mundo para multiplicar, al infinito, todas las virtualidades de las que está preñada la humanidad. 22. Contemplar esa grandeza del ser humano, centro de todas las cosas, inteligencia viva capaz de entender el cielo y nacer a una vida feliz de virtud y conocimiento alejada de la vulgar tropa, la contemplación de la tan gran belleza y gloria de la humanidad verdaderamente libre inflama el rostro de Beatriz y sobrecoge a nuestro viajero que queda sin poder articular palabra. 25. Trivia está por la Luna que feliz enciende con su luz todos los rincones de la bóveda celeste, entremezclada con las pacíficas estrellas, la eternas ninfas. Todos hemos visto esos cielos límpidos de Luna llena, que grandiosa y maternal entre los astros, nos deja contemplar el celeste mundo de las alegres luces nocturnas. Y a su semejanza, y mucho más, un Sol de Cristo esparcía y compartía su fuego en todas las almas puras, con tal intensidad que Dante no puede sufrirlo. TRIVIA, la griega Hécate, ekath, afín de Ártemis, es diosa misteriosa, hija de Asteria y Perses descendiente directa de la generación de los titanes, y por tanto independiente de los olímpicos. Beneficia a todos los hombres concediendo todos los favores que le pidan: riquezas, elocuencia política, victoria en batallas y juegos. Tan popular y simples los pedidos que ha quedado entre nosotros el término "trivial" para designar tales ruegos. Como maga poderosa preside las encrucijadas, lugares por excelencia de la magia, en las que se levanta su estatua, en forma de triple cuerpo o tricéfala. Dante, que nunca es "trivial", pone aquí esta diosa porque él mismo está en una encrucijada, en un "pasaje" a un nuevo mundo. Acaba de atravesar los siete cielos planetarios, donde las almas virtuosas cumplieron brillantemente su destino que es su vocación. Ahora está ingresando a los cielos que están más allá del destino, por encima del círculo zodiacal, donde reina la verdadera libertad del espíritu y el fuego de la auténtica caridad. Vale la pena notar que fueron veintidós los cantos precedentes y siete los cielos de los planetas. Veintidós dividido entre siete ( 22/7=3,1428 ) era el valor escolar de pi de la geometría de la circunferencia. Vale también la pena recordar que veintidós son los arcanos del Tarot. Círculo y circunferencia, zodiacales también, que dejan a nuestro humano mundo encerrado en las premisas de nuestra existencia, disponible para ser atravesado por los que se animan a buscar otra libertad. 30. En la concepción antigua, bajo el influjo del sentir cristiano que considera a las estrellas como emblemas de las estados superiores del espíritu, se imaginaba que el brillo de las estrellas, como lo es el de los planetas, era luz reflejada del Sol. 37. la sabiduría y la potencia. Recuerda el texto de san Pablo: Porque los Judíos piden señales y los Griegos procuran sapiencia: nosotros en cambio predicamos a Cristo crucificado, que escándalo es para judíos y estupidez para gentiles, mas para los elegidos, Judíos o Griegos, es Cristo potencia de Dios y sabiduría de Dios, porque lo que tonto es para Dios es lo más sabio para los hombres, y lo débil para Dios es lo más fuerte para los hombres. (I Cor 1,22-25). Cristo es, desde el punto de vista religioso, la unión de Dios con la Humanidad, y por tanto el gran pontífice, puente, entre el cielo y la tierra; desde el punto de vista iniciático, es la cualidad crística de realizar en sí mismo la divinización del propio ser, el logro de la perfecta virtud y sabiduría, el verdadera renacimiento, el génesis de una nueva criatura, cuya semilla lograra nuestro viajero en el último canto del Purgatorio, cuando, al cruce del Lete y el Eunoo, se le abrieron las puertas del proceso paradisíaco: Yo
retorné de la santísima onda, lo cual empieza a ocurrir ahora, y por ello dice que en qué se transformó no lo supo. XXIII, 46-69. Beatriz, la Sabiduría increada, reclama la atención de Dante, quien, ya fortalecido, puede sostener su sonrisa, que es la iluminación interior y secreta de la Sabiduría; como dice Dante en El Banquete, donde, en su alusión al Paraíso, puede inclusive verse cómo Dante tuvo siempre claro y presente lo que quería decir: Dice pues el texto que "en el rostro de ella aparecen cosas que demuestran placer de Paraíso"; y señala el lugar donde aparece, es decir en los ojos y en la sonrisa. Y hay que saber aquí que los ojos de la Sabiduría son sus demostraciones, por la cuales se ve la verdad con toda certeza; y su sonrisa son las persuasiones, en las que se muestra la luz interior de la Sabiduría bajo algún velamen: y en estas dos cosas se siente aquel placer altísimo de beatitud, que es el bien máximo del Paraíso. (III Banq. XV). Demostraciones que la razón puede comprender y la memoria almacenar, persuasiones que corresponden a intuiciones intelectuales a las que ni la memoria ni la razón pueden seguir, lo cual en los próximos versos describe poéticamente Dante, excusándose de incapacidad para organizar o memorar sus pensamientos. 49. Dante todavía está embargado de la visión precedente y tratando de retener de alguna manera lo que vio, y que será incapaz de repetir. 54. el libro que el pretérito consigna, la memoria. 56. Polimnia, polumnia, una de las nueve musas, hija, como sus hermanas de Zeus y Mnemósine, la inspiración y la memoria, inventora de la lira y de la agricultura, es considerada a veces como musa de la danza, otra de la Geometría y otra como de la Historia. Una tradición la considera madre de Orfeo, y Platón la cita como madre del Amor (Eros). Ella, juntamente con todas las demás Musas y su generosidad, no podría ayudar a Dante pues ahora estamos en otro nivel existencial. 67. Como en Par. II, 7-15, ¡Eh!
Vosotros que en pequeñita barca, Dante nuevamente nos amonesta que para comprender su inspiración se necesita haber alcanzado todo lo que significa este viaje desde la inmersión en el caos infernal, el paso por la purificación de las virtudes y el logro de la vida nueva. XXXIII, 70-111. En la entrada de este cielo, la Virgen María, de la que nació Cristo, se muestra acompañada de los apóstoles, los lirios, que son como un perfume, a cuya exhalación, sus escritos, siguiendo, se descubre el camino que lleva al Reino. 79. Con la bella imagen - cada vez más estaremos rodeados de belleza - de una sonriente pradera bajo el rayo del Sol, así Dante percibe este mundo de ángeles y bienaventurados. Su brillo deriva de la luz de Cristo, el cual ha ascendido al cielo Empíreo para no cegar los ojos de Dante, pues de otra manera nada hubieran visto. 88. la bella flor. La virgen María, que es invocada al principio y al término de cada día, en el ángelus, acompañando ora al lucero matutino, la estrella de la mañana, ora al lucero vespertino, el de la tarde, se muestra aquí como la Puerta de estos cielos supremos, y por la que necesariamente hay que pasar. 90. el mayor fuego es María ahora que Cristo no está. 94. La flama del ángel Gabriel desciende sobre ella, la rodea girando, y forma una corona en rededor. Por último es llamada zafiro, como lo fue el planeta Venus que renacía la luz al comienzo del Purgatorio, agregándose que su esplendor hace de todo el cielo un zafiro. 103. Habla el ángel Gabriel, permanente compañero de María, que la rodea ahora, y lo hará luego cuando ella ascienda al cielo Empíreo a donde la espera su Hijo. XXIII, 112-139. El real manto de todos los volúmenes es el décimo y último cielo, el Empíreo, primer motor inmóvil que impulsa a todos los demás. En El Banquete, II, IV decía Dante: El orden de los cielos es el siguiente: el primero que se numera es aquel donde está la Luna; el segundo es aquel donde está Mercurio; el tercero es aquel donde está Venus; el cuarto es aquel donde está el Sol; el quinto es el de Marte; el sexto es el de Júpiter; el séptimo es el de Saturno; el octavo es el de las Estrellas; el noveno es el que no es perceptible sino por el movimiento del que se habló arriba, al cual muchos llaman Cristalino, es decir diáfano, en realidad completamente trasparente. Empero, por afuera de todos estos, los católicos ponen el cielo Empíreo, es decir cielo en llamas o también luminoso; y afirman que es inmóvil porque tiene en sí, según todas sus partes, lo que su materia requiere. 115. Dante y nosotros nos encontramos en el octavo cielo, de las estrellas, y elevando la vista y mirando a través del noveno cielo Cristalino y totalmente trasparente podríamos ver el Empíreo, pero está tan lejos que nuestra vista no alcanza hasta allí. 119. la coronada llama, es la virgen María que ahora asciende al Empíreo detrás de su Hijo, su simiente. 121. Cierra este despliegue de fuegos y esplendores el coro de los ángeles y bienaventurados que cantan una antífona pascual, Regina celi, que nombra a la Virgen como Reina del Cielo. 130. Las riquísimas arcas son los bienaventurados que fueron campo fértil a la simiente evangélica y, como prometido, dieron ciento por uno, es decir, multiplicaron la bondad y verdad recibida en virtudes, caridad y conocimientos. 133. Aquí las almas viven y gozan del tesoro del cielo que conquistaron llorando en esta vida, que es como un destierro, como fue Babilonia para el pueblo hebreo, y abandonando las riquezas mundanas como aquel pueblo tuvo que dejar el oro al partir. 139. el que tiene las llaves de tal gloria es san Pedro Apóstol que goza su triunfo junto con las almas bienaventuradas del Viejo y del Nuevo Testamento, concilio, y que recibió, según Mat. XVI, 18-19 la llaves del reino: ...Y tu eres Pedro, y sobre esta piedra construiré mi iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré la llaves del reino de los cielos, y lo que sueltes en la tierra soltado quedará en los cielos. |