| Notas y comentarios a la Divina Comedia. Paraíso CANTO XXV |
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Resumen. XXV, 1-12. El cielo y la tierra, la inspiración divina y el talento, han labrado el poema de la Comedia, de lo que tiene plena conciencia el Poeta, como así también de la grandeza de su obra. 4. En El Banquete amargamente recordaba su exilio: Porque agradó a los ciudadanos de la bellísima y famosísima hija de Roma, Florencia, de arrojarme fuera de su dulce seno, - en ella nací y fui nutrido colmadamente como nunca y en su seno, en su buena paz, deseo de todo corazón reposar el cansado ánimo y acabar el tiempo que me ha sido dado -, para ir a casi todas los lugares en los que esta lengua se extiende, peregrino, casi mendigando, mostrando contra mi voluntad la llaga de la fortuna, la que injustamente muchas veces suele atribuirse al mismo que la sufre. Verdaderamente he sido barca sin vela y sin gobierno, conducido a diversos puertos y radas y orillas por el seco viento que emana de la dolorosa pobreza; he venido a ser a los ojos de muchos, quienes tal vez por alguna fama mía me habían imaginado de otra forma, ante los cuales no solamente se envileció mi persona, sino que todas mis obras se desvalorizaron, tanto las ya hechas como las que habría de hacer (Banq. I, III. Ver también la Epístola IX A un amigo florentino) Pero sabe ahora que esta Comedia, en Florencia, donde recibió el bautismo, le devolverá lo gloria, donde fue llevado a la fe y por la cual Pedro revoloteó tres veces coronándolo vencedor del certamen de la fe. XXV, 12-39. La fe sin esperanza es vana, desoladora, autodestructiva. Corresponde ahora pues probar a Dante en la segunda virtud teologal, y lo hará ante el apóstol Santiago. Dos son los apóstoles cuyo nombre es Santiago, a saber Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo y de Salomé, hermano de san Juan Evangelista: está presente en la resurrección de la hija de Jairo (Luc. VIII, 40-56), en la transfiguración (Mat. XVIII, 1-9), en la agonía de Getsemaní (Mat.XIV, 32-42) y que fue decapitado reinando Herodes Agripa. Isidoro de Sevilla divulga la leyenda de que fue evangelizador de España, y se lo honra principalmente en Galicia, en Santiago de Compostela, donde se encuentra su sepulcro, meta final de los peregrinos del "camino de Santiago". El otro apóstol es Santiago el Menor, identificado como hijo de Alfeo, citado como "hermano" de Jesús que hay quien interpreta como hermano y otros como primo según la carácter ambiguo del término en arameo, y que es el autor de la primera de las siete epístolas llamadas "católicas" del Nuevo Testamento. Tomó la palabra en el primer concilio después de Pedro (Hechos, XV, 13-29), Fue el primer obispo de Jerusalén. Dante, según se interpretaba en su tiempo, unifica a Santiago el Mayor con el autor de la Epístola de Santiago, y sigue la tradición de Isidoro de que hubiera sido apóstol de España y que su sepulcro está en Galicia. 14. de aquella esfera o círculo de donde salió Pedro, primicia de los enviados de Cristo. 26. coram me, expresión latina que significa junto a mí. Es término usado para significar unión, familiaridad, dignidad de la posición. 29. largueza de nuestra basílica. Magnificencia y amplitud de esta esfera celeste, que quedó reflejada en la Epístola de Santiago. 32. tú lo sabes. En su Epístola no deja de insistir en la necesidad de las buenas obras y las virtudes compañeras inseparables de la fe: ¿Qué aprovecha, hermanos míos, que alguno diga que tiene fe si no tuviera obras? ¿Acaso la fe puede salvarlo? Si un hermano o hermana fueran desnudos y carecieran del pan de cada día, y uno de vosotros les diga: Id en paz, abrigaos y saciaos, pero no les diera lo que el cuerpo necesita, ¿de qué sirve? Así también es la fe, si no tiene obras, es una fe completamente muerta. Por lo contrario, habrá que decir:: Tú tienes fe, pero yo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, que yo te mostraré mi fe a través de las obras. Tú crees que Dios es uno; haces bien, también los demonios creen y tiemblan. (Sant. II,14-19). Virtudes y buenas obras fundamento y arras de la esperanza, como bien lo sabe Dante, que para llegar al Paraíso tuvo que superar los siete giros del Purgatorio, consecuente con su lema de la necesidad de virtud y conocimiento, que son las dos columnas a la entrada del templo de Jerusalén, los dos pilares de la belleza del alma. 33. gentileza. Se refiere a que Jesús lo quiso a su lado en grandes ocasiones, ver arriba citas evangélicas de la vida de Santiago Apóstol. 37. fuego segundo. El mismo Santiago después de San Pedro. 38. alcé los ojos. Dante por el exceso de luz tenía baja la vista, y llama montes o montañas a los apóstoles, eco del Salmo CXX de David: Alzaré
mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro. XXV, 40-63. Este círculo del Paraíso es comparado a una corte imperial, que llama aula secreta, y a los egregios apóstoles condes, y a Dios reinante emperador. Allí Dante ha de lograr aceptación de sus conceptos sobre la esperanza, es decir el buen ver de esta corte, respondiendo a la triple pregunta que la hace Santiago, la segunda lumbre. 49. aquella pía, Beatriz. 52. Interviene Beatriz para responder a la segunda pregunta de Santiago, de si tiene esperanza, y así lo confirma como puede verse en la luz divina que inunda este cielo. Egipto, lugar de destierro de los israelitas, es sinónimo de este nuestro mundo, y Jerusalén el cielo del Paraíso, a donde está llegando Dante antes de su muerte, antes de combatir la última batalla. XXV, 64-78. Donosa y bellamente Dante define la esperanza como una certeza del premio producto del favor divino y de los méritos de las propias virtudes y actos, lo que es reproducción de una Sentencia, III, 26 de Pedro Lombardo: La
esperanza es la expectativa de la felicidad futura, 70. de muchas estrellas refiere a textos bíblicos y en especial a los salmos de David que han inducido, con su belleza y dulzura, esta esperanza. Y
será Yavé un refugio para el pobre, En
ti, Señor, esperaré, 76. tú me instilaste gota a gota la esperanza de que reboza tu carta, Santiago, y empapado de esa lluvia ahora la derramo en mis lectores. XXV, 79-99. Pregunta de Santiago sobre lo que la esperanza promete. 84. la palma, su martirio y su triunfo. Salir del campo de batalla equivale a morir. 89. La promesa, la meta, de la esperanza la describe Dante por textos del antiguo testamento: Así
como su vergüenza fuera redoblada, y del nuevo testamento, por boca del hermano de Santiago, el apóstol san Juan: Después
miré, y una multitud grande vi, 98, sperent in te, voz latina del versículo citado de los salmos: que en Ti esperen. XXV, 100-139. Aparece la luminaria apostólica mayor, San Juan apóstol, señor del amor. 101. En el hemisferio norte el invierno comienza cuando el Sol entra en Capricornio, el 21 de diciembre. El signo opuesto, Cáncer, surge de noche, cuando ya se ha puesto el Sol. Por lo cual, si tuviera una luminaria que irradiara tanta luz como San Juan, no habría noche, y noche y día serían una sola cosa, y el mes de Cáncer del invierno, sin noches, sería un solo día. 103. Alegría, placer, honor, generosidad de la jovencita que entra a danzar en las nupcias. Tal Juan entremezcla su amor dichoso con la ardiente caridad de Pedro y Santiago. 111. Continuando la imagen de las nupcias, Beatriz se comporta con el intenso amor y dicha de la nueva esposa, fija la vista en estas columnas del cielo. Ella recuerda que san Juan, en la última cena (ver Juan, XIII, 23 y ss), reposó su cabeza en el pecho de Jesús, nuestro pelícano, pues entonces se creía que el pelícano en tiempos de hambruna se sacrificaba abriéndose el pecho para alimentar con su sangre a sus polluelos; también San Juan al pié de la cruz recibió el gran oficio de tomar a su cargo a María. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre Maria de Cleofas y Maria Magdalena. Y viendo Jesús a su madre y que allí se hallaba el discípulo que amaba, dijo a la madre: Mujer, he ahí tu hijo, y luego al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquel momento el discípulo la recibió consigo. Juan, XIX, 25-27. 120-126. En tiempos de Dante algunos creían que san Juan estaba en el cielo en cuerpo y alma, y por eso clava la vista en él. Pero aclara Juan que su cuerpo está corrupto en la tierra hasta que el número de los se complete. La duda había nacido porque en el evangelio de san Juan se narra que después de la resurrección de Jesús, Pedro, marchando a su lado, le preguntó por Juan que parecía no tener una función definida: Volviéndose Pedro vio aquel discípulo al que Jesús amaba siguiéndolos, el que también se había recostado sobre su pecho en la cena preguntándole: Señor ¿quién es el que te ha de entregar? Así que Pedro lo vio le dijo a Jesús: Señor ¿y éste, qué? Díjole Jesús: si quiero que él permanezca hasta que yo venga ¿qué a ti? Tú sígueme. De aquí salió voz entre los discípulos de que aquel discípulo no moriría: pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: si quiero que este quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?. Juan, XXI, 20-23 127. Juan entonces confirma que sólo Jesús y María, las dos luces que subieron al próximo círculo del Paraíso, están en el cielo con su alma y con su cuerpo, con las dos estolas. Dante además reproduce en estas palabras la común creencia en la asunción de María, dogma que todavía no había sido definido, y recibe de Juan mandato de difundirlo. 132. El triple respiro, que provenía de los tres apóstoles. 136. Mirando a san Juan pierde Dante la vista por exceso de luz, de modo que no puede ver a Beatriz que está a su lado. |