Notas y comentarios a la Divina Comedia. Paraíso CANTO XXVII.
 

Resumen.
Después de un canto de gloria, San Pedro pronuncia una tremenda invectiva contra el Papa Bonifacio VIII y sus sucesores, nombra algunas de sus infamias, y manda a Dante que todo debe revelarlo al mundo. Los beatos interlocutores de Dante ascienden al Empíreo. Beatriz lo invita a mirar desde este cielo a la tierra. Juntos ascienden al noveno cielo, primer móvil y motor de los demás, cuya posición y movimiento explica Beatriz. Ante tanta belleza, Beatriz lamenta los humanos vicios y el desorden general por falta de gobierno.

XXVII, 1-27. Las alabanzas del octavo cielo embriagan a Dante: tanta felicidad es como si el universo riera.

10. las cuatro hachas o antorchas son los tres evangelistas que lo interrogaron y Adán.

11. la que primero vino, es la llama de san Pedro, que ahora, en plenitud de alegría, cambia de colores como para reafirmar la vitalidad que la embarga. Dante usa una referencia planetaria dado que Júpiter, Jove, es de apariencia blanca, mientras que Marte es rojo, y dice que se intercambian esos colores como plumajes de aves.

22. aquel que usurpa el papado era, entonces, el Papa Bonifacio VIII que fuera elegido con simonía, pero, según los cánones, en forma legítima, por lo que Dante dice que el puesto, ante los ojos de Dios, en la presencia de Cristo, está vacante.

26 el perverso es Lucifer que fue expulsado del Cielo.

XXVI, 28-66. Las palabras de San Pedro, estremecen a este cielo que se tiñe de rojo, y la misma Beatriz, al oírlas, altera su rostro, y todo el cielo se conturba a la manera como se eclipsó el Sol cuando la muerte de Cristo, la suprema potencia.

...Era ya la hora sexta, cuando eclipsándose el Sol una oscuridad cubrió la tierra toda hasta la hora nona: partióse el velo del templo por la mitad, y Jesús, en un gran grito, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu, y expiró. Luc, XXIII, 45-46.

Recordar que la hora sexta es el mediodía - los romanos dividía en el día en doce horas -, y la nona la media tarde.

37. sus palabras. Sigue hablando Pedro pero ahora con voz terrible y alterado el semblante. En el cielo de Dante cabe la santa indignación.

40. la esposa de Cristo, es la Iglesia, siguiendo las palabras de san Pablo a los Efes.V

Sometéos unos a otros en el temor de Cristo.
Las mujeres a sus maridos como al Señor,
pues el marido es cabeza de la mujer
como Cristo es cabeza de la Iglesia,
Él, el salvador de su Cuerpo.
Vosotros maridos amad vuestras mujeres,
como Cristo amó a su Iglesia
y Él mismo se entregó por ella
para santificarla purificándola en agua lustral y en palabra,
a fin de presentarse a sí mismo una Iglesia gloriosa
sin tacha ni arruga ni nada semejante,
a fin de que sea santa e inmaculada.

41. Lino. Primer sucesor de Pedro, obispo de Roma por doce años, quien según relato del Liber Pontificales murió mártir el 23 de septiembre del año 76.

Cleto o Anacleto. Segundo pontífice del 79 al 81 muriendo martirizado en el duodécimo año del reino de Domiciano.

44. Sixto. Sexto pontífice, sucesor de Alejandro en el papado.

Pío. Sucesor del Papa Igino, pontífice del 140 al 155.

Calixto. Pontífice del 218 al 222.

Urbano. Sucesor de Calixto del 222 al 230.

45. Todos fueron mártires bajo los emperadores romanos.

46. El papado ha dividido a los cristianos unos contra otros,

El príncipe de los nuevos Fariseos
teniendo guerra junto al Letrán,
y no con Sarraceno o con Judío,
pues todos sus contrarios eran cristianos,
y ninguno había ido a vencer en Acre,
ni a comerciar en tierra del Soldán;
ni sumo oficio ni órdenes sacras
guardó en sí, ni en mí aquel cordón
que solía hacer de sus ceñidos flacos.
Inf. XXVII, 85-93. Ver notas.

49. Las llaves que Cristo diera a Pedro son emblema de la bandera de guerra papal - al parecer puestas allí por el Papa Gregorio contra Federico en 1229 -, y la imagen de Pedro figura en el sello papal que se estampa al pie de sus decretos que otorgan prebendas y privilegios.

58. Cahórs y Gascuña. Santiago Duèse, Juan XXII, de Cahórs, pontífice del 1316 al 1334, coronado en Lion, y su predecesor Bertrando de Got Clemente V de Gascuña, coronado también en Lión en 1303, que utilizaron en provecho propio los bienes dados a la Iglesia por los fieles en memoria de la sangre de aquellos Papas mártires, nuestra sangre. "Beber la sangre" como la sanguijuela, es símbolo de avaricia y de dinero,

La sanguijuela tiene dos hijas. ¡Trae! ¡Trae!
Tres cosas hay insaciables,
y una cuarta que nunca dice Basta:
El sepulcro, la matriz estéril,
la tierra que el agua no sacia,
y el fuego que jamás dice Basta.
Prov. XXX, 15-16

59. el buen principio que dieron Pedro y los primeros pontífices a la Iglesia ¿a qué miseria ha de venir a parar?

61. Dante siempre espera de los emperadores que restablezcan la justicia y el orden en Roma.

Escipión. Publio Cornelio Escipión, el Africano, venció a Aníbal en la batalla de Zama, asegurando el imperio a Roma.

¿Y no puso Dios la mano cuando, por causa de la guerra de Aníbal, y habiéndose perdido tantos ciudadanos que tres modios de anillos habían sido llevados a África, los Romanos querían abandonar la tierra, si aquel bendito joven Escipión no hubiese emprendido la marcha a África en pos de su liberación? Banq. IV, V.

XXVII, 67-87. Así como en Par. XXII, 127 Dante contempló los cielos planetarios antes de ascender al de las estrellas, nuevamente ahora, cuando está cada vez más acerca de contemplar el sumo bien y la suma verdad, y trascender a cielos soberanos, Beatriz le hará contemplar y despedirse del camino recorrido.

69. el cuerno de la cabra, el comienzo del signo de Capricornio al que el Sol ingresa el 21 de diciembre dando inicio al invierno del hemisferio norte y comienzan las nevadas, los helados vapores.

70. Continuando con la imagen de la nieve, ahora dice que vapores, no helados, sino inflamados y ardientes, triunfantes, ascienden en copos hacia el próximo cielo, es decir son las almas de los que se habían quedado un tiempo hablando con Dante.

73. La mirada de Dante contempla el ascenso de las almas hasta que la densidad del espacio intermedio se lo impide.

79. Dante se encuentra entre las estrellas de su signo natal, Géminis o los Gemelos, y desde que se volvió a mirar los círculos planetarios (Par. XXII,127) hasta este momento el cielo ha girado unos 90 º, del medio al fin, es decir del mediodía al ocaso del primer clima, es decir, en la faja que va del Ecuador a unos 13º hacia el norte y sur, pasando por Etiopía, y como en esta región el día dura una 13 hs. han transcurrido unas 6 horas y media.

Del medio al fin, es el espacio que va de Jerusalén a Cádiz, ya que está viendo desde el cielo algo más allá de Cádiz hacia occidente, donde está el paso de Gibraltar o las columnas de Hércules que Ulises locamente cruzó (recordar Inf, XXVI, 85-111 y nota), y por el otro lado las costas fenicias hacia oriente, de donde Zeus, en figura de toro, raptó a Europa.

Europa, Eurwph, hija de Agenor. Zeus la vio cuando estaba jugando con sus compañeras en la playa de Sidón o de Tiro donde reinaba su padre. Inflamado por su belleza, Zeus se transformó en un toro blanquísimo y con cuerno como de luna creciente; se tumbó a los pies de Europa quien lo empezó a acariciar y finalmente se sentó sobre su lomo. Al punto el toro entra a correr, se interna en el mar, y se detiene en Creta. De Europa Zeus tuvo tres hijos. Minos, Sarpedón y Radamantis. (Ver Inf. V, 4-24 y Nota).

Así Dante, acumula en este sitio dos referencias, una del naufragio de Ulises ejemplo de presunción, y otra del raptor Zeus, ejemplo de seducción, agregando poéticamente, en un conjunto grandioso, a la imagen del inmenso espacio que contempla desde las estrellas, la referencia a un hombre y a un dios, inmenso espacio del ser, y al mismo tiempo extremos morales.

85. Dante está sobre el signo de Géminis, pero el Sol en el de Aries, mediando Tauro, lo que los distancia algo más de una signo, y, siendo ya el ocaso, asciende la negrura que impide a Dante ver los lugares que se verían a medida que giran los cielos.

XXVII,88-102. En tres hermosos tercetos Dante renueva su admiración y arrebato por la Belleza de la que Beatriz es emblema, y que lo ha acompañado desde sus primeros pasos en la Vita Nuova, cuando su alma se abrió a ella por primera vez, y que ahora, cuando más cerca está de la Belleza suprema, más exalta su alma, ebria de plenitud y felicidad. La Belleza pues, como la Verdad y el Bien, son realidades a las que ingresamos progresivamente, a medida que nuestros ojos, libres de impedimentos, se capacitan para verlas. Así como en el demoledor Infierno y en el preparatorio Purgatorio Dante hablaba de virtud y conocimiento, así trata ahora de contemplación de estas realidades, y de su asimilación, pues es a través de ellas que se trasciende a sí mismo.

97. El vigor de la mirada de Beatriz, saca a Dante del signo de Gémenis, el bello nido de Leda, en el que estaba y lo impulsa al noveno cielo o Cielo Cristalino, el cual es el más veloz de todos, y lo es tanto que Dante no sabe en cuya parte está.

Leda, Lhda, hija del rey de Etolia y de Eurítmis, pertenece a la raza de Deucalión. Los Dióscuros, Cástor y Pólux, nacieron de sus amores con Zeus, y son hermanos de Helena y de Clitemestra. Pero Leda estaba casada con Tindáreo, rey de Lacedemonia. La noche en que Zeus se unió a Leda en forma de cisne, ella también se unió a su marido humano, y los dos pares de gemelos que nacieron son atribuidos como sigue: Pólux y Helena a Zeus; Cástor y Clitemestra a Tindáreo. En una de sus múltiples aventuras, Cástor fue muerto, y Polux, herido, fue arrebatado por Zeus al cielo. Pero Pólux no quiso la inmortalidad si su hermano debía continuar en los infiernos, en vista de lo cual Zeus permitió que cada uno permaneciese entre los dioses en días alternados. Esta alternancia de momentos y la ambigüedad divino-humana son parte del simbolismo del signo de Gémenis.

XXVII, 103-120. Beatriz pasa a describir el noveno cielo o cristalino.

106. La naturaleza del mundo se constituye por un centro inmóvil, la Tierra, y los cielos que giran en torno de ella, cada vez más veloces a medida que se alejan, en razón de la velocidad angular, ya que todos se mueven simultáneamente. El noveno cielo es el Primer Móvil, y el que imprime el movimiento a los demás, y les impone su ley suprema, su meta. En la teoría astronómica de Tolomeo, este cielo era necesario para explicar el movimiento del cielo de las estrellas que se retrasaba respecto del Sol - círculo directo - conformando el tiempo que hoy llamamos sidéreo, puesto que las estrellas giran sobre nuestras cabezas 366 veces al año, mientras le Sol lo hace 365 veces, lo que implica una vuelta de menos de 24 hs. del tiempo solar, y así decía Dante en El Banquete, II, III:

Tolomeo luego habiendo notado que la octava esfera se movía con varios movimientos, viendo que su círculo se apartaba del círculo directo, que mueve todo de oriente a occidente, forzado por los principios de la Filosofía, que exige necesariamente un primer motor simplicísimo, supuso otro cielo afuera del Estrellado, el cual haría su revolución de oriente a occidente: el cual giro digo que se cumple en veinticuatro horas, es decir veintitrés y catorce quinceavas parte de otra hora, aproximadamente. Por donde y según él, conforme a lo que se afirma en astrología y en filosofía donde se consideran aquellos movimientos, nueve son los cielos móviles; el sitio de los cuales es manifiesto y determinado, de acuerdo a como es visto, por un arte que se llama perspectiva, y por aritmética y geometría, sensible y racionalmente, y en otras experiencia sensitivas: como en el eclipse del Sol se percibe sensiblemente que la Luna está debajo del Sol, y como, por testimonio de Aristóteles, que vio con sus ojos (según lo narra en el segundo Del Cielo y el Mundo) la Luna, siendo nueva, entrar debajo de Marte por la parte oscura, y Marte estar tan celado que apareció de la otra parte luciente de la Luna, que era hacia occidente.

109. no tiene otro donde. Aquí se acaban los cielos que se mueven y que alcanzan para explicar los movimientos de los astros según el sistema de Tolomeo. Por donde este cielo no está rodeado por ningún otro, sino que en su rededor está un círculo de fuego que llaman cielo Empíreo, pero que es pura luz, inmóvil porque nada necesita, de donde proviene el amor que impulsa al noveno cielo y le da su energía, la virtud que le llueve. Seguía Dante en El Banquete II, IV:

Empero, por fuera de todos estos, los católicos ponen el cielo Empíreo, es decir cielo en llamas o también luminoso; y afirman que es inmóvil porque tiene en sí, según todas sus partes, lo que su materia requiere. Y este es causa de que el Primer Móvil tenga un velocísimo movimiento; porque por el ferventísimo apetito que tiene cada parte de aquel noveno cielo, que es inmediato a aquel, de estar unido a cada una de las partes de aquel divinísimo cielo quieto, se vuelve a él con tanto deseo, que su velocidad es casi incomprensible. Y quieto y pacífico es el lugar de aquella suma Deidad única que se ve a sí misma cumplidamente. Este lugar es de los espíritus bienaventurados, como quiere la Santa Iglesia, que no puede mentir.

112. El Cielo Empíreo ciñe al Cristalino así como el Cristalino a los ocho restantes, y cómo esto ocurre sólo él lo entiende.

115. El noveno cielo, Primer Móvil - el Empíreo es el Primer Motor -, no es distinto de los cielos inferiores, y los demás calculan por él su movimiento y no a la inversa.

118. el tiempo a pesar de todos los cálculos astronómicos, sean tolemaicos o copernicanos, seguirá siendo un misterio, qué es y cómo nace, porque estamos dentro de él y nosotros mismos somos materia de tiempo.

XXVII, 121-144. Contemplando en su mente la magnificencia del universo exclamaba Dante al fin del capítulo citado de El Banquete:

Tal es el soberano edificio del mundo, en el cual todo el mundo se incluye, y fuera del cual no hay nada: y no está en ningún lugar, mas fue formado solamente en la primera Mente, la que los Griegos llaman "Protonoe". Esta es aquella magnificencia de la que habló el Salmista cuando dijo a Dios: "Elevada es tu magnificencia sobre los cielos" (Ps. VIII),

121. Los hombres miserables son incapaces de comprender toda esta gloria cósmica, bien que estén sometidos a las leyes de los astros y de la naturaleza. Siguen bellas consideraciones de la inocencia de la infancia que pronto se corrompe. Beatriz así, después de la invectiva de Pedro contra el papado, se extiende ahora a todos los hombres.

132. bajo cualquier luna, cualquier mes del año.

134. con la lengua entera, ya siendo capaz de hablar desea la herencia de su madre, verla sepulta.

136. Este terceto que ha dado lugar a varias interpretaciones más o menos imaginativas. Digamos que la bella hija, es la Luna, que es reflejo, y por tanto hija, del Sol que trae la mañana y la tarde. Pero queda le problema de la piel blanca que se hace negra, que pensaríamos se refiere la Luna que va perdiendo su brillo hasta ennegrecer en la noche de luna nueva.

Don Enrique de Montalbán imagina que la hija del Sol es la humanidad y dice: Aquí se refiere el Poeta a la naturaleza humana, "la bella hija" del Sol, y dice: Así como la piel humana, tierna y blanca en la niñez, se ennegrece con el tiempo, así también la conciencia inocente y cándida del niño, se endurece y vuelve negra por el pecado.

139. No asombra que estas cosas pasen porque no hay quien mande en Italia.

142. antes que enero salga del invierno. Antes de que enero deje pertenecer al invierno y caiga en primavera. Esto debía ocurrir necesariamente con el transcurso de unos 90 siglos, a causa de la mínima diferencia que existía entre el año solar verdadero y el año según el calendario de Julio César: diferencia que formaba un día cada cien años, la centésima. La reforma gregoriana corrigió, 1582 esa diferencia de tiempos.

144. radiarían tanto. Estas superiores esferas, cercos supernos, finalmente incrementarán su influencia sobre la tierra tanto que se revertirá la pésima situación presente.

Al parecer Dante esperaba una próxima intervención imperial que pusiera término a los desórdenes de Italia, y así los poderes eclesiásticos e imperiales marcharían acordes y haría de nuevo florecer la virtud y la justicia, es decir invertirían la situación, las popas donde las proas, navegando en la dirección correcta, y habrá frutos a cosechar tras el esplendor de las flores.