Notas y comentarios a la Divina Comedia. Paraíso CANTO XXVIII
 

Resumen.
Dante percibe una luz y punto luminosísimo que la vista no puede soportar. Beatriz explica la correspondencia entre los coros angélicos y los nueve cielos, y cómo, al contrario de la consideración humana, cuánto más elevado es el cielo, más divino es y perfecto. Los círculos angélicos estallan en centelleos y cantan Hosanna. El poeta aprende el orden y nombre de las jerarquías angélicas tal como fueron descriptos por Dionisio Aeropagita.

XXVIII, 1-21. La profecía que reveló Beatriz al final del canto anterior, llena de felicidad su alma, y así como se ven las imágenes en los espejos, así recuerda Dante que vio en los ojos de Beatriz aquello a lo que luego se volvió directamente, como dice en la siguiente estrofa.

14. aquel volumen. El inmenso noveno cielo cristalino y primer Móvil.

16. La Divinidad misma es comparada, por su simplicidad e invisibilidad, a un punto pequeñísimo de tan intensa luz que obliga a apartar el rostro; y ejemplifica la pequeñez diciendo que la más pequeña estrella, puesta junto a él, sería inmensa como una Luna llena.

XXVIII, 22-96. Los nueve coros angélicos.

22-39. En torno al punto central de la divinidad, pegadísimo a ella como lo está el halo que rodea a la luminaria que lo crea, que ciñe la luz que lo dibuja, cuando la niebla que lo acompaña es más espesa, el vapor que lleva es más denso, allí el más alto coro angélico giraba a mayor velocidad que el Primer Móvil mismo, o cielo cristalino.

Siguen luego los demás ocho coros de ángeles cada uno más alejado de la primera purísima chispa, y, gradualmente, en la armonía de esta estupenda máquina circular de luz, cada vez más lento, y de menor luminosidad.

Asimismo, a medida que los círculos angélicos de apartan del centro dilatan su anchura, y como ejemplo, se dice que el séptimo es más amplio que el halo del arco iris. (Sobre Iris, "correo de Juno", ver Par. XII, 12 y Nota).

El arco iris, símbolo de la unión del cielo y de los hombres, de la necesaria armonía del espíritu y el cuerpo, es detalle aquí que agrega belleza y felicidad a este magnífico cielo de la divinidad.

40-57. Dante se pregunta porqué el orden de estos círculos angélicos que mejor y más intenso amor demuestran cuanto más cerca están del centro, sigue un camino opuesto a las órbitas planetarias, cuyos giros cuanto más distan del centro de la tierra tanto son más veloces y poderosos.

55. el ejemplo y el ejemplar, refiere a ambos órdenes, y, siguiendo el principio del pensamiento que requiere que los seres de un orden superior sean como modelos y patrón de los inferiores, destaca la contradicción que el ejemplar de los ángeles tenga una disposición opuesta al ejemplo de las órbitas planetarias.

Curiosa situación que responde al sistema planetario tolemaico, porque si hubiera Dante admitido (tuvo también sus dudas como las tuvo Tolomeo) el sistema copernicano, hubiera sabido que cuanto más cerca del Sol se encuentra un planeta más participa de su luz y su calor, y por tanto no hubiera habido contradicción filosófica entre ángeles y astros, sino una perfecta y razonable armonía. El Sol, con su luz, fuerza, belleza y ardor, es el más perfecto símbolo de la divinidad, como lo han entendido muchos pueblos de la historia.

64. La respuesta de Beatriz procede por forma de silogismo escolástico:

Una virtud o energía mayor promete mayores beneficios. Cuanto mayor y más perfecto es un cuerpo, mayor es su virtud. Por tanto el Primer Móvil, que es el más grande de todos los cielos posee la mayor energía y virtud con mayor beneficios, el que más ama y el que más sabe.

Se establece así una admirable sucesión inteligente, que desciende en cascada, donde el mayor es más y el menor es menos.

El aparente problema de Dante residía en su considerar la amplitud en extensión - el más extenso círculo angélico era el menor y el más extenso círculo planetario era el mayor -, pero si hubiera considerado la amplitud cuantitativa de virtud - el círculo angélico más cercano al punto divino es el de mayor poder motor, como también el círculo planetario más cercano al cielo empíreo tiene el poder mayor -, hubiera advertido la armonía de estas inmensas estructuras de virtud, poder e inteligencia.

Con el sistema copernicano, la armonía entre giros angélicos y planetarios es perfecta, pues en ambos casos la energía y bondad procede del centro a la periferia, y la amplitud se expande y se disipa en el mismo sentido.

78. inteligencia. Notar la universalidad de la luz inteligente que inunda la totalidad de los seres espirituales y corporales, desde el mayor al ínfimo.

81. Bóreas, Boreas, dios del Viento del Norte, es hijo de Eos la Aurora y de Astreo, hermano de Céfiro y de Noto, y pertenece a la estirpe de los Titanes, las personificaciones de las fuerzas de la naturaleza. En Europa es el viento frío que procede del norte. La representación corriente es la del rostro de un hombre, que sopla con los carrillos hinchados: cuando sopla del lado derecho de la boca, su más suave mejilla, es el viento del noroeste, que es más templado y trae buen tiempo. Corresponde en la Argentina al viento del suroeste, el pampero, que limpia la atmósfera. Por el contrario el viento del suroeste, el pampero sucio, trae lluvia.

88. Las palabras de Beatriz y la percepción de Dante provocan que los giros angélicos se regocijen y exalten.

91. cada chispa. Cada uno del inconmensurable número de ángeles que compone cada giro. Como término de comparación a tamaña multitud, Dante usa el conocido resultado de duplicar un valor por cada casilla del tablero de ajedrez, lo cual resulta en integral de las 264 casillas (8x8), es decir, 264! = 18.446.744.073.709.551.615

94. Cantan los coros angélicos, que dependen del divino centro, como siempre fue, desde el principio, y como será sin fin.

Ángeles: De ellos decía Dante en El Banquete, II, IV hablando del Cielo de Venus:

Hay que saber, pues, en primer lugar, que los movientes de este cielo son sustancias separadas de la materia, es decir inteligencias, que el vulgo llama Ángeles.

Y más abajo:

Platón las llamó "ideas", que equivale a decir formas y naturalezas universales. Los gentiles las llamaron Dioses y Diosas, aunque no las entendieran así filosóficamente como Platón, y adoraban sus imágenes, y les hacían grandes templos: como a Juno, a la cual llamaron diosa del poder; como a Pallas o también a Minerva, a la que llamaron diosa de la sabiduría; como a Vulcano, al que dijeron dios del fuego, y a Ceres, la cual dijeron diosa de las cosechas. Las cuales cosas y opiniones gozan del testimonio de los poetas que describen hasta cierto punto las costumbres de los gentiles en sus sacrificios y en su fe; y aún se ven muchos nombres antiguos que persisten en nombres o apodos de lugares y edificios antiguos, como cualquiera puede comprobar.

Palabras que demuestran la perspicacia universalista de Dante, quien sabe comprender que, con diferentes nombres y formas, la humanidad ha siempre reconocido la realidad de los principios inteligentes o de inteligencia que gobiernan y dirigen las fuerzas de la naturaleza, y, asombrada y como extasiada de su vital y generosa próvida abundancia de la que depende, les rindió honores y les asignó nombres excelsos.

XVIII, 97-129. Los órdenes angélicos.

97-114. La primera jerarquía más cercana a la divinidad está formado, en este orden, por Serafines, Querubines y Tronos.

Serafín, nombre posiblemente derivado del hebreo saraph, que significa ardiente. De los que decía Isaías:

El año de la muerte del rey Uzzías,
vi al Señor Yavé sentado sobre un alto trono y sublime;
y sus faldas henchían el templo;
sobre él estaban Serafines, de seis alas cada uno:
dos para cubrirse el rostro,
dos para cubrirse los pies,
dos para volar.
Y unos a otros se gritaban:
¡Santo, santo, santo es Yavé de los ejércitos;
llénase toda la tierra de su gloria! Is. VI, 1-3.

Querubín, se dice que deriva del babilónico karibu, que significa el que ruega. Fueron querubines apostados para proteger el Paraíso terrenal:

Y sacólo Yavé Dios del jardín del Edén para que labrase la tierra de la que fue tomado. Echó pues fuera al hombre, y puso al oriente del jardín del Edén querubines y la llama de la espada fulgurante para guardar el camino al árbol de la vida. Gen. II, 23-24.

También Dios ordenó labrarlos sobre el Arca de la Alianza, como se narra en el Éxodo:

Harás también dos querubines de oro, labrados a martillo los harás, en los dos extremos de la cubierta. Hará pues un querubín al extremo de un lado, y un querubín al extremo de lado opuesto; de la calidad de la cubierta harás los querubines. Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas la cubierta: sus caras la una enfrente de la otra, mirando a la cubierta las caras de los querubines. Ex. XXV, 18-20.

100. Siguen en su círculos los ángeles tratando de asimilarse más y más al punto central divino.

103. Alrededor de Serafines y Querubines giran los Tronos. Último círculo de la primera jerarquía.

106. La felicidad angélica y nuestra consiste en la plenitud de la inteligencia que contempla la verdad, donde se aquiete todo intelecto, no en el acto de amar, pero es a través del amor y de los actos que se ilumina la inteligencia. Tema recurrente en Dante, la necesidad de fe, inteligencia, razón, y a su vez de buenas obras, virtud y amor. Ansias de luz y ardor del corazón, dos aspectos de un mismo principio de vida residente en el centro de nuestro ser, simbólicamente en el plexo solar, principio de vida que no podemos analizar en sí mismo sino distinguiendo estos sus dos aspectos.

115-129. Segunda y tercera jerarquía angélicas.

116. La felicidad angélica no padece ocasos, es una eterna primavera, no como la terrena que muere en otoño e invierno, cuando el signo de Aries brilla de noche - porque el Sol está en los signos opuestos -. Y por ello su alegría es un canto interminable, perpetuo hosanna, no como el de las aves que calla cuando llega el invierno.

119. Tres órdenes angélicos, tres melodías, en tres jerarquías, órdenes, una alegría que se hace siempre de tres, se enterna. Tres en tres es nueve, que es el número de la suma perfección para Dante:

De porqué este número fue de Beatriz tan amigo, podría ser ésta una razón: como resulta, según Ptolomeo y según la cristiana verdad, que nueve son los cielos que se mueven, y, según la común opinión astrológica, los dichos cielos obran aquí debajo de consuno conforme a su naturaleza, este número fue su amigo para dar a entender que en su nacimiento todos los nueve móviles cielos se correspondían perfectísimamente. Esta es una razón de ello; pero más sutilmente pensando, y conforme a la infalible verdad, este número fue ella misma; lo digo simbólicamente, y lo entiendo así. El número tres es la raíz del nueve, porque, sin necesidad de otro número, por sí mismo hace nueve, como manifiestamente se ve que tres por tres da nueve. Por tanto si el número tres es por sí mismo factor del nueve, y el factor por sí mismo de los milagros es el tres, es decir Padre e Hijo y Espíritu Santo, los cuales son tres en uno, esta dama fue acompañada de este número nueve para dar a entender que ella era un nueve, es decir un milagro, cuya raíz, es decir del milagro, es únicamente la admirable Trinidad. Tal vez todavía para otra más sutil persona se vería en ello una más sutil razón; pero esta es la que más me acomoda, y que más me place. ( Vita Nuova, XXIX ).

121. La segunda jerarquía está formada por los ángeles llamados Dominaciones, Virtudes y Potestades.

124. En la tercera jerarquía, en los dos penúltimos grados se ubican los Principados y los Arcángeles, y en el último orden se ubican los Ángeles.

XXVIII, 130-139. La secuencia de los coros angélicos fue siempre cuestión disputada.

San Gregorio Magno había dado la siguiente: Serafines, Querubines, y Tronos - Dominaciones, Principados, y Potestades - Virtudes, Arcángeles y Ángeles.

Dante en El Banquete, había ordenado así: Serafines, Querubines, Potestades - Principados, Virtudes y Dominaciones - Tronos, Arcángeles y Ángeles:

... de modo que nueve órdenes de criaturas espirituales la Iglesia sostiene y afirma. El primero es el de los Ángeles, el segundo el de los Arcángeles y el tercero de los Tronos; y estos tres órdenes constituyen la primera jerarquía: no la primera por nobleza, no la primera creada (porque más nobles son las otras y todas fueron creadas conjuntamente), sino primera en cuanto a nuestra subida hasta ellas. Después vienen las Dominaciones; luego las Virtudes; después los Principados: y estos constituyen la segunda jerarquía. Sobre estos están las Potestades y los Querubines, y por encima de todos están los Serafines, y estos son la tercera jerarquía. (Banq., II, V).

133. Gregorio, tan pronto llegó al cielo, abrió los ojos, y se rió de sí mismo al contemplar el orden verdadero de los giros angélicos.

137, un mortal en la tierra, es Dionisio.

DIONISIO AEROPAGITA. Una de las fuentes importantes del pensamiento medieval es un conjunto de escritos designado frecuentemente como Corpus aeropagiticum. Comprende las siguientes obras: De la celeste jerarquía, De la jerarquía eclesiástica, De los nombre divinos, Teología mística y diez Cartas. En ellas el autor se dice discípulo de San Pablo, afirma haber asistido a la muerte de Cristo y a la de María Virgen y otros detalle que no dejan dudas de que quiere presentarse como discípulo de los Apóstoles, identificándose con el Dionisio de los Hechos, XVII. 34, quien fuera convertido al cristianismo por San Pablo cuando predicó en Atenas:

...Pero algunos creyeron (al discurso de Pablo) juntándose a él; entre los cuales también estuvo Dionisio el del Areópago, y una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.

Por tal motivo las obras de Dionisio gozaron de inmenso predicamento en la edad media. Sus escritos aparecen por primera vez en la historia en el año 532, y como está actualmente compuesto contiene fragmentos tomados de Proclo (411-485) por donde, se los considera apócrifos, y hoy es costumbre de llamar al autor el Pseudo-Dionisio.

SAN GREGORIO MAGNO PAPA (540-604). Nacido de una familia patricia de Roma. heredó la cultura tradicional de su país. Fue reformador de la liturgia y del canto eclesiástico que desde entonces pasó a llamarse canto gregoriano. Escribió un libro sobre los deberes del pastor cristiano, otro Comentarios morales sobre el libro de Job, también unos Diálogos que son cuatro libros de leyendas hagiográficas. Libros muy leídos, explotados y citados en la edad media, época que gozó de gran autoridad.