Notas y comentarios a la Divina Comedia. Paraíso CANTO XXXI
 

Resumen.
El poeta contempla en la Cándida Rosa a los beatos y a los coros angélicos, y halla a su lado a San Bernardo, su nuevo conductor, reemplazante de Beatriz que ha regresado a su sede. Dante prorrumpe en un inmenso como himno de agradecimiento. San Bernardo muestra a Dante la gloria celeste y el esplendor de María.

XXXI, 1-51. Continúa la descripción de la Rosa después de su vaticinio condenatorio. Par. XXX, 13.

2. la milicia santa. La naturaleza humana redimida por la muerte de Cristo.

3. mas la otra. La naturaleza angélica, a la que dedica el resto de esta parte hasta el versículo 24, ángeles que circulan por todos los escaños de la Rosa, comparados aquí con las abejas que van y vienen libando su miel.

5. la gloria y la bondad de aquel que la enamora, es decir Dios, alrededor del cual vuelan, y al cual ven y cantan..

12. donde su amor se aloja, el punto divino que permanentemente contemplan en su amor.

16. descendiendo de banco en banco por las gradas de la inmensa Rosa, bajan y de nuevo ascienden desde el punto central divino hasta el nivel más lejano, distribuyendo la felicidad y el conocimiento de que gozan con el movimiento de sus alas, agitando el flanco.

21. no impedían la visión intelectual provista por la luz divina.

26. gente antigua y nueva, los que habían esperado al Mesías antes de Cristo y lo que luego creyeron en él.

28. La Trinidad divina, trina luz, como la estrella Polar los guía, los protege y los satisface, que lo lleva a un grito angustiado por el proceloso mar en que viven los vivos de este mundo.

31-40. Compara su arrobo maravillado, con el de los pueblos bárbaros que llegaron a Roma y contemplaron sus maravillosos palacios e iglesias, especialmente la belleza de la majestuosa de Letrán, superior a todo lo que los mortales pudieran hacer.

31. Bárbaros que vienen de los países del gélido norte, tales playas, donde las constelaciones de la Osa Mayor y Menor nunca se ponen y brillan es su cielo, a las que nombra con la leyenda de Hélice.

HÉLICE, Elikh, una de las dos nodrizas de Zeus niño. Cuando Crono, es decir Saturno destronado por Zeus, las perseguía para castigarlas por haber criado al niño, Zeus las transformó en las constelaciones de las Osas. Otra tradición, que es la que sigue Dante, identifica a Hélice con la ninfa Calisto, la cual, de sus amores con Zeus, tuvo un hijo llamado Árcade, lo que le valió ser expulsada de la virginal corte de Ártemis, es decir Diana. Enterada del adulterio la celosa Hera, la transformó en una fiera osa, a la cual su mismo hijo, desconociéndola, intentó matar. Zeus salva a ambos, y los pone en el cielo entre las estrellas más altas y brillantes, es decir Hélice en la Osa Mayor, y su hijo en la constelación del Boyero, Bootes, situada al este y al sur de la Osa Mayor, por lo cual siempre gira junto a su hijo. (Ver Ovidio, Met. II, 401-530).

Estrellas famosísimas antiguamente, la Osa como guía de navegantes y nómadas, y el Boyero, que cuando amanecía, anunciaba la llegada de la Primavera, son nombradas aquí como gloria celeste y parte del amor y protección del cielo.

39. de Florencia. No sólo del reino temporal de los hombres Dante había llegado al eterno de los cielos, sino de la corrupta Florencia a la justicia y felicidad del reino celeste.

49. Dante se encuentra como en una reunión de una gran cofradía selecta por su honestidad, su veracidad, su amor, imagen ésta celestial de los grupos de los verdaderos iniciados cuando se reúnen, como debía ocurrir a Dante al reunirse con sus Fieles de Amor.

XXXI, 52-78. San Bernardo toma el lugar de Beatriz en la conducción de Dante para ascender a los últimos escaños del Paraíso, contemplar a la Virgen María y ver a la divinidad misma.

SAN BERNARDO DE CLARAVAL (1091-1153) es, cronológicamente, el último de los Padres de la Iglesia, pero uno de los que mas impacto ha logrado. Nacido de una familia de aristócratas, primer abad de Claraval, fue motor de la prodigiosa expansión de los "monjes blancos" o cistercienses, y profundo renovador de la vida religiosa del siglo XII. Perteneciente a una época muy compleja, en la que tuvo lugar un cisma devastador y mutaciones en todos los aspectos de la vida de Oriente y Occidente, apodado "la quimera de su siglo", iniciador de una cruzada, fustigador de príncipes y papas, fue un predicador formidable, escritor de alto vuelo, asceta exigente y un místico de entre los más inspirados. Integrado en su época, proveyó a la orden de los Templarios de su regla y bandera, y de escritos que exaltaran su cometido en la cristiandad.

Dante admiraba en San Bernardo al polemista que denunciaba el lujo de los prelados, al autor de los sermones sobre El Cantar de los Cantares, al luchador por la reforma moral, al consejero del Papa Eugenio III, en fin al devoto de la Virgen María que ahora lo conducirá hasta ella.

67. tercer giro. Beatriz está en el tercer escalón del paraíso, siendo el segundo el de la Virgen María y el primero, sumo grado, Dios mismo.

72. la región que más truena. Gran espacio separa a Dante de Beatriz, tanto como dista lo profundo del mar del altísimo cielo de relámpagos y truenos; sin embargo nada impide la vista, en este cielo de aire purísimo no turbado por mezcla alguna de otra cosa, mixta senda.

XXXI, 79-93. Elogio de Beatriz y oración a ella en estas últimas etapas del camino.

79. en quien vive mi esperanza .. de tu poder y de tu bondad ... Nótense las expresiones de Dante que demuestran que la condición de Beatriz es mucho más que la de una mujer amada por Dante; Beatriz es un poder, ciertamente un instrumento directo de la Providencia sobre Dante, que además tiene potestad para obrar, y es capaz de, en su magnificencia, custodiar a Dante, pues ella, por el camino de los tres reinos, ha hecho sana el alma del Poeta. Beatriz, la Belleza, la Belleza en todo y todas las cosas, que tiene el poder de enamorar a los hombres y transformarlos en devotos del Bien y de la Verdad, de la Virtud y la Sabiduría.

85. de siervo a libertad. El libre albedrío, la potestad de elegir, es común a todos, pero este albedrío puede escoger mal y someterse a la esclavitud de cualquier avidez y cualquier soberbia, las cuales se describen en el infierno donde están quienes han perdido el bien del intelecto o quienes la razón al deseo sometieron (Inf. III, 18 y V, 39). Sin embargo, es posible abandonar la selva oscura y lanzarse en búsqueda de la libertad del espíritu a través de la purificación de los vestigios viciosos y lograr así el ingreso al reino: libertad va buscando, explicaba Virgilio a Catón al ingreso al Purgatorio: (Purg. I, 71, y nota). La libertad es el resultado de nuestros esfuerzos y no una condición gratuita de nuestra existencia.

XXXI, 94-111. Presentación de San Bernardo, santo fiel servidor de la Virgen, la reina del cielo.

103. tal vez de Croacia. Dante, que necesita de alguien que, viniendo de lejos, o tal vez de más lejos, no haya visto nunca una ciudad de la magnificencia de Roma, elige a un croata, que es como elegir a un provinciano de una región poco significativa entonces, y por la lengua bien extranjero.

104. Verónica. Este sudario, llamado de Verónica o Berónica, nombre dado por el libro Acta Pilati ("Los actos de Pilato", libro considerado apócrifo) a la mujer que padecía de hemorragia y que fue curada por Jesús, se creía - todavía hoy se discute su antigüedad y autenticidad -, mostraba el Santo Rostro pues había sido utilizado para envolver el cuerpo de Jesús muerto en la Cruz, y se hallaba depositado en un templete de la entonces existente basílica vaticana.

109. Dante queda extasiado admirando el rostro de San Bernardo quien, todavía en vida mortal, había llegado a tan alto nivel de meditación, contemplando, ya había presaboreado la felicidad paradisíaca.

XXXI, 112-142. San Bernardo despierta a Dante de su concentración y le indica que deje de observarlo, antes que vuelva la vista hacia arriba donde está el trono de la Virgen.

118. Alzando la vista, como lo hace el quién mira del valle a la cumbre de un monte, Dante mira a la cima del Paraíso, el extremo, y allí, en su contemplación intelectual, observa la mayor luz del reino de los cielos, cuyo esplendor compara con la luz del amancecer, más brillante, que la luz del ocaso.

124. aquí. Como en la tierra, al alba, se espera que salga el Sol, el timón que mal guió Faetón (Ver Inf. XVII, 106-114 y Notas), y la luz se derrama en cadencias desde el brillo de oriente hasta la suave penumbra de occidente, allá y acá la luz se va perdiendo, así en este Paraíso, en el centro fulgía la llama que se iba moderando descendiendo por las gradas.

127. oriflama. Bandera bermeja constelada de estrellas y de llamas de oro terminada en dos o tres puntas, originariamente enseña de la abadía de Saint- Denis, y del siglo XII al XIV enseña militar del rey de Francia. Aquí está por símbolo de llamarada, luz inflamada de luces.

130. en aquel centro, donde estaba la Virgen. El bello relato continúa desplegando un espacio angélico lleno de juegos y alegría.

134. un belleza, la Virgen misma, que es presentada, nuevamente en aquello que reside el numen de Dante, aquello que descubrió desde su infancia, como la Belleza suma, de mujer, de madre y esposa de la vida misma del espíritu, del Cristo eterno.

139. Cumplido su objetivo de dirigir la atención de Dante, ahora San Bernardo vuelve los ojos con tal ardor que aún más inflama el alma del Poeta.