| Notas y comentarios a la Divina Comedia. Purgatorio Canto I |
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Resumen
I, 1-12. Habiendo salido del fétido Infierno, por nuevas y más felices aguas, Dante nos introduce en el sendero de la purificación del alma, a nosotros, los que estamos en el camino hacia la mayor dignidad humana simbolizada por el Cielo. LAS
MUSAS, MOUSAI, son hijas de Mnemosine, o sea
la memoria, y de Zeus, principio de la vida y de la luz. Para Dante no
hay ciencia ni poesía sin memoria, pues allí se almacenan las imágenes
de las intelecciones. Otras tradiciones las hacen hijas de Harmonía o
de Urano y Gea (el Cielo y la Tierra), genealogía que insiste en las características
musicales, armónicas, divinas y terrenas, del arte. Las Musas no sólo
deleitan a Zeus con sus cantos, sino que presiden el pensamiento en todas
sus formas: elocuencia, persuasión, sabiduría, historia, matemáticas,
astronomía, que componen las siete artes liberales del medioevo. Musas
e inspiración son equivalentes, en su doble aspecto, compañeras de los
conductores de hombres (reyes, héroes) cuyas palabras inspiran y dulcifican
sus actos para el logro de la felicidad y paz de los pueblos, y de los
instructores del alma, los poetas y cantores, que guían a los hombres
recordando las proezas, los vicios y las virtudes. El primer canto de
las musas fue para celebrar la victoria de los Olímpicos guiados por Zeus
contra las fuerzas primitivas y telúricas de los Titanes. LAS URRACAS O PICAZAS. Las Piérides eran nueve doncellas, hijas de Piero de Pela y Evipe, muy hábiles en el arte del canto, que se atrevieron a rivalizar con las Musas. En la competencia, donde las Ninfas oficiaron de jueces, Calíope se destacó en un canto en honor a Proserpina y fue juzgada, sin lugar a dudas, vencedora. Las Piérides, despechadas, se burlaron de las Musas, y éstas las convirtieron en Urracas, pájaro ladrón y vocinglero (Ver Ovidio Met. V.). Dante las visualiza bajo el golpe de la victoria de las Musas, y sin esperanza de remisión. I, 13-18. Siendo el primer giro el primer cielo de la Luna, la bóveda celeste que observa Dante está en el medio, debajo de la Luna, en el mundo sublunar. Sobrecogido por su belleza al salir de las tinieblas infernales, Dante le prodiga adjetivos que simbólicamente se refieren a la tarea a realizar en el Purgatorio: es oriental, de donde procede la luz; es del color del zafiro, piedra durísima, que como el diamante, simboliza estabilidad, firmeza y belleza; a todo lo cual agrega el epíteto de dulce, como el dulce stil novo, que añade calor, amor y gentileza. Cierra este hermosísimo terceto acentuando la pureza y amabilidad, dilecto, de este cielo, que se confronta con la característica de muerto del Infierno. Es decir que ahora empieza la segunda vida o renacimiento, luego de haber pasado por la muerte del mal y de la ignorancia. I, 19-21. Todavía no ha amanecido, pero en oriente brilla el lucero matutino, el planeta Venus, la pequeña Fortuna astrológica, el señor del amor, la benevolencia, el placer y de la entera naturaleza. Porque Venus, la Afrodita de los griegos, fue hija del Cielo y del Mar: cuando Saturno, para arrebatarle el trono a Urano (el Cielo), lo castró con una hoz, el semen de Urano cayó sobre el mar formando una espuma blanca, de la cual nació Venus bellísima, coronada de aves y flores, que los Céfiros llevaron primero a Citera y luego a Chipre, donde la recibieron las Estaciones u Horas, y, vestida, ataviada y embellecida por ellas, fue conducida a la morada de los inmortales. Siendo el mar símbolo del caos inicial fecundo, y el semen de Urano, el espíritu celeste vivificador, apropiadamente Venus es nombrada aquí, después del Caos infernal, en el lugar donde, a través de la purificación, se dará nacimiento a una nueva criatura poseedora de una nueva vida. Han pasado pocos días de la salida de la selva oscura, cuatro días según algunos comentadores, y Venus precediendo al Sol se encuentra en Aries, a pocos grados sobre el horizonte, y como detrás de Aries nace en el horizonte Piscis, los Peces, dice Dante que vela o ensombrece con su luz a las estrellas de esta constelación. Otro buen simbolismo, pues Aries es el símbolo de todo la que comienza - la Creación tuvo lugar bajo este signo (ver Infierno I, 37-40) - , mientras que Piscis tiene relación con el Caos tenebroso, cuando Dios separó la Luz de la Tiniebla, y fue el primer día. I, 22-27. Dante estaba mirando hacia Oriente, y cuando, en América del Sur, miramos hacia el Este y de allí nos volvemos a la derecha, contemplamos el Polo Sur, y si todavía no ha amanecido, vemos las cuatro estrellas de la Cruz del Sur, que los habitantes del hemisferio Norte no pueden ver, pero que sí vieron la primera gente, Adán y Eva, que estaban en el Edén, en la cumbre de esta montaña. El planeta inunda de alegría al Cielo y a Dante, pues es quien fortalece, conforta, el amor. Es tan clara la forma en la que se expresa Dante que, creemos, es superflua la disputa de si Dante sabía o no de la existencia de estas estrellas. Por otra parte, bastaba acercarse por Egipto hacia las cataratas del Nilo, para poder verlas, y por tanto, por boca de los viajeros que hubo siempre en toda la historia hasta en los más remotos lugares, traer noticia de ellas a Europa, y posiblemente, como todavía hoy ocurre, magnificando el brillo de la constelación. I,
28-39. Encuentro con Catón, regente de la playa y bajíos de la montaña
del Purgatorio, del cual dice (I, 66) que está bajo el dominio de Catón.
...En un lugar apartado y sagrado, Lucano en su Farsalia (IX, 513) destaca la figura sagrada de Catón al que le hace decir:
...en el silencioso templo, nada hacemos que no quiera Dios... Dante destaca el carácter venerable de Catón describiendo su aspecto, y haciendo notar el esplendor luminoso de su rostro que atribuye al reflejo de las cuatro estrellas santas, que representan el cuaternario, símbolo de la expansión terrestre de la virtud y el conocimiento, en su doble aspecto, moral, representando a las cuatro virtudes cardinales: Justicia, Prudencia, Fortaleza y Templanza, y a los conocimientos fundamentales: Aritmética, Geometría, Música y Astronomía-Astrología. (Sabido es que en la antigüedad, la astronomía representa la materialidad del estudio del cielo, mientras que la astrología contempla el especto psíquico y espiritual de las estrellas: todo lo englobaban bajo un solo nombre de astronomía). I, 58-63. En el bello resumen que Virgilio hace a Catón del viaje infernal, vale la pena notar que Dante había estado muy cerca de perderse en la selva oscura, y que Virgilio insiste que para salvarlo no había otro camino que mostrarle la perversa gente. I,
70-84. Cumplida la explicación del motivo del viaje y de quien lo apadrina,
ahora, como lo cortés no quita lo valiente, Virgilio se prodiga en halagos
a Catón: le recuerda su gloriosa muerte que le otorgará gloria en el juicio
final; le informa que él está en el limbo de los justos donde se halla
Marcia su amada esposa y se atreve a decirle que al parecer le es siempre
constante en su amor; y , si lo permite, que informará a Marcia de su
encuentro con Catón. Nótese
el "libertad va buscando", pues Catón fue puesto aquí
por Dante como símbolo del Purgatorio, lugar del logro de la perfecta
libertad por la virtud y el conocimiento, como emblema del viaje de Dante
hombre vivo en los celestes reinos, y para nosotros que los recorremos
con él, y que también necesitamos liberarnos de la miseria y la ignorancia.
La perfección a lograr es vista como una liberación, como el logro de
una nueva inocencia desprendida del error y del mal, como los niños cuyo
es el reino, como la búsqueda de la paz profunda de los auténticos rosacruces,
como la íntegra verdad que nos hará libres. En el verso 82 se establece por primera vez que el Purgatorio se compone de siete gradas, giros o reinos. I, 85-93. Catón recuerda a su esposa, que vive más allá de los ríos infernales y cuyo recuerdo ya no puede emocionarle. Donosamente se desprende de las lisonjas virgilianas, porque basta el patronazgo de Beatriz. I, 94-108. Comienza la liturgia del ingreso a este como templo sagrado de la perfección, para poder presentarse ante el ángel de la puerta. Primero la ablución por el agua, que es despojarse de los secuelas de la meditación del mal, y el ceñirse la cintura con el maravilloso junco que concede la fortaleza necesaria para el viaje. La sabiduría no se puede lograr sin una actitud dócil y reverente para con las intuiciones intelectuales, por lo que se nos recuerda, que en esta playa no crecen plantas de tronco rígido, sino admirables tallos que secundan, acompañan, las suaves ondas del agua de la luz. I, 109-114. Brevemente se nos indica la solemnidad del momento. Catón se ha ido y están nuevamente solos y silenciosos en la solitaria ladera del monte. Dante se alza reverente, se allega a Virgilio y lo mira esperando órdenes. A lo cual se le indica: sígueme, ven conmigo. I,
115-129. Retroceden abajo como quien regresara el camino en vano. En un
lugar sombrío, Virgilio empapa las manos en el rocío del Cielo, y con
él lava el rostro de Dante. I, 130-136. El rito se cumple con la imposición del cinturón del dócil junco. |