| Notas y comentarios a la Divina Comedia. Purgatorio Canto II |
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Resumen. II,
1-9. Como Dante pone a la ciudad de Jerusalén en las antípodas de la montaña
del Purgatorio, entonces: el Sol se ponía en Jerusalén, junto al horizonte,
por el oeste, y por tanto la noche, que surge del lado opuesto al Sol,
estaba surgiendo en el Ganges, en el este; y como sabemos por Inf. Canto
I, que el Sol se halla en Aries, se sigue que la noche está en el signo
de la Balaza, Libra, contrario de Aries. Al avecinarse el verano, cuando
el día es más largo, se alarga, entre los platillos de la Balanza,
sus manos, la noche se escapa y nace en Virgo. Como está naciendo
el día en el Purgatorio, donde yo estaba, la Aurora está abandonando
la palidez del alba y tornándose anaranjada. II, 10-24 Cuando Marte está en oposición al Sol es cuando más brilla al atardecer por estar herido por la luz de frente, como la Luna llena, y se lo ve grande y rojo. Así veía Dante venir una luz, y tan veloz que, cuando un instante Dante aparta la vista, la reencuentra mucho mayor y más brillante. Finalmente logra distinguir que se trata del Ángel y su barca de almas recién llegadas. II, 46. Este breve y bellísimo Salmo (el 114), que Dante gusta citar, como lo hace en el Banquete II, I, 6 y en la Epístola X al Gran Can para exponer los cuatro sentidos que tienen sus escritos, es cantado aquí por las almas que llegan al Purgatorio en relación a su liberación, como el pueblo de Israel de Egipto: Cuando
salió Israel de Egipto, El
mar vio y huyó, el Jordán se volvió atrás, En
la presencia del Señor tiembla la Tierra, donde se puede anotar que las sombras vienen, como nuestro viajero del Infierno, de un pueblo bárbaro, el mundo que dejaron, y que purificados, se harán santuario y propiedad del Señor. La liberación es causa de inmensa alegría y sorpresa para toda la naturaleza, tanto, y como para subrayar la novedad de la nueva vida, el mar refluye y el río invierte su curso. Tiembla la tierra ante tan magno evento, y, de donde no las había, surgen las aguas de la virtud, de la sabiduría y de la paz profunda. II, 52-66. Estamos en la playa del monte, junto al mar que lo rodea por donde vino la barca del ángel. Los viajeros y los recién llegados desconocen el camino de subida y así será hasta que ayudas providenciales no lo indiquen. Podemos preguntarnos porqué es así, porqué tan arduo tiene que ser hallar la ruta, porqué lo imaginó Dante así, cuando en el Infierno lo primero que se encontraba era la puerta, y el barquero entregaba en destino. Estamos como en un inmenso salón de pasos perdidos de un gran palacio con varias puertas y escaleras que ignoramos a donde conducen, aunque sabemos que queremos entrar al banquete, y así el alma se expande en ansiedad, amplitud, expectativa y, en lo que se busca, estado de alerta y disponibilidad. Todo lo más apropiado excitar a la búsqueda y para iniciar la nueva vida. 57. ..echado a las Cabras.., otro nombre del signo de Capricornio, que ha sido desplazado a occidente. Al amanecer el signo de Aries estaba en el ascendente, Libra en el poniente y Capricornio en el Medio Cielo, en el cual ahora, al medio día, está el pujante Aries, en el poniente, yéndose hacia la noche, el severo Capricornio y en el ascendente el maternal Cáncer. Recuérdese que los signos del zodíaco forman un rueda y que en el movimiento diurno giran como las agujas del reloj. II, 67-75. Las sombras se agolpan alrededor de Dante, como los aldeanos se apretujan alrededor del lector del bando. 75. ...olvidadas de hacerse bellas... Las almas del Purgatorio no son llevadas por una providencia omnipotente, sino que depende de ellas la actitud a tomar, como en la tierra, bien que libres ya de las seducciones infernales. Inclusive, más adelante, se nos dirá que un alma sale del Purgatorio cuando ella misma se percibe suficientemente purificada para ir al Cielo. Éste es un rasgo que señala, una vez más, que Dante está hablando de nosotros, de los vivos y de lo que de nosotros depende, figurándolo con el símbolo de las almas penitentes. II, 76-90. Encuentro con su amigo entrañable: Casella, músico y cantor florentino muerto a comienzos del 1300. A Dante mucho le agradaban las canciones y al respecto dice el Bocaccio: "Mucho se deleitaba en músicas y cantos en su juventud, y de cada quien, que en su época fuera óptimo cantor o músico, se hacía amigo y de trato habitual; y muchas letras compuso para este agrado, las cuales, a estos compositores, les hacía las revistieran de deleitables y magistrales notas". Su intento de abrazar a Casella, que es una fluida sombra, fracasa y sólo abraza aire, por éso las llama vanas, pero solamente vanas en la figura. II, 92-105. La pregunta por la demora se debe a que Dante, sabiendo que ya hace tiempo ha fallecido, se extraña que recién ahora llegue. Casella responde que le tenían demorada la entrada, pero que ahora pudo ingresar gracias a que, al acercarse el fin de siglo, como se acostumbra, el Papa dictó una bula (navidad 1299) confiriendo indulgencia por la que las almas son admitidas sin más al Purgatorio. Dante ha imaginado que las sombras se demoran un tiempo en la boca del Tíber sobre el mar, donde sus aguas de sal se impregnan, antes de que se les permita llegar a la playa del Purgatorio. Casella se había resignado a quedarse allí en espera, pero lo alcanzó la indulgencia jubilatoria. El ángel va y viene entre la boca del Tíber y el Purgatorio. II, 106-117. Dante le pide a Casella una canción que calme las fatigas de su alma, lo cual a todos embelesa y deja en suspenso. El verso que entona Casella corresponde al comienzo de la canción, base de los comentarios de Dante en El Banquete (Il Convivio) Tratado III, cuyo primeros versos dicen: Amor
que en la mente me razona donde Dante se está refiriendo al amor que nace en el intelecto y que lo mueve de una manera inefable, y su conciencia y razón, que percibe lo que el intelecto ve, no lo puede expresar adecuadamente. Aquí la canción corresponde a la alegría indefinible de quienes comienzan el camino de su perfección, y es tan intensa la concentración en la belleza, que nadie atiende a otra cosa. II, 118-133. Pero basta ya de autocomplacencia en la propia satisfacción. El severo Catón y su reprimenda desprende a las sombras de su encantamiento y las lanza en la búsqueda de lo que todavía no saben qué es ni cómo se llega. San Juan de la Cruz, solía decir, de la prosecución de la vida nueva: Si
vas en busca de lo que no sabes, como advirtiendo que la nueva vida a lograr es algo que está más allá de lo que podemos pensar antes de lograrla. |