| Notas y comentarios a la Divina Comedia. Purgatorio CANTO XIV |
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Resumen. XIV, 1-15. El canto se abre con un diálogo de dos sombras: la que habla es Guido de Duca, que solicita se presente Dante pues les maravilla su condición de ser vivo. XIV, 16-42. Dante relata cual es su patria por referencia al río Arno, el cual nace como un arroyuelo en el monte Falterona en los Apeninos toscanos. Se excusa de dar su nombre diciendo que todavía no se ha difundido. 28-42. Guido compara la desquiciada naturaleza de los florentinos al río Arno que va desgranando sus aguas a su paso. 32. ...de donde se separó el Peloro... Cuenta un comentarista acerca de la separación de Sicilia del continente:: La montaña de los Apeninos solía antes continuar hasta Sicilia, como todos los autores dicen, pero escindida fue por un terremoto o por el ímpetu de los dos mares, a saber el Adriático y el Tirreno, en el lugar donde ahora está el faro de Mesina. La montaña que quedó del lado de Sicilia fue llamada Peloro por Peloro gobernador de Aníbal. El macizo de Falterona, donde pleno de agua nace el Arno, es tan alto que en pocos lugares otros picos lo superan. Otros interpretan que está tan lleno de agua que pocos otros lugares lo están tanto. 34. Finalmente el Arno se arroja en la marina de Pisa donde restaura las aguas que el Sol ha evaporado, vapor que luego descendiendo en forma de lluvia da el agua que los ríos acarrean. Así como el agua va corriendo de un lugar a otro y en ninguno se detiene, así la virtud se escapa de todos los florentinos como si fueran serpientes, sea por un mal destino del lugar, sea porque las malas prácticas los lleva al vicio. 40. Los florentinos están tan envilecidos que más parecen animales que seres humanos, como ocurrió con los compañeros de Ulises en manos de Circe. Circe, kirkh, célebre maga de los relatos homéricos. Desempeña un papel importante en la Odisea y en las leyendas de los Argonautas. Es hija del Sol y de Perséis, o según otros hija de Océano o de Hécate. Es hermana de Eetes, rey de Cólquide y guardián del Vellocino de Oro y de Pasífae, esposa de Minos. Habita en la isla de Ea que, según la Odisea, se encuentra en Italia donde hoy está el monte Circeo que domina las Marismas Pontinas, cerca de Gaeta. Allí llega Ulises proveniente del país de los lestrigones. Envía la mitad de su tripulación a investigar el lugar, y allí descubren un magnífico palacio. Entran en él, con excepción de Euríloco que queda como observador, y son bien acogidos por la dueña, la maga Circe, quien los hace participar de un banquete. Una vez probados los manjares, Circe los va tocando con una vara y los transforma en diversos animales de acuerdo a la tendencia del carácter y naturaleza de cada uno, y los encierra en el establo. Euríloco informa a Ulises, quien por indicación de Hermes se provee de una hierba llamada moly que mezclada con la bebida le hace inmune a las artes de Circe. Ulises amenaza con matar a la maga, y ésta entonces devuelve a los marinos su anterior naturaleza. Ulises pasa un mes de delicias con ella, y de ella tiene un hijo. Circe, a partir de entonces se convierte en su protectora, y es la que le recomienda descender al Averno para que el adivino Tiresias le indique el camino de regreso a su amada isla de Itaca. No deja de tener relación esto con lo que venimos observando, pues Ulises ignora el camino de regreso y requiere de la videncia de Tiresias, como las sombras del Purgatorio, que también ignoran donde comienza el sendero. XIV, 43-67. La imagen de Circe, sirve de introducción a las figuras de animales que aplica Dante a los toscanos de su tiempo, de acuerdo a los sitios por donde pasa el río Arno. 43-45. El Arno nace en la región del Cosentino, cuyos habitantes son también identificados por los condes Guidos de Porciano, cuyo castillo está al pie del Falterona. Tal vez el apelativo Porciano llevo a la comparación con cerdos. 46-48. El río venía descendiendo de norte a sur hasta Arezzo donde dobla y vuelve sobre sus pasos hacia Florencia, tuerce desdeñosamente el morro. Mas gritones que efectivamente agresivos, los aretinos, pequeño pueblo y sin un gran ejército, se decía que ladraban como los perros. El lema de la ciudad concuerda: No pocas veces un perro pequeño contiene al jabalí, lo que cuadra con lo dicho. 49-51. El río, la maldita fosa, aumenta su caudal a medida que, descendiendo hacia el mar, recibe afluentes de los montes Pratomagno y Chianti, y tropieza entonces con los habitantes, güelfos florentinos, que de perros se han hecho lobos entusiastas de guerras y rapiñas. 52-54. El río, ya en cauces más profundos, se dirige y pasa por Pisa. Sus habitantes, de astucia proverbial, son comparados con zorros por su malicia y sus fraudes. 55-67. Dirigiéndose a Rinieri, Guido se refiere a su sobrino, Fulcieri de Calboli, que siendo podestá en Florencia cumplió, cínicamente, las venganzas de los Negros contra los Blancos. Se citan su ferocidad y crueles venganzas contra los ciudadanos de la parte blanca y gibelina, e hizo arrestar a muchos de los que dice la crónica: Juzgó a los presos y hizo que los decapitaran; y a todos los de la casa de los Abati hizo condenar como rebeldes y destruir sus bienes: de donde surgió una gran tribulación en la ciudad, de lo que siguieron grandes males y escándalos. Como se acostumbra con las bestias, vende a sus cautivos y luego los mata. Los Negros compensaron la venganza y las confiscaciones de bienes manteniéndolo otro semestre en su cargo. Vencido en un encuentro, fue juzgado y condenado a tortura de látigo, y el juez lo encerró en el palacio clausurando puertas y ventanas para que el pueblo lo pudiera ver bajo tortura. Luego fue decapitado con sus compañeros en 1303. Como podestá lo siguieron otros no menos crueles, que castigaron a sus adversarios con penas pecuniarias, y a otros decapitaron, o condenaron a horca, a hoguera o al exilio. Las consecuencias de tales violencias y arbitrariedades obstaculizó la reconciliación de los habitantes, y por mucho tiempo se incrementaron los daños morales y económicos, transformando a Florencia e una triste selva. XIV, 81-87. Guido del Duca, de la familia de los señores de Bertinoro, juez en Faenza y en Rímini de 1195 a 1199. Expresa cómo estaba dominado por la envidia y que sus descendientes le pagaron de igual forma. 86. La expresión se refiere a que el estar en posesión de una carga pública excluye a que otros de la misma familia puedan participar. Literalmente dice, con expresión jurídica de entonces: donde se impone familiar excluido. Mas adelante, en el canto XV, 44 y ss., interpretará que los bienes mundanos no se pueden participar sin pérdida de valor, pues cuantos más son los que participan menor es la porción de cada uno. Pero aquí, precisamente luego de nombrar a sus descendientes como similares a él, parece referirse a la envidia y codicia que contagió a su parentela. La figura jurídica aparenta decir, ¿porqué mis parientes no me dejaron solo en el mal de mi envidia sino que también quisieron compartirlo? Deberían haberse excluido. XIV, 88-96. Rinieri, güelfo de la familia de los Paolucci de Calboli. Fue podestá en Faenza, Parma, Ravegna. En las luchas por el municipio de Forli, se apoderó de él 1192, fue expulsado de allí dos años después y volvió en 1196. Pero el ejército de Forli lo asedió en su castillo de los Calboli, y le dio muerte después de apoderarse del castillo. Guido pondera su valor y honor que nadie de su parentela ha heredado. Pero nada se dice de su envidia, razón por lo cual está en este círculo. 92. El río Po, los Apeninos, el mar Adriático y el río Reno son los límites de la Romania: los versos pues aluden no sólo a los descendientes de Rinieri sino a todos los habitantes de la provincia, los cuales se han infamado tanto que aunque quisieran cultivarse se requeriría demasiado tiempo para que fueran menos perversos. Sobre este canto, que en la sucesión de los círculos sigue a los soberbios y está antes de los iracundos, cuyo tema es la envidia cuyo remedio es el amor, Dante va transfiriéndose a la degeneración, valga la redundancia, de las generaciones sucesivas. Ya desde el principio, a través de la descripción del curso del río Arno, insinuaba la secuencia del tiempo y del empobrecimiento, o del engorde del río, símbolo de la gente grossa o embrutecida. Ahora, y sobre todo en los versos que siguen, desarrolla esta realidad histórica del incremento de la maldad, a partir de una era dorada que no logra engendrar a semejantes, sino a peores. No es casual que, en este tema de la envidia, la mirada se expanda a la decadencia de los pueblos. ¿Acaso no había puesto en el Canto I del Infierno a la envidia como raíz de todos los males en la figura de la fiera loba que, fatal e invenciblemente, impedía el paso? ¿Y acaso no reclamaba Dante la necesidad de la venida del Lebrel que repondría a todas las cosas en su lugar para establecer una era de oro y recomenzar otra vez? El entero objetivo de Dante en sus escritos es llevar a sus lectores a ese estado feliz de virtud y sapiencia, a la gentileza y la cortesía de quienes se respetan mutuamente en el amor fraternal. Prueba, una vez más, de la polisemia, de la pluralidad de sentidos que encara Dante en sus obras, donde como hábil artesano, nos va llevando de una cosa a otra, y, como todas esas cosas están en una relación secreta entre sí - y una no puede darse sin la otra -, nos absorbe en la admiración y maravilla que nos embarga ante la grandeza de su casi inconcebible ingenio, y que nos hace presentir una sabiduría de la que carecemos y a la que ansiamos llegar. XIV, 97-123. Guido pasa ahora a explayar su lamentarse de la progresiva maldad que invade a Italia recordando con nostalgia épocas mejores y gloriosas. Se citan nombres de los cuales en la historia minuta no queda demasiada información. Dante, ecuánime, rinde honor a güelfos y gibelinos sin distinción. 97. Licio, güelfo, señor de Valbona, recordado por Bocaccio: ...existió en la Romania un caballero muy de bien y cortés, que se llamaba maese Licio de Valbona (Decam, V, 4) ..Arrigo Mainardi, de Bertinoro, amigo de Guido del Duca. Fue hombre prudente, magnífico y liberal. 98. Pedro Traversaro, gibelino, señor de Rávena del 1218 al 1225. Guido, conde de Carpigna, fue güelfo que luchó contra Federico II y fue podestá de Rávena. Virtuoso y espléndido, casó a su hija con Esteban, rey de Hungría. 100. Fabro de los Lambertazzi, jefe de los gibelinos de Bolonia y Romania. Por su rectitud fue nombrado podestá de Viterbo, Pisa, Faenza, Brescia, Modena, Forli, y tanto se elevó que casi llegó a ser señor de Bolonia. Murió en 1259. 101. Bernardino de Fosca, de Faenza, de familia humilde, pequeñita simiente, alcanzó lustre por su valor y cortesía. Fue podestá de Pisa en 1248 y al año siguiente en Siena. Hugo de S. Ciro, trovador lo celebra por haber defendido a Faenza contra Federico II: Por su virtud honrado en la patria, a él no se avergonzaron los nobles de Faenza de acceder para oír sus buenas palabras y bellos dichos: y alegaban que sus palabras eran morales y dignas de ser notadas. 103. Tosco está por toscano, ya que Guido se está dirigiendo a Virgilio. 104. Guido de Prata, también de humilde condición social, llegó a ser el valeroso y liberal señor de su ciudad natal. 105. Ugolino de Azzo de Faenza, alto personaje de la familia de los Ubaldini de Toscana, , pero vivió en Romania, por donde dice vivió con nosotros. 106. Federico Tiñoso noble de Rímini, cuya casa fue siempre liberal y abierta para los amigos, brigada, que reunía a los gentiles hombres de su tiempo. Al parecer se le decía Tiñoso por antífrasis pues poseía una hermosa cabellera. 107. La casa Traversara familia de Rávena conocida por su parentesco con príncipes y soberanos y alabada por los poetas. Anastagi otra noble familia de Rávena. Ambas familias carecieron de herederos. 109. Guido del Duca recuerda con nostalgia la época cuando en esa misma Romania donde ahora los hombres se han hecho tan malvados, existió una generación llena de los ideales de la cortesía y plena de la lírica provenzal y del nuevo estilo poético, que reflejaba aquella juventud virtuosa, gentil, civilizada y culta. 112. Bertinoro ciudad entre Cesena y Forli, cuyas familias nobles la abandonaron para no caer fatalmente en la maldad reinante. Guido arenga a la ciudad para que también desaparezca de la región. 115. Bagnacavallo, Conio y Castrocaro son castillos de la Romania, nombrados en lugar de sus señores de quienes dice que hacen bien quienes no tienen herederos porque no tendrán que dolerse de una descendencia indigna. 118, Los Pagani, señores de Faenza, bien harán de no tener descendencia, luego de muerto en 1302 su malvado padre, su demonio, Maghiardo Pagani, hombre de pésimas costumbres, pero sin embargo no quedará buena memoria del nombre a causa de la maldad del padre. 121. Por último felicita a Ugolino de Fantoli, virtuoso caballero de Faenza, señor de castillos en el valle de Lamone y del Senio. Tuvo dos hijos que murieron antes del 1300. Solo le quedaron hijas, por lo que su nombre no podrá ser empañado por la común degeneración. XIV, 127-141. Hienden el aire voces de ángeles que repiten uno las palabras de Caín luego de que Dios hiciera manifiesto su crimen:
...Y dijo Caín a Yavé: Grande es mi iniquidad para ser perdonada.
La otra voz nombra a Aglauro, Aglauros, fue amada de Ares de quien tuvo una hija, Alcipe. Tiene dos hermanas, Herse y Pandrosa. Cuenta Ovidio, que Mercurio, paseando por Atenas presenció a las jóvenes atenienses realizando un antiguo rito en honor de Palas Atenea, patrona de la ciudad. Entre ellas, destacándose por su belleza, se hallaba Herse, de la cual se prendó el dios apasionadamente. Aglauro, que era avariciosa, ofició de celestina a cambio de mucho oro de Mercurio, pero acabó impidiéndole la entrada y echándolo del palacio. Finalmente Aglauro, inflamada ahora de envidia por su hermana, persistía en su oposición, pero Mercurio con un solo toque de su caduceo abrió las puertas. ...Aglauro
quiso resistir, pero se nota como petrificada. XIV, 142-151. El duro castigo de la envidia, ser odiado por los hombres y endurecerse el corazón como piedra, debería bastar para detener a los hombres. Pero llevados de pasiones, dan ocasión para que el demonio los arrastre a la perdición. Las bellezas del cielo, sus estrellas que son los símbolos de los estados superiores del alma, siempre presentes rondando nuestro espíritu, no las miráis, pero claváis los ojos en la tierra y en sus delicias: seréis abatidos por el que todo lo ve. |