Notas y comentarios a la Divina Comedia. Purgatorio CANTO XVII.
 

Resumen.
Reaparece el Sol entre los últimos humos. Conceptos sobre la fantasía que absorbe a Dante y le muestra ejemplos de iracundos: Procne y Filomena, Amán, la reina Amata. El ángel con su resplandor despierta a Dante de su ensueño, y limpia en la frente la tercera "P" . Virgilio explica el amor natural y el del alma. Las tres primeras formas de querer el mal del prójimo ya vistas. La cuarta, la de los acidiosos o del lento amor, que se purga en este cuarto giro.

XVII, 1-9. Mientras van saliendo de la niebla de los iracundos, Dante ve reaparecer el Sol, gradual y veladamente. Siempre se supuso que los topos eran ciegos, pero parece que lo cierto es que tienen ojos pequeñísimos, habitualmente recubiertos de piel, por lo que Dante dice que ven a través de la piel.

XVII, 10-18. Precediendo el relato de las fantasías que han de surgir en su mente, Dante, que viene saliendo de la fantástica niebla cuando ya el Sol muere en la orilla de la montaña, se pregunta de cómo la imaginación puede apoderarse tanto de nuestra atención que dejemos de percibir lo que alrededor acontece, aunque viniera acompañado de estruendos. Se cuenta que el mismo Dante, cierta vez, quedóse largo tiempo ensimismado leyendo en una librería sin percatarse de nada a su alrededor, aunque en realidad entraba la algazara y la batahola de un carnaval que sucedía afuera.

16. ¿Cómo ocurre en nosotros que, sin advertirlo, la fantasía de pronto nos arrastra a imaginaciones con tanta intensidad que nos abstraen del mundo externo? Aquí sentido está como en latín, sensus, como percepción o conciencia, y también inteligencia.

17. Dante, conforme a la doctrina astrológica, piensa en las configuraciones que se producen de el cielo y que redundan en variedad de efectos, que actúan por sí mismas es decir de acuerdo al movimiento de los planetas y estrellas, o por una luz especial independiente de los astros, enviada por Dios o por los ángeles. La astrología así y la angelología daba razón de las cosas que ocurrían y les otorgaba un sentido providencial que el hombre podía interpretar: las cosas no ocurren porque sí, sino porque algo lo determina así, y la vida entonces toma sentido, ya que se puede interpretar y hallarle un destino. En el mundo actual, hemos abandonado la consideración y estudio de las cosas que nos pasan relegándolas, y regalándoselas, al azar, con lo cual nuestra existencia pierde sentido y se vuelve vana, juguete de fuerzas ciegas y desconocidas que carecen de finalidad. Es hora de que, sin caer en supersticiones o creencias infundadas, volvamos a reconsiderar nuestra vida y las cosas que nos ocurren, y tal vez descubramos con asombro la existencia de un encadenamiento causal, el cual, aunque no sepamos su sentido final y su porqué, nos indique que nuestra existencia no es vana, y que nuestros actos tienen precedencias y consecuencias que constituyen su valor.

XVII, 19-39. Fiel a lo que acaba de decir, pasa Dante a relatarnos tres furiosas imaginaciones que se apoderaron de su mente y le mostraron los castigos de iracundos famosos.

19-24. Véase la historia de las hermanas Procne y Filomena en Purg. IX, 13-15 y nota. La furiosa Procne que viendo violada a su hermana por su marido, le entregó las carnes cocidas de su hijo para que las comiera, y que ambas fueron trasformadas en pájaros, golondrina y ruiseñor respectivamente.

25-30. Historia de Amán, ministro de la corte del rey Asuero, que furioso de que el judío Mardoqueo no quiso reverenciarlo, estableció un decreto de exterminio de todos los judíos y preparó un cadalso para Mardoqueo, a pesar de que gracias a Mardoqueo se había descubierto un complot contra el rey. Sin embargo, por intervención de Ester, miembro del harem de Asuero y su esposa, se descubrió el engaño y el que fue llevado al cadalso fue Amán. Léase con placer el librito de Ester, III y ss. donde se novela este relato.

31-39. En la Eneida se relatan las guerras de Eneas con los habitantes de Italia, entre los cuales Turno, rey de los Rútulos, que murió combatiendo contra Eneas. Amata, mujer del rey latino, había prometido a Turno la mano de su hija Lavinia, pero, creyéndolo muerto - como luego será -, y viendo que su hija sería la esposa del vencedor Eneas, movida de furia se ahorca. Dante, a la desolación de Lavinia que relata Virgilio, añade el llanto y las palabras. Lavinia se pregunta porqué su madre ha muerto, ya que por no perder a su hija en manos de Eneas se ha perdido a sí misma, y que ella la llora mucho más que a la muerte de otro, es decir, a la de Turno, su anterior prometido.

...Desde el techo viendo la reina venir al enemigo,
atacar las murallas y arrojar fuego a las casas,
y no viéndose las huestes Rútulas ni la gente de Turno
cree, infeliz, que en la batalla el joven ha muerto,
y de golpe, turbada su mente de dolor,
se acusa de ser la causa criminal y principal de lo males,
y, enloquecida por la tristeza e inflamada de furia,
pronta para la muerte rasga ella misma sus vestiduras,
y del alta viga ata el nudo de su horrenda muerte.

Desgracia de la que enteradas las Latinas,
la primera la hija Lavinia sus rubios cabellos
y rosadas mejillas desgarra, luego las demás en su torno
en tropel acuden; resuena el palacio con sus lamentos...
Eneida, XII,595-607

Procne herida en su más íntimo sentir, el villano Amán ofendido en su presunto honor, Amata perdido su orgullo latino, tres ejemplos de descontrolada iracundia que induce a crímenes y acciones desordenadas, que finalmente redundan en la propia desgracia.

XVII, 40-69. Las fantasías de Dante mueren como los sueños que al despertarse se resisten a morir: una poderosa luz angélica que le da en la cara lo despierta. El Ángel informa el camino, y Dante intenta saber quién es el que le habla, pero ofuscado por el resplandor que se lo oculta como se oculta el Sol tras el velo de su propia luz, no lo consigue.

55. Virgilio le explica que se trata de un espíritu celeste, que sin que se lo pidan les informa el camino, pues el que espera que le pidan el favor antes de darlo es como si no quisiera darlo.

61. Como ya sabemos, cuando falta la luz del Sol no es posible avanzar en el Purgatorio. Detalle ya conocido pero que refuerza sutilmente la necesidad de inquirir, ver y comprender cómo es el camino hacia la propia liberación. En los momentos de duda, cuando falta la inspiración, es mejor no hacer nada antes que extraviarse, y esperar que vuelva el nuevo día.

64. Apenas Dante comienza a salir del giro de los iracundos, el Ángel borra la tercera plaga de la frente de Dante con el aletear de sus alas, y exclama la sexta bienaventuranza del sermón de la montaña, Mat., V, 9:

Bienaventurados los pacificadores,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.

El texto de la Vulgata, versión latina de la Biblia realizada por San Jerónimo, dice pacifici, es decir, los pacíficos, pero el texto griego original se refiere a los que instauran la paz, literalmente los hacedores de paz, eirhno poioi. El matiz es importante, porque el pacífico lo es para sí, mientras que los pacificadores actúan en su entorno, como, en sentido contrario, tampoco los iracundos lo son sólo para si, sino que su ira actúa o daña a los demás. Los pacificadores son los que se introducen en las reyertas y calman a los iracundos ¿quién no los amaría? Los que poseen la virtud de instaurar la paz, que es el mayor bien social y la garantía de que cada uno pueda desarrollar su propio destino, son tan preciosos que todos los llamarán dignos hijos del cielo. Así el divino Augusto, por la inmensa paz romana que trajo a su época.

XVII, 70-75. Ya han salido del tenebroso círculo de los iracundos, el cielo se despeja, lucen las estrellas en el dorado ocaso, y Dante, presintiendo un círculo de remisos, percibe la debilidad de su cuerpo ante el esfuerzo.

XVII, 76-90. Llegada al borde del círculo de los acidiosos. Sin embargo ya es de noche y, como es necesario detenerse, ello dará pábulo a la conferencia entre nuestros viajeros. Dante esperaba oír voces como en anteriores círculos, pero ahora la situación es distinta.

85. A la pregunta de Dante, Virgilio responde en general que en el giro de los acidiosos se purga el amor remiso, lo que le da pie, como introducción a una explicación de la secuencia de las giros del Purgatorio.

XVII, 91-139. Exposición de Virgilio.

91-104. Que en toda criatura existe el amor innato, sea el natural o instinto, sea el de los seres racionales o del alma. El instinto no yerra y es protector del individuo y de la especie. Pero el amor del alma puede desviarse sea dirigiéndose a donde no le conviene sea por exceso o defecto de amor, y siendo así es motivo y razón de la calidad del premio o de la pena.

106-114. Que todas las criaturas, las cosas, se aman a sí mismas y no pueden odiarse, por donde el amor custodia el propio bien. Tampoco las criaturas pueden odiar al ser que les dio el ser que son, parque nadie puede odiar a su propio principio. Se sigue en buena consecuencia, dividiendo bien, que cuando se desea el mal de alguien se trata del prójimo. Y esto de tres maneras:

115-123. Al prójimo la soberbia desea rebajarlo, la envidia teme que el bien del prójimo redunde en contra de sí, y la ira arde en venganza de la ofensa real o imaginada. De estos se trato en los tres primeros círculos del Purgatorio, los cuales, dada el odio al prójimo que implican, son los más graves y los que hay que vencer primero.

124-132. Quien ya ha percibido cual es su verdadero bien y felicidad, hacia él tiende más o menos confusamente puesto que está aprendiendo. Pero si el deseo es débil, si el amor se demora, se cae en la acidia o pereza espiritual, de la que trata este giro. Nótese que amar poco es reprensible, porque está en nosotros reflexionar y encender el amor del bien. Este círculo es como un intermediario entre los tres primeros, que implican un cierto odio al bien del prójimo, éste que trata del poco amor del propio bien, y los tres siguientes del excesivo amor por los bienes externos.

133-139. Los bienes exteriores no pueden traer la felicidad, hablando de aquella felicidad que es la fuente de todo bien. Todavía Virgilio no explica porqué este amor desordenado se divide en tres partes, lo que hará cuando llegue su momento.