Notas y comentarios a la Divina Comedia. Purgatorio CANTO XXVIII
 

Resumen.
Dante se interna en la bellísima y dulce floresta del Edén, hasta el arroyo que interrumpe su camino. En la ribera opuesta aparece Matilde que riendo y alegre está recogiendo flores y danzando. Le explica a Dante que el rumoroso son que inunda el jardín lo causa una brisa producto del movimiento del cielo al que tanto se acerca la cima de la montaña. Y ése espíritu difundido fecunda el jardín de variedad de plantas. Le explica también el origen de los dos ríos del Edén: el Lete, a la orilla del cual están, río del olvido, y el Eunoe, río de la virtud y el conocimiento. Finalmente indica que éste es el Parnaso cantado por los poetas, que aquí es siempre primavera y aquí se bebe el néctar del que todos hablan.

La altísima montaña del Purgatorio se compone de tres áreas. La primera, el Ante-Purgatorio (Cantos I-VIII), donde están detenidos los que esperan un tiempo antes de poder ingresar, y constituye la Esfera de Aire (Atmos-sfera) según el sistema ptolemaico y aristotélico. Luego sigue el Purgatorio propiamente dicho cuya puerta se encuentra al comienzo de la segunda esfera, o Esfera de Fuego (Cielo Em-pyreo) para Dante y Eter para los Aristotélicos (Ver Purg. Canto IX, 30). Ahora hemos llegado a la planicie que remata la montaña del Purgatorio, más allá y por encima del cielo de fuego, donde Dante imagina el Edén, donde estuvieron Adán y Eva, y que es inmediatamente inferior al cielo de la Luna.

XXVIII, 1-33. Párrafos altamente poéticos de una belleza imposible de traducir, describen el jardín en el que se está adentrando Dante. El Sol está comenzando un nuevo día, principia la mañana.

7. Cinco tercetos en un largo párrafo de un idílico y muy deleitable Edén: Nuevo día, suave brisa proveniente de Oriente, pura y sin mezcla; árboles que graciosos se inclinan hacia occidente, pero no tan inclinados que impidan a las aves posarse en sus copas y recibir la primera luz con la alegría de sus cantos. Imágenes ya conocidas del soplo divino y de la vida pujante del paraíso. Podemos agregar que las plantas del paraíso suelen simbolizar las almas puras que lo habitan, y los pájaros que en ellas se posan son espíritus celestiales, ángeles que cantan la gloria. Estas bellas plantas no hacen sino atraer a tales aves.

En Chiassi o Classe, lugar hoy destruido, a orillas del Adriático, cerca de Rávena, donde los antiguos romanos tenían un astillero naval. Sus pinares mitigaban el ímpetu del viento del sudeste, el siroco, y se inclinaban hacia occidente.

22. Adentrado en la selva, antigua por ser la que cobijó al primer hombre, Dante tropieza con un río que, veremos, es el Lete. El manso río corre de derecha a izquierda visto desde donde está Dante. Sus aguas purísimas no esconden turbación alguna; pero, cubiertas de una fronda que no deja pasar los rayos de las luminarias, se muestran oscurecidas en forma continua, morenas, morenas.

34. Dante se detiene ante el río y mira allende el bosque florido de eterna primavera, frescos mayos (mayo es mes primaveral y de flores), Lo sorprende la aparición de una encantadora damita que va cantando y cogiendo las flores que. en el paraíso. son las virtudes y todo lo bello de las almas que lo habitan.

En el Canto. XXXIII, 119 del Purgatorio sabremos que el nombre de la muchacha es Matilde, que actuará a las órdenes de Beatriz, y que será la que hará sumergir a Dante en los dos ríos del Edén.

XXVIII, 43-60. Dante, ebrio de tanta felicidad, por su rostro inocente y feliz presiente el amor que invade a Matilde y así le ruega que se aproxime.

Proserpina, diosa romana de los Infiernos, correspondiente de la Perséfone griega, persefone, la Koré como se la llamaba, la muchacha, hija de Zeus y Deméter. Hades, Dite para los romanos, dios del Infierno, se enamoró de la joven y, en complicidad con su hermano Zeus, y en ausencia de Deméter, la raptó mientras cogía flores con unas ninfas en el llano de Enna, Sicilia. En el Infierno Perséfone cometió el error de comer un grano de granada, y, como se sabe, quien participa de comida en el Infierno ya no puede salir de él. La leyenda continúa con los desvelos y desesperación de Deméter buscando a su hija. Finalmente Zeus, que no podía contradecir las leyes del Infierno, sin embargo dispuso que Perséfone distribuyese parte de su tiempo en el mundo subterráneo y parte sobre la tierra. Se la identifica con la primavera que reaparece todos los años. Ovidio tiene unos hermosos versos sobre ella, como sigue:

No lejos de los muros de Enna hay un lago
de profundas aguas, llamado Pergus: como él, su afluente
Caystros resuena en su linfa de los cisnes los muchos cantos.
Coronan sus aguas las selvas, ciñen riberas
sus frondas, son un velo que de Febo los rayos aleja;
frescor dan sus ramas y Tirias flores la húmeda tierra:
en perpetua primavera. Es el bosque donde Proserpina,
jugando, violetas y cándidos lirios recogía
y en infantil empeño colmaba el cesto y su seno,
y con sus compañeras jugaba a quien más escogía,
mas no fue más que verla, que la amó y la raptó Dite:
a tanto el repentino amor llega. ...
Ovidio, Met. V, 385-396.

donde se pueden observar detalles que coinciden con el paraíso de Dante. El mito de Perséfone y Deméter era la leyenda principal de los misterios de Eleusis, en los que el iniciado era descendido a un simbólico infierno, para luego, a través de ritos varios, alcanzar un lugar de alegría y de esplendorosa luz. Dante no deja de acercar leyendas y símbolos que induzcan a pensar, a quien quiere ver, que su Comedia es también un proceso y un misterio iniciático y de liberación.

52. Continuando el idílico mundo del Edén, Matilde se acerca suavemente a Dante, al ritmo y canto de una danza, de modo que ahora puede verla bien y entender las palabras de su canto.

XXVIII, 60-73. La vista es para Dante la que dispensa amor como los labios al hablar dones, y aquí, Matilde, no se priva de mirar a Dante, quien recibe la resplandeciente luz que de sus virgíneos ojos procede. Se los compara a los lucientes de Venus enamorada de Adonis. Al recibir de su hijo, Cupido, un beso, este, por descuido, la hiere con una de sus flechas, y en consecuencia se enciende de amor el corazón de su madre.

67. Frente a Dante, con el arroyo de por medio que corre hacia la izquierda, sobre la derecha orilla ríe feliz Matilde de su pródigo amor por Dante. Va trenzando flores sobre una tierra que florece sin necesidad de semillas. A la manera de Ovidio en Met. I, 107-112 describiendo la Edad de oro:

Eterna era la primavera, y en sus cálidas brisas
los plácidos céfiros mimaban flores sin semilla nacidas;
y los campos sin cultivar grávidas espigas criaban;
ríos ya corrían de leche, ya ríos de néctar corrían,
doradas mieles destilaban las verdes encinas.

Los separaba sólo tres pasos el arroyo, para Dante por ello, detestable.

El Helesponto, hoy estrecho delos Dardanelos. Jerjes, rey de Persia, lo atravesó con numeroso ejército por un puente de barcas; pero derrotado por Temistocles y habiendo los griegos destruido el puente, volvió, fugitivo, a repasarlo en una barca de pescador.

Leandro, Leandros, era un joven de Abidos, amante de una sacerdotisa de Afrodita llamada Hero, residente en Sestos, ciudad en la orilla opuesta del Helesponto, frente a Abidos. Cada noche el joven cruzaba a nado el estrecho guiado por una lámpara que encendía Hero en lo alto de la torre de su casa. Una noche, en una tempestad, la lámpara se apagó, y Leandro, en la oscuridad, no pudo alcanzar la costa y se ahogó. Su cadáver fue arrojado por el mar al pie de la torre de Hero, la cual se arrojó desde la torre, porque no quiso sobrevivir a su amado.

La historia de este amor corresponde a ese amor espiritual que reina entre estos dos recientes amantes, Dante y Matilde, separados por un río, imposibilitados de tomar contacto, pero tan cercanos por esa amistad inmediata que nace entre las almas que viven una misma vocación y búsqueda. Ambos aquí son libres, es decir, no tienen más compromiso que ser y vivir lo que son, y dejar expandir sus almas hacia donde el intenso amor, que ha logrado nacer en ellas, los lleve y los embargue de la misma felicidad de haber logrado ser auténticos.

XXVIII, 76-120. Los recién llegados, que son Dante y Estacio, desconocen muchas cosas del Edén. Matilde, ayudante de Beatriz, está aquí para introducirlos en este nuevo mundo y explicarles lo que su deseo quiera, hasta que estén satisfechos, hasta que baste. Su reír no debe ser motivo de desconfianza, porque es producto de la felicidad que la embarga y no del desprecio, lo que ella indica con el Salmo 92, v. 5 Me deleitaste, que simboliza sus sentimientos:

SALMO 92 DE DAVID

Bueno es dar gracias al Señor
y cantar salmos a tu nombre, ¡Oh Altísimo!
publicar por la mañana tu amor
tu fidelidad por las noches,
con decacordio y salterio,
y con el murmullo del arpa.

Me deleitaste, Señor, en tus hechuras,
y en las obras de tus manos saltaré de gozo.
¡Cuán magníficas son tus obras, Señor,
cuán profundas tus pensamientos!
El hombre estúpido no conoce estas cosas,
ni el insensato en nada las comprende. ...

85. El agua, el viento y los sonidos confunden a Dante pues le resultan aspectos aparentemente contrarios de lo que le dijera Estacio (Purg. XXI, 43-57) que pasada la puerta que custodia el ángel, ya no había fenómenos atmosféricos como los del mundo inferior, pues era un sitio libre de toda mudanza.

91. La explicación de Matilde comienza por recordar que Adán, hecho bueno e inclinado al bien, recibió este paraíso en garantía de paz. Pero al poco tiempo, por su falta, perdió la alegría y el placer honestos.

97. La tierra de abajo, con sus aires y vapores, atraídos hacia arriba por el Sol al que siguen, vive en conmoción y por ello, el monte, desde la entrada del purgatorio, desde donde se cierra dice literalmente, fue izado lo necesario para quedar libre de toda agitación, de forma de no molestar a los hombres que en él están.

103. De acuerdo al sistema tolemaico, los cielos y los astros giran en torno de la tierra, y el primer cielo, primera vuelta, que es el de la Luna, mueve el aire en su círculo si no es interrumpido, roto, por algún obstáculo, como lo es el mismo monte del Purgatorio. En esta altura, que está libre y como indefensa, el vivaz movimiento del aire actúa sobre al espeso follaje de los árboles que allí se encuentran, y los agita provocando el rumor que Dante percibió.

109. Las tan vivaces plantas, sacudidas, comunican al aire sus semillas, y el aire las desparrama a su alrededor.

112. La tierra inferior, nuestro mundo, a partir de tales semillas, de acuerdo a su capacidad y a las influencias que del cielo recibe, concibe y da nacimiento a plantas de todas las especies. Con esta explicación, disminuirá el asombro de quienes las ven surgir, aparentemente, sin semillas visibles.

118. Se completa el informe diciendo que el paraíso posee todas las semillas de todas las plantas, y algunas de ellas no se dan en la tierra sino solamente en este jardín.

De paso, conviene notar que para Dante no existe la generación espontánea, sino que cada cosa tiene que tener su causa inmediata, como la planta su semilla.

XXVIII, 121-133. Explicación del agua y de los ríos del Edén. El agua aquí no es producto de algún manantial que vierta la que ha recibido de las nubes que el frío reconvirtiera en agua, ni tienen crecidas ni secas; mas surge de una fuente siempre igual y perenne que recupera el agua que derrama en los dos ríos: el Lete, de esta parte donde ellos están, borra la memoria de las faltas purgadas, y, del otro lado, está el Eunoe del recuerdo de lo bueno. Se especifica finalmente que no se podrá beber del Eunoe sin hacerlo primero del Lete, y que los sabores de ambos exceden cualquier otro sabor.

Lete, lhqh, literalmente el Olvido, es hija de la Discordia y madre de las Gracias. Dio su nombre a la Fuente del Olvido, situada en los Infiernos, de la que bebían los muertos para olvidar la vida terrestre. Platón repite conceptos de filósofos según los cuales, antes de volver de nuevo a la vida, los muertos bebían de esta fuente que les borraba todo recuerdo del mundo infernal. A la pregunta de Eneas sobre el Lete, respondió su padre:

Entonces su padre Anquises: Las almas, que por destino
deben retomar un cuerpo, de las aguas Leteas
confiables linfas y largos olvidos beben.
Virgilio, En. VI, 713-715

Dante a los cuatro ríos que Moisés da al paraíso terrenal, Tigris, Eufrates, Fisón y Gibón, substituye estos dos, uno, el Lete, que tomó de la tradición virgiliana, y otro, creado por él mismo, el Eunoe, del griego eu y noos, buena mente, y también buen conocimiento, siendo noos equivalente de intelecto, y que aquí se interpreta como recuerdo de las buenas obras.

Sin embargo de esta supuesta invención de Dante, es curioso observar que en la depuración mística que se realizaba en la cueva de Trofonio, en Lebadeia, el iniciado antes de entrar bebía de la Fuente del Olvido par que olvidara todo lo que sabía hasta entonces, y al salir bebía dela Fuente de la Memoria, para que recordara todo lo que había visto y experimentado en la cueva. (De C.A.Meier, Antike Inkubation und Moderne Psychotherapie, Zurich, 1949, Cap. VII, 90). La dupla, pues, olvido y memoria, no es única de Dante, y tal vez de este o de otros casos Dante haya tenido conocimiento, o, por lo menos y finalmente, esta dupla pertenecería a la naturaleza esencial de todas las iniciaciones, y es así como la propuso Dante.

XXVIII, 134-148. Magnífico final de Matilde que, preanunciando la importancia de lo que va a decir, solemnemente anuncia que, aunque esté Dante satisfecho de lo dicho, y que ella no despierta otras curiosidades, sin embargo le va a informar de algo que no solicitó.

Porque ahora se resume toda esta bíblica tierra prometida en una universalización del concepto a través de todos los tiempos: siempre fue conocido esta felicidad como un paraíso perdido y al que hay que regresar por el propio esfuerzo de mejoramiento hasta lograr alcanzar libertad, felicidad y elevación.

Los antiguos vates inspirados, como es el caso de Virgilio y de Ovidio, describieron esta antigua edad dorada, y la simbolizaron en el monte Parnaso, que estaba consagrado a Apolo, el dios de los oráculos puros y de la iluminación solar, y por quien Dante dice ser conducido en el segundo Canto del Paraíso, como veremos. Inocencia, primavera, fruto. Todos cantaron, ayer, hoy y siempre, esta bebida, todos, poetas, místicos, espirituales, aedos y trovadores: la dicha de la propia consumación.

Dante se vuelve a Estacio y Virgilio, sus poetas, que se han quedado atrás, y han sido testigos felices de las últimas palabras que los redimen del baldón de paganos, y los hacen ingresar de lleno en el común destino de la humanidad, partícipes, con el derecho de cualquier ser humano, de la luz divina que orienta a todo hombre a la virtud, el conocimiento y la liberación.