Notas y comentarios a la Divina Comedia. Purgatorio CANTO XXX
 

Resumen.
Los que preceden al carro se vuelven a él; uno inicia un canto y todos los siguen, y van esparciendo flores. Ángeles proveen una lluvia de flores bajo la cual aparece una dama velada y coronada de olivo que Dante intuye es Beatriz. Dante intenta volverse a un Virgilio que ya no está, lo que lo aterroriza, pero la dama lo llama por el nombre y lo consuela. Comienzan la reprimenda de Beatriz, los ángeles parecen intervenir y Dante se anima, pero Beatriz expone las cobardías de Dante tal como relatadas en la Vita Nuova pero descritas de otra manera: Su intento de sostenerlo con su belleza, el primer desvío de Dante en vida de Beatriz, y ya muerta, nuevo desvío de Dante, por los cuales motivos fue a buscarlo y a rogarle a Virgilio.

XXX, 1-21. El Septentrión del primer cielo, del cielo de las estrellas, es la constelación de la Osa Mayor en sus siete estrellas más brillantes, y por su posición, aún en otoño que es cuando está más bajo, no se oculta a los ojos de los habitantes del hemisferio Norte en las latitudes europeas. La Osa Menor, el más cercano al eje celeste, el más bajo, cuya estrella Polar está casi sobre el Polo Norte mismo, fue desde siempre la guía de los navegantes para orientar el rumbo, otorga cómo girar el timón al piloto.

Dante usa ambas constelaciones para aludir a los siete candelabros de los dones del Espíritu Santo que otorgan conciencia del deber, y que señalan el camino al Oriente de la Sabiduría, la cual es considerada un puerto, como el Edén, a donde llegan nuestros viajeros.

7. Entre los siete candelabros y el grifo, están los veinticuatro ancianos, que ahora se vuelven hacia el carro, término de sus deseos, su paz, pues ellos son el Viejo Testamento y cumplen sus esperanzas con la llegada de Cristo.

De esta paz, que es un saber y una ciencia divina, que es atributo del reino de los cielos, y se da a los hombres de buena voluntad, así como la gloria reina en las alturas, dice Dante:

El Cielo Empíreo, por su paz, representa a la ciencia divina, que está colmada de paz; que no padece disputa alguna de opiniones o de argumentos sofísticos, debido a la excelentísima certeza de su objeto, que es Dios. Y de ella dijo a sus discípulos: "Mi paz os doy, mi paz os dejo", dándoles y dejándoles su doctrina, que es esta ciencia de la que estoy hablando. De ella dice Salomón: "Sesenta son las reinas, y ochenta las amigas concubinas; y de esclavas adolescentes no hay cuento: una es mi paloma y mi perfecta". A todas las ciencias las llama reinas y amigas y esclavas; y a esta llama paloma, porque no tiene mancha de disputa, y a esta llama perfecta porque perfectamente muestra lo verdadero en lo cual se aquieta nuestra alma. (Banq. II, XIV, 20).

10. y uno de ellos: es el excelso y sabio Salomón, verdadero enviado del cielo, y autor del bellísimo poema del Cantar de los Cantares, donde en figura de su amada honra a la divina Sabiduría. Aquí se lo ve saludando al carro y a Beatriz, que está por la amada de Salomón, con un triple grito de júbilo:

Toda tú eres hermosa, amada mía,
y en ti no hay tacha alguna.
Ven conmigo, esposa, del Líbano,
ven conmigo del Líbano.
Cant. IV, 7-8.

Dante, preso siempre entre la Belleza y el Amor, ya desde la Vita Nuova y hasta la Comedia, refiriéndose a su buscada meta, la divina Sabiduría simbolizada en Beatriz,

... aquella bienaventurada Beatriz que vive en el cielo con
los ángeles y en la tierra en mi alma ...
Banq., II, II, 1

como la simboliza Salomón en la Sulamita del Cantar, escribe en el Banquete el siguiente párrafo:

Finalmente, en alabanza máxima de la sabiduría, digo que ella es madre de todo y anterior a cualquier principio, diciendo que con ella Dios comenzó el mundo y en especial el movimiento del cielo, que genera todas las cosas y del cual todo movimiento es principiado y movido... Es decir, que en el divino pensamiento, que es ese intelecto, ella estaba cuando hizo al mundo; por donde se sigue que ella lo hizo. Por ello Salomón dice en el libros de los Proverbios personificando a la Sabiduría: Cuando Dios preparaba los cielos, yo estaba presente; cuando con certeras leyes y giros abría los abismos, cuando arriba afirmaba el éter y suspendía las fuentes de agua, cuando imponía su término al mar y ponía leyes a las aguas para que no pasaran sus confines, cuando echaba los fundamentos de la tierra, con él era, disponiendo todas las cosas, y me deleitaba en cada día [de la Creación]. (Banq. III, XV, 16).

13. al último bando, el juicio final, cuando los muertos surjan de sus sepulturas, cavernas, cantando ¡Alleluya! , voz que significa alabemos (Allelú) a Jehova o Yavé (Ia).

17. se alzaron cientos, figurativo, por decir una multitud de ángeles, ministros, profetas, evangelistas... todos los que rodeaban al carro, y, como la multitud que precedía a Jesús hacia Jerusalén para la fiesta, decían dirigiéndose al grifo,

¡Hosanna al hijo de David!
¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor!

21. Arrojaban flores al paso del carro: la frase es, en el caso dolorosa, del padre de Eneas, Anquises, ¡Dad lirios a manos llenas!

Cuando en el infierno Anquises muestra a Eneas su futura descendencia, en ella está Marcelo, hijo de Octavia hermana de Augusto, del que se tenían grandes esperanzas, pero que murió prematuramente. Anquises se lamenta del cruel destino de su descendiente, le honra y exclama:

Serás siempre Marcelo. Dad lirios a manos llenas,
flores esparciré purpúreas, y al alma de mi nieto
que al menos pague este tributo y rinda este
vano homenaje ... (En. VI, 883-886)

Tal vez uno pueda preguntarse como en momento tan glorioso Dante trae a colación un exclamación penosa de Anquises. Pero la frase latina, que es lo que a Dante interesa, es contundente en su concisión, y recuerda aquellas procesiones del mundo antiguo precedidas por jóvenes esparciendo flores en medio de una multitud exuberante y de sincero tributo.

XXX, 22-39. A fin de acrecentar su encuentro con Beatriz, que ocurre entre claroscuro y misterio, Dante recuerda el aspecto del cielo al amanecer, rosado al este, azul al oeste, y la atenuada luz del Sol naciente en la niebla matutina que permite mirarlo un tiempo sin temor.

28. Así también, a través de una lluvia de flores, velado de blanco el rostro y ornada de olivo, se puede ver, sin ofuscamiento de la mirada, una mujer vestida de rojo fuego y con manto esmeraldino. Ella encarna así los colores, tan amados de Dante, y que históricamente vendrán a ser luego los de la bandera italiana, el blanco de la fe, el verde de la esperanza y el rojo de la caridad. O también, el saber, la fortaleza y el amor.

En la Vita Nuova, durante una tremebunda ensoñación de Dante enfermo, que sueña la muerte de Beatriz, es decir la divina Sabiduría que se va porque no puede permanecer en esta miserable tierra, de su acogida en el cielo se decía:

Me imaginaba que miraba hacia el Cielo, y parecíame ver una multitud de ángeles que se volvía asuso, y los precedía una nube blanquísima. Y parecíame como que estos ángeles cantaban gloriosamente, y las palabras de su canto me parecía que fueran estas: Osanna in excelsis; y no me parecía oír otra cosa. (VN, XXIII).

Así ahora, esa misma Beatriz le sale al encuentro, para hacerle presente su vida y sus flaquezas, de cuyo recuerdo deberá liberarse por completo.

34. Dante, bien que, por el tiempo transcurrido desde la muerte de Beatriz, ya estaba como liberado de ese temor y estupor que le causaba su divina presencia, sin embargo renace en él ese mismo temor y ese mismo respeto ante algo tan grande, y, no que sus ojos se la hubieran revelado, sino que por un influjo que ejerce ella sobre él, siente el retorno del antiguo amor.

Y quien hubiera querido conocer a Amor, lo hubiera bastado contemplar el temblor de mis ojos. Y cuando esta gentilísima dama saludaba, no que Amor se interpusiera y pudiera ofuscar con su sombra la intolerable felicidad, sino que, como por exceso de dulzura, Amor se hacía tal que mi cuerpo, que entonces estaba totalmente bajo su dominio, muchas veces se movía como una cosa pesada sin vida. (VN, XI).

Atento en el viaje infernal a los crímenes y los absurdos de la ceguera humana, y atareado en el Purgatorio por liberarse de vicios y lograr virtudes, Dante en cierta manera había dejado de pensar en Beatriz. Ahora, en cambio, de pronto, salida de la divina procesión, reaparece con toda su gloria, velada sí, pero en todo su poder y grandeza.

XXX, 40-66. Dante evoca su encuentro con Beatriz, cuando, simbólicamente, a los nueve años, antes de que salido de la puericia fuese, le fue revelado lo que es la belleza y el amor, y quedó prendado de ellos:

...Apareció vestida de nobilísimo color, humilde y honesto, color sanguíneo, ceñida y adornada como a su muy joven edad convenía. En aquel momento, digo verazmente, que el espíritu de la vida, que mora en la secretísima cámara del corazón, comenzó a temblar tan fuertemente que horriblemente se mostraba en los mínimos pulsos; y temblando dijo estas palabras: Ecce Deus fortior me, qui veniens dominabitur mihi ("He aquí un Dios más fuerte que yo: viniendo me dominará") (VN, I)

46. ...menos de un dracma. El dracma es un octavo de la onza, como unos tres gramos y medio, expresión que usa Dante para las cosas mínimas. En Purg. XXI, 99 Estacio ya había dicho acerca de la Eneida que su inspiración poética sin ella no valdría el peso de un dracma.

48. A la vista de Eneas arrojado a las costas de África, Dido confiesa a su hermana Ana que desde la muerte de su esposo no había vuelto a sentir lo que ahora le causa Eneas:

... Sólo este doblega mis sentidos, y a mi conturbada alma
trastorna: reconozco los vestigios de la antiguo llama.
En. IV, 22-23.

frase que Dante copia literalmente para expresar sus sentimientos en el trance, y al mismo tiempo expresar su devoción por Virgilio.

49-54. Virgilio, nombrado aquí tres veces, es llamado dulcísimo padre: la poesía para Dante es un mar de amistad que solo entre tales poetas cabe situar acabadamente. Nosotros nos conformamos con observarla y admirarla, sobrecogidos por la potencia del espíritu que los invade y los hermana en un universo al cual, ¡oh milagro!, nos está permitido entrar para participar de sus dones

52. Ni la felicidad lograda al arribar a este Edén, que Eva, la antigua madre, perdió, pudo impedir que mis limpias mejillas, piadosamente lavadas con rocío del cielo por este mismo Virgilio, no se opacaran otra vez ante el dolor de su pérdida. (Ver Purg. I, 121-129).

55. Por primera y única vez es llamado Dante por el nombre, y para indicarle ahora que la pena de la ausencia de Virgilio es nada comparada con los reproches que le esperan, otra espada.

58. Aquí nos enteramos que Beatriz viene sobre el varal izquierdo del carro, severa y vigilante como capitán patrullando sus naves.

XXX, 67-81. Citar a Minerva cuyo velo cae sobre su rostro, es asignarle a Beatriz las características sapienciales y las militantes de defensora de los derechos de la Filosofía, del Arte y de la Sabiduría, actitud que tomará de ahora en más, substituyendo al dulcísimo padre por un nuevo conductor y protector, terrible, la divina Atenea nacida de la cabeza de Zeus-Dios

Atenea, Aqhna, diosa griega que los romanos llamaron Minerva, era hija de Zeus y de Metis. Esta se hallaba encinta y a punto de dar a luz una niña cuado Zeus se la tragó, por consejo de Urano y Gea que le advirtieron que si nacía una niña, luego vendría un hijo que lo destronaría. Sin embargo, llegado el momento del parto, Zeus ordenó a Hefesto que le partiese la cabeza de un hachazo. De la herida salió una joven completamente armada, Atenea. Diosa guerrera, armada de lanza y égida, luchó por Zeus contra los Gigantes. Fue protectora de los griegos en la guerra de Troya, y entre sus favoritos se contaron Ulises y Aquiles. Representa el auxilio que aporta el espíritu a la fuerza bruta de los guerreros. Porque también es la diosa de la actividad inteligente, de la Razón y de la Sabiduría, preside la filosofía, las artes y la música, y es con frecuencia protectora de ciudades, la principal Atenas, la cual erigió una colosal estatua suya en el Partenón. Alta, de rasgos serenos, más majestuosa que bella. Sus armas son la lanza y la égida con la cabeza de la Gorgona. Su animal favorito la lechuza, símbolo de los filósofos, y su planta el olivo. Se cuenta que cuando disputó con Poseidón la soberanía sobre el Ática, éste de un golpe de tridente hizo surgir una lago salado en la Acrópolis de Atenas, pero Atenea hizo que brotase allí un olivo. Los doce dioses que actuaron de jueces, dieron la victoria a Atenea y le concedieron la soberanía sobre el Ática.

73. Míranos. El plural podría interpretarse mayestático, como el usado por reyes y Papas, al menos que se acepte, como otros prefieren, la versión Mírame.

74. ¿Cómo te atreviste...? Es un reproche dirigido a los errores pasados de Dante, porque en realidad Dante ha subido al monte por indicación de Beatriz, y no lo ha hecho sino después de ser muy rogado porque se consideraba indigno. (Rever Inf. II, 31 y sig.). Mas bien podríamos decir que es la preparación iracunda de la reprimenda que ha de seguir.

75. Se refrenda el carácter de felicidad que acompaña a los que logran su liberación y su acceso al reino. El reproche parece indicar que aquí se trata de la felicidad verdadera, que es hija de la virtud y el conocimiento, y no la proveniente del consumo y goce de los bienes materiales, que fue la vivida por Dante antes de salir de la selva oscura.

76. Tanta es la humillación de Dante que ni siquiera soporta ver su propia imagen en el río a sus pies.

XXX, 82-99. Intervienen los ángeles en defensa de Dante trayendo a memoria que subió al monte sólo confiando en Dios. Después del último versículo citado a continuación, tu diste ancho espacio a mis pies, que en el caso significa el ancho Edén, el salmista despliega ante Dios todos los daños que recibió de sus enemigos, lo cual, estrictamente, no es el caso de Dante, por eso allí se detienen los ángeles.

Luego de superados las plagas del Purgatorio, implora ahora la fortaleza necesaria para dar el próximo paso, es decir despojarse del recuerdo del pasado que todavía conserva en la memoria, que es como una mancha indigna de la vida nueva a la que aspira.

SALMO 31

En ti, Señor, he esperado,
no sea confundido para siempre;
En tu justicia rescátame, líbrame;
a mi tiende tu oído, apresúrate.

Sé para mi roca de fortaleza
recinto amurallado que me salve.
Porque tú eres mi roca y mi refugio,
por tu nombre guíame, condúceme.

Sálvame del lazo que me han tendido,
porque tu eres mi fuerza;
en tus manos encomiendo mi espíritu,
tú eres, Señor, quien me rescata.

Dios de la verdad, tú detestas
a los que en vanos ídolos esperan,
pero yo en ti, Señor, esperaré,
¡me exaltaré y regocijaré en tu amor!

Porque viste mi miseria,
conociste la angustia de mi alma,
y no me entregaste a manos de mi enemigo,
tu diste ancho espacio a mis pies.

85. sobre el dorso de Italia. Sobre los Apeninos, donde, sometidos a los helados vientos del noreste, provenientes de Eslavonia, los árboles, leños, se cubren de hielo.

88. Hielo que es licuado por el hálito de los cálidos vientos del sur, del África, donde, sobre el Ecuador, los rayos del Sol, perpendiculares en los equinoccios, dejan sin sombra a los árboles, al decir de Lucano:

Aquí nada se opone a Febo, cuando al medio día llega
a su máximo altura; el árbol protege apenas al tronco,
y la breve sombra confinada queda entre ráfagas de luz.
Fars. IX, 528.

91. La poderosa imagen del duro hielo y el benigno deshielo enmarca la situación en la que se encuentra Dante: antes de las voces angélicas, siempre armónicas con el giro de los eternos cielos, está gélido y yerto; mas oídos los dulces cantos y entendido su sentido, la angustia se quiebra y Dante puede dar rienda suelta a lágrimas y suspiros.

XXX, 100-141. Alegato de Beatriz.

100. Beatriz se dirige a los ángeles para recordarles que en su eterna vigilia conocen todo lo que ocurre en la tierra, por donde no necesita argüir con ellos sino con Dante, que allá llora.

108. Que el dolor iguale a la culpa, para que se logre el estado necesario al olvido de la culpa. Porque, en realidad, Dante ya ha pagado y purificado sus culpas, pero para la perfecta liberación del alma deben desaparecer el ya inútil remordimiento y los tristes recuerdos del pasado.

109-141. Beatriz comienza por recordar que Dante había recibido un doble beneficio por una parte de la influencia astral y por otra de la bendición divina. Por los planetas, las ruedas magnas, que son los que implantan las semillas del destino particular dependiendo del acuerdo que le den las estrellas, y por una especial gracia divina, lluvia oculta a las miradas de los hombres, había recibido la posibilidad y la capacidad de lograr el segundo nacimiento, tal en su vida nueva virtualmente, lo que le hubiera permitido ser perfecto en todas las cosas. El libre albedrío duplica las posibilidades, en cuanto el mismo don puede usarse bien o mal, y por tanto cuanto mayor es el don, cuanto más buen vigor tiene la tierra, peores son los resultados del mal uso, más maligno y más silvestre.

121-141. Beatriz describe ahora las instancias con las que trató de llevar a Dante hacia la sabiduría. Son símiles de hechos relatados en la Vita Nuova.

121. Apareció vestida de nobilísimo color, humilde y honesto, color sanguíneo, ceñida y adornada como a su muy joven edad convenía. En aquel momento, digo verazmente que el espíritu de la vida, que mora en la secretísima cámara del corazón, comenzó a temblar tan fuertemente que horriblemente se mostraba en los mínimos pulsos; y temblando dijo estas palabras: Ecce Deus fortior me, qui veniens dominabitur mihi. ("He aquí un dios, que viniendo me dominará") (VN, II)

124. Al regresar, me puse en busca de la dama que mi señor me había nombrado en el camino de los suspiros. Y para que mi decir sea más breve, digo que en poco tiempo la hice reparo mío y tanto, que mucha gente hablaba sobre el tema más allá de los términos de la cortesía; por donde muchas veces me pesaba duramente. Y por esta razón, es decir de estas voces de maltrato, que parecían infamarme viciosamente, aquella gentilísima, que fue destructora de todos los vicios y reina de la virtud, al pasar por cierta parte me negó su dulcísimo saludo, en el que estaba toda mi felicidad. (VN, X).

127. Luego, por algún tiempo, como estuviese yo en un lugar en el que me recordaba del tiempo pasado, estaba pensando mucho y con pensamientos dolorosos, tanto que de fuera me daban un aspecto de estar terriblemente confundido. Por donde, dándome cuenta de mi turbada apariencia, alcé los ojos para ver si alguien me miraba. Entonces vi una dama gentil, joven y muy bella, que desde una ventana me miraba al parecer con tanta piedad que parecía que acogía en ella la piedad toda. Entonces como los míseros infelices que caen en la compasión de otros más pronto se mueven a llorar, casi como teniendo piedad de sí mismos, así entonces sentí que mis ojos comenzaban a querer llorar; pero temeroso de dar muestras de mi envilecida vida, me aparté de delante de los ojos de esta gentil, y decía entre mí mismo: "es imposible que en esta piadosa dama no haya un nobilísimo amor". Y me propuse entonces decir un soneto, en el cual hablara a ella, y recapitulara en él todo lo que se ha narrado en este tratado. (VN, XXXV).

Este encuentro con la que se llama "la dama gentil", lo explicará luego en el Banquete diciendo que esta dama es la filosofía que lo consuela durante la ausencia de la sabiduría. En la Vita Nuova es, figurativamente, un verdadero aunque breve apartarse o distraerse del amor de Beatriz, del cual prontamente se rehace:

Contra este adversario de la razón se levantó un día, casi en la hora nona, una fuerte imaginación en mí, que me parecía ver a esta gloriosa Beatriz con aquel vestido sanguíneo con el que apareció por primera vez a mis ojos; y parecíame tan joven de edad como cuando primero la vi. Entonces comencé a pensar en ella; y recordándome de ella por el orden del tiempo pasado, mi corazón comenzó dolorosamente a arrepentirse del deseo por al cual tan vilmente se había dejado poseer algunos días contra la constancia de la razón; y desechado este tal malvado deseo, todos mis pensamientos juntos retornaron a su gentilísima Beatriz. (VN, XXIX)

133. Varias son los ensueños, visiones o imaginaciones que Dante relata en la Vita Nuova, como las de los capítulos III, IX, XII y XXIII

136. Ultimo recurso de Beatriz para socorrer a Dante que acaba de salir de la selva oscura y está perdido al pie del monte, por lo que tiene que auxiliarlo por intermedio de Virgilio, aquel que aquí arriba lo ha traído. (Inf. I y II).

142. hado está aquí por decreto divino, y, en el caso, se lo llama hado por el rigor del mismo que es fatal e inapelable. De nuevo, como se dijo más arriba sobre el v. 108, nota, se establece que antes de lograr el olvido, atravesar el Lete, Dante debe percibir todo el dolor y arrepentimiento de sus ya purgadas llagas.