| Notas y comentarios a la Divina Comedia. Purgatorio CANTO XXXI. |
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Resumen. XXXI, 1-30. La reprimenda incontenible de Beatriz se vuelve ahora más incisiva, con la punta, que antes que fue con el filo. La espada es ya en la Biblia símbolo de la palabra, tanto sanadora como destructora, y también sanadora por tajante de las partes enfermas. El filo corta, pero con mucha mayor seguridad, la punta mata, cosa que todo caballero de entonces, y Dante lo era, que portaba espada, sabía. 5. Beatriz, que a toda costa quiere la redención de su fiel, exige sin tregua que se rinda y confiese sus desvíos: y su palabra se vuelve más intensa, más próxima al corazón de Dante. 10. Ahora se dirige a su conciencia confirmándole que, como no ha pasado el Lete, en su memoria todavía está presente todo lo que Beatriz quiere que confiese. 15. Débil en su resistencia, casi no se oye el musitado sí de Dante: sólo se puede ver el movimiento de los labios. Completa el cuadro la imagen de una ballesta que se ha tensado en exceso debilitando la flecha, y así la grave carga que soporta su conciencia le debilita la voz, que no sólo llega tarde sino agotada. 22. La divina sapiencia, figurada en Beatriz, hiere ahora aún más íntimamente: ya no se trata sólo de desvíos sino de que Dante ha sido desagradecido e indiferente al sumo bien que le fue ofrecido; también le cuestiona si hubo valederos obstáculos y fingidos atractivos que lo apartaran del buen camino. XXXI, 31-48. Dante reconoce que los atractivos mundanos obscurecieron su mente de modo que perdiera la recta vía, cuando se desvaneciera el rostro de Beatriz y a pesar de los frecuentes avisos que le enviaba en sueños. Como la Vita Nuova es un escrito de juventud, si pensáramos que sus obras fueran autobiográficas, podríase suponer que entre ella y la Comedia vivió una vida disoluta. Al menos así habría vivido el Dante personaje, en el sentido literal, en la fábula que inventan los poetas. 42. contra el filo. La rueda de amolar puede afilar o destruir el filo invirtiendo su acción. 43. Dante finalmente deberá regresar al mundo: es necesario que ya no vuelva a dejarse arrastrar por sus ilusiones. XXXI, 49-60. Ni la naturaleza en sus creaciones ni el arte humano ofreció nunca tal belleza como la del cuerpo de Beatriz. Como Beatriz es símbolo de la belleza trascendente de la sabiduría, de la virtud y del conocimiento, no es de extrañar que en este párrafo Beatriz se excluya de las cosas falaces, y hable de sí misma como algo diferente y superior a lo que la naturaleza y el arte humano puedan producir; más aún, a su alejamiento de la miseria de este mundo, Dante debió ascender con su pensamiento al cielo, donde ella reside. 58. Las plumas de su espíritu eran para volar a los extensos cielos del alma: no deberían haberle sido pesadas tanto como para caer en repetidas y conocidas fantasías. XXXI, 61-75. Prosiguiendo con la imagen de las aves, los pichones pueden descuidarse ante el cazador, pero los que ya han echado plumaje saben a qué atenerse de las trampas. Alude ahora Beatriz a que Dante no es ni era un niño: alza la barba porque eres ya un hombre y no puedes poner tu esperanza en juegos infantiles: estás perdiendo el tiempo en cosas vanas. 70. La violencia interior que soporta Dante es mayor que la resistencia de una encina antes de quebrar sus ramas, desbarbarse, por obra sea del viento norte, austral, sea por el viento sur que viene de África, antiguo reino de los getulos, Jarba, al sur de Numidia. XXXI, 76-91. Los ángeles han dejado de sembrar flores y la visión ahora es clara de Beatriz sentada sobre el grifo. 81. una persona en dos naturalezas, afirmación dogmática de la doble naturaleza, divina y humana, de Cristo significada por el grifo. Dentro del dulce nuevo estilo de alegorizar, podemos ver aquí nuestra humanidad y todas nuestras cosas, mezcla de cuerpo y alma, sensación e inteligencia, palestra de la permanente búsqueda humana de la felicidad verdadera. 82. Dante contempla la sabiduría, más bella que la belleza que mostraba en la creación, más bella que cuando, percibida en este mundo, ya era más bella que todas las doctrinas y ciencias representadas por las otras damas. 85. Finalmente se produce la eclosión del alma hacia su libertad: asqueado disgusto del vano pasado y derrota de la última resistencia. 89. Tal liberación no es otra cosa que el nacimiento de un nuevo ser, el paso a otra dimensión del alma. Notar que el cambio se produce antes de pasar el Lete. XXXI, 91-112. Reaparece Matilde (Purg. XXVIII. 40) que llama y sumerge a Dante hasta el cuello en el río del olvido, llevándolo suavemente, deslizándose como una barca, hacia la otra orilla. Allí cerca oyen cantar el bello Salmo LI de David:
Purifícame con el hisopo: seré limpio; ¡Oh
Dios, crea en mi un corazón puro, 100. Matilde rodea con sus brazos la cabeza de Dante, y le hace beber para purificarlo interiormente. 103. Sacándolo del agua, Matilde lo ofrece a las cuatro virtudes cardinales - justicia prudencia fortaleza templanza - que son doncellas divinas (Para Ninfas ver Purg. XXIX, 4 y nota) y sabemos ya desde Purg. I, 23 y 37 que están figuradas por las cuatro estrellas de la Cruz del Sur, y son luminarias del celeste reino, y servidoras de la divina sabiduría. Sin estas virtudes es imposible lograr la visión intelectual verdadera. 109. Los ojos de la sabiduría son rayos de luz, fulgor. Si las virtudes cardinales son servidoras que conducen a la sapiencia, las tres teologales - fe esperanza caridad - son las que permiten sumergirse en ella. XXXI, 112-126. Las sagradas ninfas llevan a Dante ante los ojos esmeraldinos de Beatriz. Se dijo en Purg. XXIX, 31 y 67 que la cubría un verde manto y, por sobre el velo blanco de Minerva, estaba coronada de olivo. Ahora se añade el verdor de sus ojos de donde surgen la flechas que antes traspasaron su corazón. La canción de la Vita Nuova, XIX, en alabanza de Beatriz decía:
Color de perlas tiene de la manera 118. Mientras Dante calva la vista en la muy luminosa Beatriz, ella tiene sus lucientes ojos puestos sobre el doble grifo, el cual entabla con ella un mudo intercambio de luces y reflejos, ya con su esencia humana ya con su esencia divina. 124. Nos invita Dante a considerar la maravilla del grifo, la cosa en si, porque el grifo es la naturaleza dual, que se transforma, trasmuta, en su imagen representado por la sabiduría que lo contiene, que también tiene capacidad y realidad dual. Dante usa la palabra ídolo que vertimos por reflejo, término que, en el pensamiento filosófico medieval, tiene más afinidad con idea, pero no en el sentido conceptual, sino en el sentido platónico de realidad ideal. XXXI, 127-138. Las tres virtudes teologales son de un orden superior, de más alta tribu, solicitan a Beatriz que aparte sus ojos del grifo y vuelvan a Dante. Pero no sólo la vista solicitan, sino también su palabra, tu boca, que ya es la enseñanza formal. El sentido de mirada, saludo, boca y palabra en Beatriz, la divina sabiduría, requiere una investigación mayor que la que aquí nos toca realizar. Son casi términos técnicos con los que Dante manifiesta y oculta el arte de adquirir la sabiduría, pues como dirá en El Banquete son como balcones del alma interior por donde se manifiesta. ...Y como en el rostro el alma obra principalmente en dos lugares - porque en esos dos lugares todas las tres naturalezas del hombre tienen jurisdicción - es decir en los ojos y en la boca, a ellos los adorna más que al resto, y allí pone toda su virtud para hacerlos bellos cuanto puede. ... Los cuales dos lugares, con una hermosa expresión, se pueden llamar balcones de la dama que en el edificio del cuerpo habita, es decir el alma... Banq. III, VIII, 8. ... como por mujer se logra más expresión que por hombre, digo lo que de ella se sentirá, diciendo lo que obrará su hablar... Porque su palabra, por su dulzura y elevación, engendra en la mente de quien la oye un pensamiento de amor, que yo llamo espíritu celestial, porque su principio es de arriba y de arriba viene su significado... Banq. III, VII. XXXI, 139-145. Dante prosigue identificando a Beatriz con la sabiduría increada, como lo hizo ya en Purg. XXX, 10 y nota. La luz ilumina y trasmite calor, pero también brilla con bello resplandor que es como su gloria, y por eso aquí Dante penetrado de admiración exclama ¡Oh esplendor, Oh gloria y majestad de la eterna luz viviente! No podía mejor Dante dejar en claro el significado que adjudica a Beatriz. [La
Sabiduría} es un soplo de la potencia divina,
Como es única, todo lo puede, 140. Beatriz se ha mostrado ahora en toda su plenitud y sin ya más ningún ocultamiento, en plena concordia con los círculos celestes.. Como el inmenso poeta que es, ante tanta revelación, estima que su numen no alcanza para relatar tanta gloria, en un exceso mental, excessus mentis, su alma queda confusa y temblorosa, no de temor, sino de reverencia. |