| Notas y comentarios a la Divina Comedia. Purgatorio CANTO XXXII |
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Resumen. XXXII, 1-18. Diez años, desde el ascenso al cielo de Beatriz (VN, XXVIII) estuvo sediento Dante de aquel rostro del que ahora no alcanzaba a saciarse, Así
pues Beatriz está en el alto cielo, y, absorto en la visión de su amada que lo atrae inexorablemente, extingue el obrar de sus otros sentidos, hasta que se requiere que las virtudes lo reclamen. 10. Así como al apartar la mirada del Sol uno queda como ciego, así Dante de la sabiduría increada. 13. Recuperada la visión, retorna a mirar lo que es menos luminoso que lo que estaba mirando, a poco, es decir al resto de la procesión, que ahora, de venir hacia la izquierda, vira a la derecho, hacia el Sol y hacia los siete candelabros. XXXII, 18-30. El ejemplo de la falange de soldados que a seguro de las flechas, bajo la protección de los escudos, retorna a su abrigo sin haber completado su maniobra, nos introduce al aspecto combativo de la celeste milicia, anuncio del feroz relato que se avecina. El ejército de los ancianos que preceden al grifo encabeza este nuevo desfile. Las virtudes vuelven a su puesto junto a las ruedas, las cardinales a la izquierda, las teologales a la derecha, mientras el grifo rompe la marcha, firme y suavemente, sin agitar siquiera las plumas de sus alas, en signo de una paz que es señal de su poderío. 28. Matilde, que lo llevó a cruzar el río, con Estacio y Dante, se acomodan junto a la rueda derecha, la de las virtudes teologales, ya que habiendo girado a la derecha, esta es la rueda que dio menos vueltas. XXXII, 31-46. alta selva, selva profunda y sagrada. Los primeros padres, sometidos a las palabras de la serpiente, fueron expulsados del Edén que quedó vacío de gente. 33. La procesión marcha al ritmo que le marcan los ángeles con su melodía. 34. Avanzado un poco el carro, la gran Beatriz sale de él y un murmullo general exclama Adán! causa con Eva del despojo del árbol. Misterioso árbol del bien y del mal, de la justicia, que no nos es lícito investigar, porque así como ignoramos qué es el alma y cuáles son los principios del mundo, de la vida y de las tiempos, tampoco nos ha sido concedido develar el misterio de la distribución y de la causa del bien y del mal, temas que tanto han desvelado a filósofos y teólogos, y los ha llevado a contiendas vanas. Quien tal pretenda acabará confundido, ante la presencia simultánea de la libertad y el destino. Como justicia, como orden trascendental del universo, como premio o castigo necesarios e inevitables de nuestros actos, en fin como la vida misma del espíritu, el árbol es una dilatada inmensidad que se extiende hacia arriba fuera del alcance de los que quisieran herirlo. Eternamente permanece, y el sagrado Grifo conoce y respeta su integridad. Árbol que sufrió de la mano del hombre, reverdeció con la venida del Cristo, y que volverá a ser despojado por la estulticia de emperadores y papas. XXXII, 46-69. El Grifo, el animal binado, explica su respeto por el árbol pues contiene la semilla que, plantada en el corazón de los que lo aman, germina en verde fronda de justicia. 49. Como la antes populosa ciudad quedó viuda de gentes por la devastación de sus enemigos, Lam. I, 1, así viudo es el árbol por la defección de la humanidad. Pero el Grifo ata al árbol la lanza del carro, hecha de la misma madera del árbol, y así el árbol reverdece. Otros interpretan que ata la lanza con una rama del mismo árbol. La lanza también es interpretada como la madera de la cruz de Jesús, que la leyenda decía había sido extraída de este árbol. Otros ven en la lanza a la Santa Sede. La simbología del carro, es interpretada diversamente por los comentadores, sea que ven en él a la Iglesia o al Imperio romanos, sea que, expandiendo el sentido, veamos en él la reunión de los justos liderada por el Cristo universal, el logos divino. Tan amplia semiología haría las delicias de Dante que se propuso la polisemia, la pluralidad de sentidos, el dulce nuevo estilo de componer. El lector sabrá embargar su alma de tan amplios horizontes, al observar las catástrofes y los triunfos del árbol y del Grifo. 52. Cuando el Sol, la gran luz, brilla junto con las estrellas del signo de Aries que lucen detrás de Piscis, detrás de los celestes peces, es primavera y toda la naturaleza, especialmente la vegetal, se renueva y expande, así también lo hace el árbol al encuentro con la lanza del carro. 58. La planta reverdece con colores menos vivos que los de la rosa pero más intensos que los de la violeta: ¿será este color aquel sanguíneo con que Dante vio a Beatriz en la Vita Nuova, I? Rojo y violeta colores de las festividades eclesiásticas bien conocidos entonces, tanto de gloria como de la pena del viernes santo. 61. Se afirman ahora dos cosas: que el canto que entona la multitud celeste es superior a la comprensión racional, y que, a pesar del absorbente interés de la vista, Dante cae dormido, agotado de emociones. 64. Siringa, surigx, ninfa de los bosques que fue perseguida por los amores de Pan, que a punto de ser alcanzada se transformó en una caña a orillas del río Ladón. Como el viento hiciera sonar las cañas, Pan tuvo la idea de unir con cera varias cañas de variada longitud y formar así la flauta de Pan o Siringa. Con relato, más extenso, de las desventuras de Siringa, Hermes adormeció a Argos, el de los cien ojos, que vigilaba a Io por orden de Hera para impedir que Zeus se le aproximara. Hermes lo terminó de narcotizar con una rama de adormidera, y entonces le dio muerte. Hera compadecida, para inmortalizarlo, trasladó sus ojos al plumaje del ave que le estaba consagrada, el pavo real. XXXII, 70-108. Sin relatarnos su sueño, Dante se despierta al requerimiento de Matilde. 73. La similitud que sigue proviene de los evangelios sinópticos, del relato de la transfiguración de Cristo: ...Jesús tomó con él a Pedro, Santiago y Juan su hermano, y se apartó con ellos en una montaña. Y se transfiguró ante sus ojos: resplandecía su rostro como el Sol, y sus vestidos se pusieron resplandecientes como la luz. Y entonces aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, que bien que estamos aquí; si quieres haré tres tiendas, una para ti, una para Moisés y una para Elías. En tanto que hablaba, una luminosa nube los tomó bajo su sombra, y una voz saliendo de la nube decía: Este es mi hijo bien amado, que goza de todo mi favor: escuchadle. Al oír la voz los discípulos cayeron sobre sus rostros, espantados. Pero Jesús se les aproximó, los tocó y les dijo: Levantaos y no tengáis temor. Y ellos alzaron la vista y no vieron a nadie sino a él, Jesús, solo. Mat. XVII, 1-8. Los discípulos vieron una muestra previa, las florecillas, de la gloria, el fruto, de Jesús, el manzano, gloria que los ángeles codician y se festeja en el cielo. De ella regresaron vencidos por el cansancio y a la voz de Jesús, pero ya la escena se había desvanecido, y el aspecto del maestro, estola, estaba cambiado. De igual manera salió Dante de su sueño al reclamo de Matilde, y temiendo haber sido abandonado, pregunta por Beatriz. 88. A Beatriz la circundan los que preceden y los que, de la procesión, siguen al Grifo. 97. Más específicamente, a Beatriz las rodean las siete virtudes cardinales y teologales, como las vírgenes prudentes, tienen en sus manos cirios encendidos que están a salvo de toda tempestad de vientos. 100. Dante estará poco tiempo en el Edén, mas luego estará eternamente, con la sabiduría increada en el Paraíso, en aquel dominio, aquella Roma, que es el reino de Cristo. 103. A beneficio del perdido mundo, Beatriz ordena a Dante que atienda a la profecía que vendrá y que la escriba. XXXII, 109-160. Historia de la decadencia de la Iglesia de Roma. Damos a continuación la atribución literaria de los símbolos como tradicionalmente se los interpreta, con leves diferencias entre los distintos comentadores. 109-117. Con mayor velocidad que el rayo que cae de los confines de la atmósfera, es decir de la esfera de fuego, descendió el ave de Júpiter, el águila, símbolo del poder imperial, sobre el árbol y sobre el carro de la Iglesia. La imagen viene de Ezequiel, XVII, 3-11, donde se refiere al rey Sedecías puesto sobre el trono de Jerusalén por Nabucodonosor en el año 597 a. C.
El gran águila, de grandes alas, De esta profecía de Ezequiel, que luego es explicada en Ez. XVII,19-21, retenemos la imagen del ave imperial y de que las ramas del árbol simbolizan el pueblo de Israel. En el caso de Dante, se alude al furor con que los emperadores gentiles persiguieron a las virtudes cristianas, flores y hojas nuevas, destrozando hasta los cuerpos, cortezas, de los creyentes. E hirieron el carro, la Iglesia y sus miembros, llevándola a situación de zozobra como barco en medio de una tempestad. 118-123. Luego vino el cismático Novaciano, una zorra, con sus secuaces e intentó usurpar el pontificado fraudulentamente. Privado de la sana doctrina, de todo buen pasto ayuna, fue refutado por la sabiduría, representada por el concilio de Roma que condenó sus errores. Otros comentaristas hablan de las primera herejías nicolaitas, sabelianos, arrianos, etc. refutados por la sapiencia increada que guía a la Iglesia. 124-129. Alude a la donación de patrimonio que el emperador Constantino hizo a la Iglesia, que el Poeta compara con las plumas, porque estas son vanas como los bienes terrenales. En realidad el Imperio cedió a la Iglesia parte del poder temporal. Pero desde la segunda mitad del siglo VIII, en un falso documento, Donatio Constantini, corría la leyenda de que Constantino había enriquecido a la Iglesia. Dante la cree verdadera e impugna la donación, porque el emperador no debía fraccionar la unidad del Imperio ni la Iglesia aceptar tales riquezas, de acuerdo a la prohibición evangélica: ...No os procuréis ni oro ni plata, ni llevéis calderilla en vuestra cintura, ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni calzados, ni bastón: porque el obrero merece su alimento. Mat. X, 9-10. 129. La voz de Pedro resuena lamentando que su nave esté embarcada con tan corruptas riquezas. 130-141. El dragón simboliza al cismático Focio, patriarca de Constantinopla que originó la separación de la iglesia griega, por lo que se dice que se llevó parte del fondo del carro. La avispa también, luego de hincar su aguijón, lo retira dejando su veneno. Lo que quedó, es decir el resto de la Iglesia, la parte romana, se cubrió instantáneamente de plumas, es decir de las riquezas, tal vez donadas por Constantino con buena intención, pero de consecuencias nefastas, porque inundaron todo el carro, corrompiendo las ruedas de las virtudes y la lanza papal de la conducción. La imagen de la rapidez de la corruptela la da el suspiro, y la ambición de riquezas la insinúa la boca abierta, dispuesta a tragar sin límites. 142-147. Transformada así la Iglesia, también se invierten sus siete virtudes en siete vicios capitales, cabezas: tres, soberbia, ira y avaricia, que, por ser nocivas al vicioso y al prójimo tienen dos cuernos, mientras que envidia, pereza, gula y lujuria, que solo afectan al pecador, tienen un sólo cuerno. Jamás tal podredumbre se había visto en el santuario. ... Ven que te mostraré el juicio de la famosa Prostituta, sentada a la orilla de las grandes aguas, con ella fornicaron los grandes reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se emborracharon del vino de su prostitución. [El Ángel] me transportó entonces en espíritu al desierto. Y vi una mujer, sentada sobre una bestia escarlata, cubierta de títulos de blasfemia, y teniendo siete cabezas y diez cuernos. Apoc. XVII, 1-3. 148-160. La prostituta sentada sobre el carro es, en términos generales, la corte romana que venía, en aquellos tiempos, prostituyéndose con los reyes. Pero en particular se refiere a los pontífices Bonifacio VIII y Clemente V. El gigante representa la casa real de Francia y, especialmente, a Felipe el Hermoso, que, cuando sospechó que el Papa podría favorecer a sus enemigos los Gibelinos, la flageló de la cabeza hasta las plantas, prendiendo y aprisionando al Papa en Anagni, y después trasladando la corte pontificia a Aviñón en tiempos de Clemente V, 1305. Época también de la destrucción y rapiña que rey y Papa hicieron de la Orden del Temple, una de las garantías de orden de entonces, y de la devastación del sur de Francia, el país de Oc, país de los reyes y trovadores poetas provenzales, al que asolaron y despojaron, con excusa de herejía. 153. se besaban. La Casa de Francia tuvo muchas veces apoyo de los Papas, con CarlosI y Carlos II de Anjou y con Carlos de Valois, que descendió a Italia, llamado para pacificar a Florencia, lo que sólo incrementó las violencias políticas. 156. desató al monstruo. Se interpreta también este verso por el traslado, arrastrándola, de la Iglesia a Aviñón. La selva fue como un escudo para los ojos de Dante ante tanta miseria y escarnio de la Iglesia. Y el relato, mitad histórico y mitad profético, que se supone que se relata en 1300, termina con este desvanecerse en la selva de dos personajes siniestros que están en el preciso momento que se inicia un cambio radical de la historia. |