CAPÍTULO
XVIII.
No sin razón decoramos a este vulgar ilustre con un segundo epíteto,
diciéndolo cardinal. Pues así como toda la puerta obedece
a la bisagra o cárdine , de modo que hacia donde se vuelve la bisagra
hacia allí lo hace la puerta, sea que se mueva para abrir o para
cerrar; así también la total grey de los vulgares municipales
cambian y se recambian, se mueven y se aquietan conforme como éste,
como verdadero patriarca, lo hace. ¿Acoso no extirpa día
a día las zarzas de la itálica selva? ¿Acaso no implanta
día a día nuevos esquejes y nuevas plantas? ¿En qué
otra cosa se esfuerzan sus cultivadores sino en sacar y poner, como se
ha dicho? En consecuencia bien merece ser decorado con tan gran expresión.
La razón por la que lo llamamos áulico es porque si los
Italianos tuviéramos una corte palaciega sería cortesano.
Porque si la corte es la morada común de todo el reino y el augusto
gobernante de todas las partes del reino, a fin de ser común a
todos y no propia de ninguno, es necesario que en ella se converse familiarmente
y allí habite, y no haya otra morada más digna para el habitante:
y esto parece ser lo que estamos diciendo de este vulgar. Y de aquí
proviene que quienes se expresan en todos los reales lo hacen en este
vulgar ilustre; por ello también sucede que nuestro ilustre como
forastero peregrine y se hospede en humildes albergues, pues estamos faltos
de corte.
También merecidamente lo llamamos curial porque curialidad no es
otra cosa que la regla ponderada de las cosas que hacer se deben, y porque
la balanza de este ponderar suele hallarse solamente en las excelentísimas
curias, de ahí que a todo lo que en nuestros actos es ponderado
se lo llama curial. Por donde como este que en la insigne curia de los
Italianos se lo pondera, merecidamente se lo llama curial.Decir curial
equivale a racional, pero en la más alta acepción. [La
curia - la corte - es el lugar donde actúa la mente del Estado,
que regula - debida legislación mediante - la conducta del pueblo].
Pero pudiera ser frivolidad decir que se lo pondera en la excelentísima
curia de los Italianos, cuando carecemos de curia. A lo que fácilmente
se responde. Pues curia, en cuanto considerada como única y una
sola, como la curia del rey de Alamania, no exista en Italia, sin embargo
no faltan sus miembros, y como los miembros se aúnan con un solo
Príncipe, así los miembros de éste están unidos
a la benéfica luz de la razón. Por donde es falso decir
que los Italianos carecen de curia, aunque carezcamos de Príncipe,
porque tenemos curia, aunque físicamente esté dispersa.
CAPÍTULO XIX.
A este vulgar, del que se ha mostrado que es ilustre, cardinal, áulico
y curial, decimos que se lo llama italiano. Pues así como puede
reconocerse un vulgar propio de Cremona, y también uno propio de
Lombardía; así puede hallarse uno propio de todo el lado
izquierdo de Italia, y así como pueden reconocerse todas estos
vulgares así también puede hallarse uno que sea de toda
Italia. Y así como uno se dice cremonés, y el otro lombardo
y el tercero de media Italia, el que pertenece a toda Italia se llama
italiano. De este han hecho uso doctores ilustres que han poetizado en
lengua vulgar en Italia, como los Sicilianos, los Puglieses, los Toscanos,
los Romañoles, los Lombardos y los de ambas Marcas .
Y porque, como prometimos al principio de esta obra, nuestro propósito
es enseñar la doctrina de la elocuencia vulgar, comenzando por
aquel excelentísimo trataremos en los libros siguientes de quienes
pensamos que son dignos de usarlo, y porqué, y cómo, y dónde
también y cuándo, y para quienes está dirigido. Declaradas
estas cosas, nos ocuparemos de ilustrar las hablas vulgares inferiores,
gradualmente descendiendo hasta aquel que es propio de una sola familia.
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