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Al
Proscrito pistoiense (1), del injustamente Exilado florentino, por muchos
años salud y ardor perpetuo de caridad.
Tu ardiente amor ha inflamado conceptos de extrema confianza en mi, amadísimo mío, para que me consultes sobre nuestra alma si puede mudarse de una pasión a otra: me refiero de una pasión a otra hablando de la misma facultad, pero de diversos objetos dentro de la misma especie. Y aunque la respuesta con mejor justicia se oiría de tus labios, sin embargo quisiste que yo lo hiciera, a fin de que al esclarecer tan intrincada cuestión, mi nombre viniera a ser más honrado por ti. Este tema pues, por cuánto me consuele, y por cuán estimado y grato sea para mi, sin embargo es imposible expresarlo en palabras sin implicar una importuna pérdida del sentido; por donde admitido el motivo de mi reticencia, tu habrás de imaginar lo que no puede expresarse. Pues bien, aquí abajo te envío una poesía, de expresión sentenciosa, aunque bajo las figuras del estilo poético, que dice de un amor que puede enfriarse y por tanto morir, y también que se rehace en el alma, porque la corrupción de uno es el nacer de otro. Y que es así, aunque ya la experiencia lo demuestra, puede probarse por la razón y por la autoridad. Toda facultad que no perece al perecer su acto, se manifiesta naturalmente en otro: por donde, las facultades sensitivas, no habiendo sido destruido el órgano, no perecen por cesar en un acto, sino que naturalmente pasan a otro. Por donde, como la facultad concupiscible, que es la sede del amor, es una potencia sensitiva, es evidente que una vez terminada una pasión por la cual actúa, se pasa a otra. La prueba de la mayor y de la menor de este silogismo, cuyo sentido es patentísimo, la dejo en manos de tu diligencia. Por autoridad se prueba por Nasón (2), en el libro cuarto de De Rerum Transformationem (3), donde considera directamente y hasta literalmente este tema, lo que vale la pena considerar, a saber, allí donde el autor, al proponer la fábula, la de las tres hermanas despreciadoras de la semilla de Semele (4), dirigiéndose al Sol, quien, abandonando y descuidando las ninfas de las que antes se había aficionado, se dedicó a amar a Leucótoe, exclama "Quid nunc, Yperione nate" y lo que sigue. Ahora, hermano amadísimo, te exhorto a la prudencia, que seas paciente con la espiga de Rhamnusia (5). Relee nuevamente Fortuitorum Remedia (6) , del más ínclito de los filósofos, Séneca, que nos la dio como un padre a sus hijos, y que no caiga de tu saludable memoria aquello de "Si del mundo fuerais, el mundo amaría lo que es suyo". La poesía enviada por Dante es este soneto Yo he estado con Amor junto
desde la circulación de mi Sol novena, (7) y se cómo él refrena y cómo hiere, y cómo, bajo él, se ríe y llora. Mas en el cerco de su palestra libre arbitrio nunca fue franco, (8) así el consejo en vano se apena. (9) Bien puede con nuevas saetas punzar el flanco, y sea cual sea el placer que ora te ofrezca seguirlo te conviene, si el otro está exhausto (10). |