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XXV Para aclarar estas cosas, como es conveniente al presente, primero hay que entender que antiguamente no había decidores de amor en lengua vulgar, pero había ciertos poetas decidores de amor en lengua latina; entre nosotros, aunque tal vez entre otras gentes haya ocurrido y ocurra todavía, como en Grecia, que estas cosas la trataban no los poetas vulgares sino los letrados. Y no pasaron muchos años antes que aparecieran por primera vez estos poetas vulgares; que decir por rima en vulgar es tanto como decir por verso en latín, de acuerdo a una cierta proporción. Y señal que fue hace poco tiempo es que si quisiéramos buscar en lengua de oc y también en la de si (2), no encontraríamos que se hayan dicho cosas más allá de los últimos ciento cincuenta años. Y la razón de que algunos rudos tuvieron fama de que sabían decir, proviene de que fueron casi los primeros que dijeron en lengua de si. Y el primero que comenzó a decir como poeta vulgar, se movió a ello porque quiso dirigir sus palabras a una dama, para quien era difícil entender los versos latinos. Y ésto es contra aquellos que riman sobre otra materia que no sea la amorosa, porque resulta que dicho modo de hablar fue hallado desde el principio para decir de amor. Por donde como sea que a los poetas se conceda mayor licencia de hablar que a los decidores en prosa, y que estos decidores en rima no son sino los poetas vulgares, digno y racional es que les sea concedida una mayor licencia de hablar que a los otros habladores vulgares; por donde, si alguna figura o color retórico se concede a los poetas, está concedido también a los rimadores. Ahora bien, si vemos que los poetas han hablado a las cosas inanimadas como si tuvieran sentido y razón, y las han hecho hablar entre sí; y no solamente cosas verdaderas, sino cosas no verdaderas, es decir que han dicho de cosas que no existen que hablaban, como si fueran substancias y hombres; digno es el decidor de rima de hacer lo semejante, pero no sin razón alguna, sino con razón, la cual luego sea posible abrir en prosa (3). Que hayan hablado así como se ha dicho los poetas, se ve por Virgilio que dice que Juno, es decir una diosa enemiga de los Troyanos, habló a Eolo, señor de los vientos, allí en el primero de la Eneida (4): Aeole, namque tibi, y que este señor le respondió aquí: Tuus, o regina, quid optes explorare labor; mihi iussa capessere fas est. Por este mismo poeta habla la cosa que no está animada a las cosas animadas, en el tercero de la Eneida allí: Dardanidae duri. Por Lucano habla la cosa animada a la inanimada, allí: Multum, Roma, tamen, debes civilibus armis . Por Horacio habla el hombre a su ciencia misma como si fuera una otra persona; y no solamente son palabras de Horacio, pero las dice casi como recitando a la manera del buen Homero, allí en su Poetria: Dic mihi, Musa, virum.. Por Ovidio habla Amor como si fuera una persona humana, en el comienzo del libro que tiene por nombre Libro de Remedio de Amor, allí : Bella mihi, video, bella parantur, ait. Y por ésto puede quedar demostrado a quien duda de alguna parte de éste mi libro. Y para que no ose tener algún atrevimiento persona ninguna ruda, digo que ni los poetas hablaban así sin razón, ni los que riman deben hablar así si no tienen algún razonamiento en sí mismos de aquello que dicen; porque gran vergüenza sería para quien rimando cosas bajo vestimenta de figura o de color retórico no podría después, preguntado, saber desnudar sus palabras de tales vestidos, con el fin de que se lograra un veraz entendimiento. Y aquel mi primer amigo y yo sabemos mucho de esos que riman así estúpidamente. |