Indice de los tratados

En el tratado llamado "Asclepio" , es decir Esculapio para los latinos, Hermes se reúne con Asclepio y Tat para departir una conversación divina, durante la cual trata de muy diversos asuntos iniciáticos y de religión. En el capítulo 24 se interrumpe el discurso filosófico para dar lugar al siguiente texto, en el que Hermes, adoptando un tono profético, describe las postrimerías del mundo, texto que se ha dado en llamar "La pequeña Apocalipsis ", tal vez por la brevedad del texto, como por lo abrupto de su irrupción en la corriente del relato.

De cualquier manera es una pieza magnífica que testimonia de la admiración y del respeto que inspiraba la religiosidad del Egipto antiguo, así como también, de la percepción del autor sobre el destino de su país y de su culto, de cosas que habrían de ocurrir varios siglos después, y hasta con resonancias que aún hoy nos parecen tocar de cerca nuestra propia existencia y sobrecogen nuestro espíritu.

Aquí, pues, el fragmento del Asclepio:

¿La Bondad Suma es una Decisión, Trismegisto?

La voluntad, Asclepio, nace de la decisión, y el mismo querer nace de la voluntad. Porque Aquel, que es la plenitud de todas las cosas y que quiere todo lo que tiene, no quiere nada impensadamente. Entonces, todas las cosas buenas que existen, las considera y las quiere, porque así es el Dios, y bueno es el Mundo, imágen suya, imágen del Bueno.

¿Bueno, Trismegisto?

Sí, Asclepio, y te lo mostraré. Pues de la misma manera como a todas las especies o géneros que hay en el Mundo, el Dios dispensa y distribuye sus bienes, es decir, la mente, el alma y la vida, de igual forma el Mundo provee y participa todas las cosas que los mortales juzgan buenas, esto es, la sucesión de los nacimientos en el tiempo, la producción, crecimiento y maduración de los frutos y demás cosas similares.

Por este motivo, el Dios, situado más allá del vértice del supremo Cielo, está en todas partes y extiende sus miradas sobre todas las cosas en derredor. Porque hay un lugar, más allá del Cielo, lugar sin estrellas y apartado de todas las cosas corporales.

Hay otro Dispensador que está entre el Cielo y la Tierra, al que llamamos Júpiter. En cuanto a la tierra y el mar, están bajo el dominio de Júpiter Plutonio que nutre a los seres vivos mortales y a los que producen fruto. Son las energías de todos ellos las que otorgan la subsistencia a la tierra, los frutos y los árboles.

Pero hay otros dioses cuyas energías y operaciones se distribuyen en todo lo que existe. Serán pues distribuídos estos que dominan la tierra, y serán colocados en en límite extremo de Egipto, escondido hacia el ocaso, a donde acudirá, por tierra y por mar, toda la mortal raza.

Pero dime, Trismegisto, ¿dónde están ahora estos dioses?

Están instalados en una ciudad muy grande, en una montáña de Libia. Pero por ahora, baste sobre el tema.