|
||||||
|
1 Corresponde ahora, ¡hijo mío!, enseñarte, por un lado de qué manera el alma es inmortal, y por otro cuál es la energía que dispone y disuelve el cuerpo. Porque la muerte no tiene nada que ver con estas cosas: es un concepto elaborado sobre el término "inmortalidad", sea por vaciamiento, sea por privación del prefijo negativo "in", al decir mortal por inmortal. Porque la muerte es una destrucción, pero en el mundo nada se destruye. Dado que el mundo es el segundo dios y el viviente inmortal, es imposible que alguna parte del viviente inmortal venga a morir. Ahora bien, todas las cosas que están en el mundo son partes del mundo, y mucho más el hombre, el viviente racional.
2
Porque primero, antes de todos los seres, está Dios, eterno,
no nacido, Creador de la Totalidad. En segundo lugar viene aquel que
ha sido engendrado por El, su imagen, por El conservado y alimentado
y dotado de inmortalidad, y que, como procedente de un padre eterno,
vive siempre y es inmortal. Porque "vivir siempre" difiere
de "eterno": porque lo eterno no fue engendrado por otro,
y si fue engendrado lo fue por sí mismo. Nunca fue engendrado,
pero siempre engendra lo que es eterno. El Todo no es eterno, pero
el Padre mismo del Todo sí. El mundo fue engendrado inmortal
por el Padre 3 y todo lo que tenía materia quedó bajo
su dominio.
El
Padre creó el Todo como un cuerpo, y al darle volumen lo hizo
a semejanza de una esfera, y le concedió este atributo de la
inmortalidad, siendo la misma materia inmortal, poseedora eternamente
de la inmortalidad.
Más
aún, el Padre, diseminando la variedad de las especies en la
esfera, allí las encerró como en un antro, pues quería
otorgar la belleza de su propia abundancia en forma de una diversidad
completa.
En
torno de todo el Cuerpo puso a la inmortalidad, de manera que aún
si la materia quisiera abandonar la disposición del Cuerpo,
no pudiera disolverse en la desorganización a la cual tiende
por naturaleza. Porque la materia, hijito, era desorganización
cuando todavía no estaba conformada en cuerpos. Y sin embargo,
aquí abajo, conserva aún un desorden restringido a las
otras variedades menores: la facultad de aumentar, y la de disminuir
que los hombres llaman muerte.
4
Pues el desorden ocurre con respecto a los vivientes terrestres: los
cuerpos del Cielo, en cambio, poseen un orden propio, que les fue
asignado por el Padre desde el principio, orden que se conserva sin
disolución por el retorno de cada uno a su punto de partida.
El retorno al origen de los cuerpos terrestres es la disposición
de la disolución, es decir, la disolución es un retorno
a los cuerpos indisolubles, a saber, los inmortales. Y es así
como se produce pérdida del sentido, pero nunca destrucción
de los cuerpos.
5
El tercer Viviente es el Hombre, engendrado a imagen del Mundo, único,
de acuerdo a la voluntad del Padre, de todos los vivientes terrestres,
a poseer la inteligencia, y que así no sólo está
unido al segundo dios por similitud y concordancia, sino también
al primero, por recibir de El la inteligencia. Por éso a aquél
lo percibe como cuerpo por los sentidos, a éste lo acoge por
la inteligencia, aprehendiéndolo como Incorporal y inteligencia,
el Bien.
-
Entonces este Viviente ¿no se destruye?
-
Corrígete, hijito, y entiende qué es dios, qué
es mundo, qué es viviente inmortal, qué es viviente
disoluble, y comprende que el Mundo ha sido hecho por el Dios y en
el Dios, el Hombre por el Mundo y en el Mundo, siendo el Dios principio
y envoltura y disposición de todas las cosas.
|