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PRÓDICOS
FRAGMENTO DE "LAS HORAS Y LAS ESTACIONES" TRASMITIDO POR JENOFONTE. |
| En un tratado sobre Hércules ya publicado, el sabio Pródico se ocupa además de la virtud. Siguen sus palabras como aproximadamente las recuerdo. Se dice que Hércules, a penas salido de la infancia y entrado en la pubertad, se estaba quieto, indeciso sobre el camino a elegir. Es la edad en la que los jóvenes, no dependiendo ya más que de ellos mismos, muestran el camino que tomará su vida, el de la virtud o el del vicio. Salieron entonces
a su encuentro dos mujeres adultas. Habiéndose ambas acercado a Hércules, la primera se le aproximó, pero la otra, deseosa de ser la primera, corrió hacia el joven y le habló en estos términos: "Te veo, Hércules, indeciso del camino a tomar en la vida. Si haces de mi tu amiga, te conduciré por el camino más agradable y más cómodo, y nunca te faltará placer alguno, ni tu vida conocerá ninguna dificultad. En primer lugar, en vez de atender a la guerra y los negocios, no te ocuparás sino de elegir los manjares y los vinos que te resulten más agradables, de escoger los medios que más contribuyan al deleite de tus ojos, tus oídos, tu olfato y tu tacto, de escoger los muchachitos cuya relación te encante más, el lecho que sea más blando para tus sueños, en fin todos los medios para alcanzar una felicidad sin sombras. Si te inquietara la necesidad del dinero indispensable para hacer frente a estos gastos, no temas que hayas de lograrlo al precio de fatigas y dolores del cuerpo y del alma; antes, gozarás del fruto de los trabajos de otros, no privándote de nada de lo que pudieras sacar provecho. Gracias a mis relaciones, te conseguiré que puedas fácilmente obtener ventajas de todo tipo". Hércules entonces le dijo: "Mujer, ¿cómo te llamas?". Y ella dijo: "Mis amigos me llaman Felicidad, pero mis enemigos, para denigrarme, me llaman Vicio". En el ínterin,
se acercó la otra y le dijo: Entonces el Vicio
retomando el diálogo le replicó, según Pródico: Y la Virtud le
replicó: ¿Quién puede confiar en ti? ¿Quién te socorrería en tus necesidades? ¿Quién osaría cortejarte, si tus cortesanos, en su juventud son débiles, y en la vejez desvarían y pierden la sensatez? Estos adolescentes, en la flor de la edad, han sido educados sin conocer el esfuerzo; debilitados llegan con sufrimiento a la vejez; avergonzados de sí mismos, abrumados por la conciencia de lo que hubieran debido hacer, su juventud vuela de placer en placer, y su vejez no se ocupa de otra cosa que de apartar las molestias de la edad. Yo soy la que aconseja
a los dioses y a las gentes de bien; ninguna hazaña de dioses o de hombres
sería posible sin mi apoyo. Soy la más honrada entre los dioses y entre
los hombres buenos de válidos elogios. Soy estimada socia de artesanos
y artistas, fiel guardiana del hogar para los padres, auxiliar bienvenida
de los servidores, buena colaboradora en el ejercicio de la paz, sólida
aliada en las fatigas de la guerra, la mejor compañera de la amistad.
Los jóvenes disfrutan de los elogios de los mayores, y los ancianos se complacen de las muestras de respeto de los jóvenes, y se recuerdan con satisfacción de su vida pasada, y aún al presente gozan del encanto de sus acciones. Gracias a mí, estos virtuosos son amados de los dioses, estimados de sus amigos, considerados por sus compatriotas. Y finalmente, llegada la hora fatal de la muerte, no bajan a la tumba olvidados y sin honor, sino que celebrados en himnos vive su memoria en los siglos futuros. ¡Oh Hércules, hijo de padres excelentes! Tal es la vida por la cual, tomándote todo el trabajo necesario, te será concedido alcanzar la felicidad suprema". Pródico prosiguió en estos términos el relato de la educación de Hércules por la Virtud, bien que sabía también adornar sus palabras con expresiones más excelentes que las mías.
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