NOTAS A "LAS HORAS Y LAS ESTACIONES" DE PRODICO

Pródicos, ciudadano de la ciudad de Iulis en la isla de Ceos, célebre por la pureza de sus costumbres y patria de poetas, nació entre el 460/5 a. C., coetáneo de Sócrates. Sofista que enseñaba por precio la prosodia y el estilo, fue el mejor entre los sofistas a juicio de Platón, al que consideraba el menos dañino.

Famosas fueron sus enseñanzas sobre Hércules, y éste fragmento, que trasladamos ahora, le valió gran renombre en Atenas, así como otros trabajos sobre la juventud.

Pródico se nos muestra como un defensor de las costumbres antiguas, fiel a las costumbres y a la buena tradición de los habitantes de Ceos, su patria. Es uno de los sofistas que no fue conflictivo en su época, mas bien acompañó las ideas de sus contemporáneos, ideas comunes a todos los griegos de entonces.

Hércules ante la virtud y el vicio nos señala el momento decisivo de la juventud, cuando el adolescente, nacido a su libertad, debe elegir y elige el camino que va a seguir en la vida, la de un hombre de bien o la de un aprovechado gozador.

Esta situación corresponde a la carta VI del Tarot, el Enamorado, que nos muestra precisamente, a un joven entre ambas mujeres.

También se dice que el momento, simbólicamente, se atribuye a la letra i griega (Y), diseñada como un trazo que se abre en dos ramas.

Tal vez valga la pena notar que cuando la Virtud dice "Lo que hay de bueno y bello..." se refiere a una expresión habitual griega "kalós kai agathós", bello y bueno, con la cual señalaban la excelencia de alguna cosa. Los griegos nunca pudieron separar la Belleza de la Bondad, por donde toda maldad es para ellos fea, e recíprocamente todo lo Bello es Bueno y también Verdadero, intercambiándose estos términos entre sí.